La lección que Nevenka da a España contando su historia en Netflix

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El caso de Nevenka Fernández, la concejala de Ponferrada que protagonizó el primer caso judicial de acoso sexual en el mundo de la política española, aterrizó en Netflix en forma de serie documental. Tres episodios reveladores donde Nevenka habla por primera vez en veinte años, retratando no solo su experiencia y el caso, sino también dejando en evidencia la cultura machista social y judicial que la llevó a cargar con la culpa y la vergüenza durante mucho tiempo de su vida.

Con Nevenka, la leonesa se planta de nuevo, quitándose los velos del pasado para coronarse como una precursora del movimiento #MeToo en España.

Nevenka Fernández contando su historia en la serie de Netflix (cortesía de Netflix)
Nevenka Fernández contando su historia en la serie de Netflix (cortesía de Netflix)

Viendo el fenómeno de las series limitadas y películas del género documental, podríamos prácticamente sentenciar que el género nunca ha removido tantas conciencias sociales como ahora. Solo hay que ver el fenómeno que ha provocado el documental Framing Britney Spears, no solo retratando la cosificación de su persona y la misoginia que la rodeó como figura pública, sino también contagiando una sensación de culpabilidad mediática por la persecución que vivió en los años más difíciles de su vida. O la serie de HBO, Allen v. Farrow, que está reabriendo el debate sobre la culpabilidad o no del director de Manhattan en el caso de los supuestos abusos sexuales que su hija Dylan sigue manteniendo haber sufrido de pequeña. Una serie que refleja el poder masculino en la industria de Hollywood, así como la influencia de un personaje a la hora de cambiar la narrativa a través de la anticuada retórica de la histeria femenina (él sigue negando las acusaciones y siempre ha señalado a Mia Farrow como culpable de una manipulación por venganza tras haberla dejado para estar con la hija adoptiva de la actriz).

Y ahora sumamos Nevenka, otra serie documental de cosecha española que ahonda en un caso que sacudió a la opinión pública hace 20 años y dividió al ayuntamiento de Ponferrada.

A sus 26 años, Nevenka Fernández denunció públicamente al alcalde Ismael Álvarez por acoso sexual. La joven había asumido el cargo de concejala de Hacienda en el año 1999 después de estudiar la licenciatura en economía y un master en Madrid. En Nevenka, ella misma cuenta cómo llegó al mundo de la política sin habérselo planteado nunca, cuando Carlos López Riesco e Ismael Álvarez le ofrecieron ser la número tres de la lista del Partido Popular de Ponferrada.

Era joven, guapa y muy preparada, sin embargo su inteligencia quedaba en segundo plano cuando se trataba de los rumores y la comidilla pueblerina. A través de testimonios de periodistas y otros políticos locales, conocemos cómo Nevenka era víctima del clásico slut-shaming cultural hacia la mujer, con habladurías que tachaban su belleza como la verdadera razón de su puesto o de mantener una relación extramatrimonial con el alcalde cuando todavía no había pasado nada entre ellos.

Sin embargo, en menos de un año, ese alcalde al que ella admiraba comenzó a hacer insinuaciones y acercamientos, planificando situaciones específicas que la obligaban a estar a solas con él. Como una boda a la que iba a ir todo el equipo para luego toparse con que solo iban ellos dos y que el alcalde solo había reservado una habitación “por cuestiones de presupuesto” del ayuntamiento. La joven se vio forzada a compartir habitación con él, quedándose petrificada del terror al oír cómo se masturbaba.

A pesar de la negativa de Nevenka, Ismael Álvarez la acosó a través de llamadas constantes, cartas y degradación laboral ante sus compañeros llevándola a pasar tanta humillación y miedo que tuvo que pedir la baja laboral por depresión.

Nevenka cuenta que pasaba terror cada vez que oía su voz, que su familia intentó sacarla del ayuntamiento pero se toparon con un alcalde que, al contrario, les sugirió que la internaran en un psiquiátrico. Fue entonces cuando con el apoyo de su familia, amigos, una psiquiatra y una política del PSOE, decidió hacer la denuncia pública.

Imagen de archivo de Nevenka Fernández (cortesía de Netflix)
Imagen de archivo de Nevenka Fernández (cortesía de Netflix)

Nevenka decidió contar su verdad a sabiendas del riesgo que afrontaba ante una sociedad que, por entonces, lamentablemente no estaba tan preparada como ahora para escuchar su testimonio. La rueda de prensa que dio contando su historia y anunciando la querella por acoso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dio la vuelta a España en cuestión de minutos. El juicio público y social terminó siendo tan o más importante que aquel que se vivía en el juzgado, a través de un alcalde que negaba los hechos y la culpaba de ser ella la acosadora.

La serie repasa detalles tan escabrosos como el cuestionamiento machista que Nevenka vivió por parte del fiscal José Luis García Ancos, que llegó a cuestionar su denuncia sin reparar en las consecuencias psicológicas que provoca una situación de acoso constante. Y, en este caso, por parte de una persona con poder. “Usted no es la empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos” le decía. Su cuestionamiento fue tan criticado que fue apartado del caso.

Nevenka, la serie, repasa todo el caso pero también destapa la verdadera situación social que perdura en la vida de una víctima como ella. Ganó el juicio, consiguió que su testimonio sea un referente histórico siendo la primera condenada por acoso sexual a un político español, sin embargo, perdió el juicio social viéndose obligada a marcharse de España. incluso tuvo que ver cómo su pueblo convocaba una manifestación en defensa del alcalde tras la sentencia.

El alcalde recibió la pena mínima y dimitió al puesto, para luego enviar cartas a los vecinos del pueblo manteniendo su inocencia y autoproclamándose víctima del acoso de Nevenka. Incluso Ana Botella, la esposa del presidente José María Aznar, aplaudió al acosador por mantener “una postura impecable” al dimitir. Ismael Álvarez volvió a presentarse a elecciones municipales en 2011 mientras Nevenka sanaba sus heridas en otro país y lejos de casa, al ver que le era imposible conseguir trabajo tras la sentencia.

Nevenka se antoja como una pieza crucial en la historia de la misoginia cultural y social que radica en una sociedad, en este caso la española de principios de siglo. Una serie limitada que argumenta todo el caso con testimonios e imágenes de archivo, y una entrevista en donde su protagonista todavía habla del pasado con un nudo en la garganta. Tres episodios capaces de remover la conciencia de un pasado no muy lejano y servir de ejemplo aleccionador, sobre todo en la memoria de una España que se dividió entre aquellos que la defendieron, y los que apoyaron al alcalde haciendo oídos sordos al testimonio de la víctima.

Nevenka da una lección social, recordando que fue ella la que tuvo que marcharse del país mientras el político siguió adelante presentándose a otras elecciones. Enseña que el trauma del acoso perdura de por vida, que olvidarlo es imposible pero que ella eligió confiar en su fuerza de voluntad encontrando refugio en sí misma y su familia. Una serie limitada muy recomendable, que estremece ante la injusticia que vive y perdura en el juicio social, y que recuerda el valor de la memoria social como símbolo de aprendizaje.

Porque, sin saberlo, Nevenka fue la precursora del movimiento #MeToo en España, aunque tuvieron que pasar 20 años para que rompiera su silencio de nuevo.

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