Las lecciones que la ciencia debería aprender sobre el brote del coronavirus

Las lecciones que la ciencia debería aprender sobre el brote del coronavirus

Cualquiera que tenga el mínimo interés en el caso – no usemos términos como “alarma” o “crisis”, al menos de momento - del coronavirus chino se tiene que estar quedando impresionado con la dedicación de los científicos y la velocidad del conocimiento. Pero también con la cantidad de noticias que al día siguiente se corrigen, los debates que surgen, la incertidumbre y las diferentes aproximaciones entre equipos de expertos.

¿Y si te dijese que todo ello es bueno? ¿Que el tipo de ciencia, la manera de atacar el problema, que estamos viendo en directo – vía posts, infografía, Twitter… - es una gran noticia para la ciencia? Porque realmente lo es, y es una lección que se debería aprender.

Con respecto al coronavirus, la ciencia está haciendo un verdadero esfuerzo colaborativo. Algo que, por desgracia, no siempre es así. En muchas ocasiones los grupos de investigación trabajan de manera aislada, sacando adelante sus estudios y experimentos, y luego publicándolos.

Y hasta que no están publicados – que sobre esto hablaré un poco más abajo – el resto de sus compañeros, expertos en el mismo campo o en otros afines, no tienen conocimiento de los resultados. En cambio, con el coronavirus no está ocurriendo así.

Todos los equipos – alguna excepción habrá, imagino – están poniendo a disposición de la comunidad científica sus resultados tan pronto como los tienen disponibles. Comparten la información “en tiempo real”, dejando al margen intereses personales, por el interés de la ciencia.

Y aquí enlazamos con el tema de las publicaciones. Estamos viendo muchísimos artículos en forma de preprint, algo que ha ido creciendo poco a poco pero que ha estallado al hilo de la pneumonía de Wuhan. El caso es que los preprints son algo curioso.

Generalmente, los científicos publican en revistas especializadas que siguen lo que se conoce como sistema de revisión por pares o peer-reviewed. Explicar el proceso completo es largo y relativamente técnico, pero dicho de manera simple consiste en que tú ofreces tu artículo a una revista, el editor envía tu manuscrito a expertos en el campo, estos comprueban la validez y el interés de tu publicación, y tras un proceso de revisión – a menudo muy largo y tedioso – el artículo sale finalmente publicado.

Y para un científico, publicar es imprescindible. Una manera de medir la valía de un investigador es por la calidad y cantidad de sus artículos – un sistema que tiene muchos detractores, pero que es el que hay. Para conseguir financiación para tus experimentos, o una plaza en una universidad o centro de investigación se valoran tus publicaciones según unas métricas muy complejas.

Pero los preprints no siempre valen. De hecho, para la mayoría de instituciones o programas de financiación un preprint no sirve – es cierto que está cambiando, pero a día de hoy sigue siendo así. La cosa se complica si encima tenemos en cuenta que muchas revistas – o incluso congresos o reuniones científicas – no aceptan artículos que hayan salido antes como preprints. Es decir, que si sacas un preprint puedes perder la oportunidad de publicar más adelante en una fuente con más prestigio.

Y sin embargo, ante un tema tan trascendente como la aparición – en humanos – del nuevo coronavirus chino, los investigadores se han lanzado a esta versión colaborativo y open-source de la ciencia. Porque el conocimiento, en este caso, necesita avanzar tan rápido como sea posible, sin restricciones. Y sí, se cometen errores – por ejemplo, cuando se planteó que el virus se había contagiado desde serpientes – pero se discuten y resuelven las diferencias rápido.

Tal vez la Ciencia, todas las disciplinas, deberían aprender del caso del coronavirus y la aproximación de los expertos en la materia.

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