Las veces que Rocky salvó a Sylvester Stallone

En 1976, Sylvester Stallone pasó de dormir en las calles de Nueva York a convertirse en uno de los nuevos millonarios de Hollywood gracias a una película, Rocky. La historia de superación del boxeador más inseguro del cine cambió su vida para siempre. Y no solo en aquella ocasión. A lo largo de su extensa carrera, el púgil siempre estuvo presente sacándolo primero de la ruina económica, para luego convertirse en su ángel de la guarda personal y profesional en varias ocasiones.

Sylvester Stallone en Creed II (Autor: Barry Wetcher; © 2018 Metro-Goldwyn-Mayer Pictures Inc. and Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.)

Sin saberlo, aquel personaje que Sly escribió en tres días y 20 horas se convirtió en una especie de salvador personal. En los años previos apenas había trabajado como extra debutando junto a Robert Redford y Gene Hackman en El descenso de la muerte (1969), o con Jane Fonda en Klute (1971) o El prisionero de la Segunda Avenida (1975), entre otras. Fue en aquella época que estuvo en la ruina total. Desahuciado de su departamento, durmiendo en la calle o en la terminal de autobuses de Nueva York y sin dinero en los bolsillos. Fue en esa época que por desesperación hizo la película de pornografía soft que más tarde cambiaría su título a El semental italiano (1970), aprovechando el alias de Rocky.

"Tenía dos opciones, participar en esa película o robar a alguien, porque realmente estaba desesperado. En vez de cometer un delito, trabajé dos días por 200 dólares y pude abandonar la estación de buses", dijo a la revista Playboy en 1978.

Sly escribió la película inspirado en la figura de Chuck Wepner tras ver la legendaria pelea contra Muhammad Ali en 1975 (aunque Wepner lo demandó y llegaron a un acuerdo fuera de los juzgados). Al terminarla comenzó a buscar un estudio que estuviera dispuesto a producirla. Estaba convencido que había creado un personaje que tenía potencial cinematográfico. Era su billete de ida al selecto universo de los actores protagonistas. No quería que nadie interpretara el guion y tuvo que aceptar una reducción de presupuesto para convencer a Irwin Winkler y Robert Chartoff de que le permitieran interpretarlo a cambio de venderles la historia. Aceptaron, aunque ellos tenían en mente a Robert Redford, Nick Nolte, Jimmy Caan, Ryan O’Neal o Burt Reynolds.

El resultado fue un éxito de tal magnitud que catapultó a Stallone al estrellato inmediato, convirtiéndolo en un icono instantáneo de los dramas deportivos. Costó un millón de dólares en hacerse y recaudó 202 millones de euros ($225 millones) en la taquilla mundial. A la aprobación del público se sumó la de la crítica y de la industria, recibiendo 10 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor actor y guion original, y ganando la estatuilla a mejor película.

Borsari/Landmark Media; ©GTRESONLINE

Sly pasó de ser un extra frecuentemente desempleado a la nueva promesa de Hollywood y con ganancias que ascendieron a los 2.25 millones de euros ($2.5 millones) por aquella película y cuando acababa de cumplir los 30 años. “Era el hombre más afortunado del mundo” dijo Stallone a Variety en una reciente entrevista. “En el año antes que hiciera Rocky, mis ganancias totales fueron $1.400. Ganaba $35 a la semana trabajando como portero. Eran unos $100 al mes”.

El primer guion lo vendió a MGM por $35.000 cuando tenía $100 en su cuenta bancaria y había vendido a su perro mastín para pagar el alquiler. Pero ni bien hico dinero corrió a recuperarlo. El segundo por $75.000 y el tercero por $120.000. Y todas fueron un éxito. En esos años se abrió camino con otros personajes como Rambo, cuya primera película se estrenó en 1982, expandiendo más secuelas. Para 1990, 14 años después de Rocky, ya tenía tres entregas del veterano de Vietnam a sus espaldas y otras cinco del boxeador de moda.

Stallone se había coronado como héroe de acción, compitiendo por personajes y liderazgo en el género contra otro icono de la época como Arnold Schwarzenegger. Pero la decepción que provocó Rocky V (1990), al convertir al personaje en una figura derrotada, deprimida y vanidosa hizo que todo cambiara.

Pasarían 16 años hasta que volvería a conseguir que alguien apostara por Rocky. Ese mismo actor que había sido capaz de crear franquicias exitosas y liderar otras producciones como Cobra (1986) o Tango & Cash (1989), de repente veía como su carrera vivía vaivenes inesperados. Con la llegada del nuevo siglo comenzó a caer en el olvido por culpa de alguna que otra apuesta mal tomada. Rocky había sido su billete de ida al firmamento de las estrellas, pero también fue el de regreso a los infiernos más dolorosos de Hollywood donde acechan el rechazo y el olvido.

No debe haber nada peor para un actor que alcanza la fama que ser descartado por la misma industria que le dio alas porque comienza a ser inservible en la taquilla. Y eso le pasó a Stallone. Rocky V fue la primera decepción de su carrera -aunque vendrían muchas más- con el desaprobado de la crítica y la mala recepción por parte del público. Su intento fallido en la comedia con ¡Alto!, o mi madre dispara (1992) solo empeoró las cosas, y aunque disfrutó de otros éxitos como Máximo riesgo (1993), Demolition Man (1993) o El especialista (1994), era el público internacional el que seguía apostando por sus películas. En EEUU el público comenzaba a pasar de él.

Y así, Hollywood hizo lo mismo. Ante las malas elecciones y la falta de éxitos, sus agentes de CAA y su manager lo dejaron solo renunciando a sus servicios (aunque más tarde volvieron a ficharlo). “Era el año 2002 y no hubo nada para mí en seis años” contó a Variety afirmando que ahora que sabe lo cruel que puede ser la industria, entiende la decisión que sus representantes tomaron en aquel momento.

Stallone cree que aquel bache de su carrera fue culpa suya porque no supo ser cuidadoso con sus elecciones. “Creo que pasó porque no fui tan diligente como debería haber sido a la hora de tomar ciertas decisiones en mi carrera” dijo a la publicación. “Por ejemplo, hice una película titulada D-Tox, tenía un buen reparto pero a una semana de comenzarla los productores decidieron cambiar de táctica y desde ese momento tuvo una nube gris. Estuvo guardada durante dos años y así fue el comienzo de “Stallone está acabado”.”

El actor de 73 años recuerda que la mala recepción que tuvieron Daylight (Pánico en el túnel) (1996) y Cop Land (1997) solo empeoraron las cosas. Cree que aquellos fracasos “fomentaron la opinión de que había tenido mi momento” y se estaba acabando.

Pero Rocky y sus guantes volvieron al rescate. Aunque la industria no quería volver a saber de él, Stallone no había olvidado al personaje que califica como “un hermano”. Quería devolverlo a la vida cinematográfica con una redención final. “Pero cuando eres un actor de 60 años que quiere interpretar a un boxeador viejo tras una secuela que fracasó 15 años antes, tienes cero posibilidades” recuerda.

Nadie quería hacerla. El jefe de entonces de MGM, Alex Yemenidjian, la rechazó. ¿Cómo los convenció? Vendiéndoles la idea como una historia de dolor y pérdida. “Finalmente ha perdido a su amor, lo que significa el final de la ecuación para él. La única manera en que sabe cómo lidiar con eso a través de la lucha”. Rocky VI se convirtió en Rocky Balboa y fue un éxito en 2006.

Rocky volvía a salvarlo, y lo que es más llamativo es que la experiencia fue aún más importante para Sly que la vivida con la primera Rocky. “El hecho que Rocky triunfó una vez más fue más emblemático para mí que Rocky I. Esta fue dura. No había sorpresas, estaba pasado de la edad correcta y la audiencia que había venido antes no apareció. Fueron a verla los de 28 a 30 años”.

Luego haría otra redención para Rambo con la película de 2008, descubriendo que había un público joven que había crecido con sus películas también. Que ahora era una gloria del género, como Schwarzenegger, Van-Damme, Willis y otros. Vio una salida que tenía potencial y se le ocurrió la saga de Los mercenarios. Y el auge continuó. Había Stallone para rato.

Y mientras sigue haciendo otras películas, la llama de Rocky siempre ha estado viva. Volvió como secundario en Creed (2015) ganando el Globo de Oro a mejor actor de reparto y su segunda nominación al Oscar por el mismo personaje, y se despidió de él pasando el testigo de esta nueva saga al hijo de Apollo Creed (interpretado por Michael B. Jordan) con la secuela de 2018.

Este año, su veterano de guerra también vuelve con otra despedida en Rambo: Last Blood el 27 de septiembre. Una entrega que ha sido calificada en EEUU para adultos con la calificación “R”, lo que augura sangre y violencia. Y Stallone está encantando y ha presumido de la noticia en redes sociales prometiendo que “lo que viene no será nada parecido a lo que vimos antes”. En esta ocasión Rambo se enfrentará a un Cartel mexicano y con una calificación como esa, habrá acción cruda y dura… ¿Les recuerdo que Sly tiene 73 años?

Mientras tanto, Rocky también podría seguir dando golpes a la vida con otra película que Stallone ya está cocinando en donde podría servir de mentor a un joven boxeador como explicó a la revista.

“Rocky es una metáfora de la vida” describe Sly a su gran alter ego del cine. “Era una historia de amor. Boxeaba para ganarse la vida pero la historia es el amor por su esposa. Solemos apoyar al desvalido y él tenía algo por lo que luchar: ella”.

Rocky lo salvó de la ruina. Le dio el éxito pero también abrió el camino al fracaso. Pero cuando tuvo su momento, volvió a salvarlo con secuelas y spin off que hasta lo llevaron al Oscar. A sus 73 años recién cumplidos Stallone está más lejos de la jubilación que nunca. Y si necesita salir de otro bache o conectar con el público, Rocky siempre está a una película de distancia.

Para seguir leyendo:

Kelly McGillis, la mujer que ponía orden a la testosterona de 'Top Gun', no estará en la secuela porque nadie la llamó

El mensaje correcto de Brokeback Mountain: no es solo una película de vaqueros gay

Manipulados en redes: las dos películas que explican cómo la política ha estado jugando sucio

Mark Hamill no tenía idea de qué iba Star Wars hasta que la hizo

Robert Downey Jr., un ejemplo de superación tras iniciarse en el mundo de las drogas a los 6 años