‘Las chicas de oro’ y la bofetada de modernidad que 35 años después merece un aplauso

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Hay clásicos que nunca pasarán de moda y Las chicas de oro es uno de ellos. La mítica sitcom de los 80 llegó a comienzos de este año a Disney+ en su totalidad (180 episodios) y para muchos, ha sido la oportunidad perfecta para volver a ese reconfortante lugar feliz que es la serie, o incluso para descubrirla por primera vez casi cuatro décadas después de que se convirtiera en uno de los éxitos más icónicos de la televisión norteamericana.

Tener a Dorothy, Rose, Blanche y Sophia en streaming es todo un regalo para los fans de la televisión clásica y las comedias de toda la vida, y su llegada a la plataforma nos ha hecho redescubrir una joya a la que el tiempo ha tratado mucho mejor que a la mayoría de series de la época. Porque en 2022, muchos de los temas que trata Las chicas de oro siguen vigentes y ese espíritu transgresor con el que reinó en los 80 continúa surtiendo efecto. Como ejemplo, el famoso episodio en el que la serie trata la homosexualidad, todo un hito de la televisión que, 35 años después sigue mereciendo un fuerte aplauso.

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Pero primero, y aunque seguramente no haga falta, un poco de contexto. Las chicas de oro se estrenó en 1985 y se mantuvo en antena durante siete temporadas. La serie, creada por una mujer (Susan Harris) en una época en la que era raro encontrarlas esos puestos, está protagonizada a su vez por cuatro mujeres de más de 50 años, un inolvidable cuarteto de actrices que se alzaron como auténticos símbolos de la cultura popular estadounidense: Bea Arthur (Dorothy Zbornak), Betty White (Rose Nylund), Rue McClanahan (Blanche Devereaux) y Estelle Getty (Sophia Petrillo). La serie se convirtió rápidamente en una institución de la comedia en todo el mundo y demostró el poder y el talento de un grupo de mujeres maduras al frente de un producto que abordaba una etapa de la vida que normalmente no se veía en pantalla. O al menos no de forma tan fresca y moderna.

A lo largo de sus siete años en televisión (sin contar el posterior spin-off fallido sin Dorothy El hotel de oro), Las chicas de oro se llevó 11 premios Emmy y arrasó en los índices de audiencia, dando la vuelta al mundo con su comedia irreverente, descarada y en muchas ocasiones muy valiente. La serie destacó no solo por su genial humor, sino también por tratar temas controvertidos o tabú con los que solía desatar su vena progresista y concienciadora: acoso sexual, menopausia, inmigración, sexismo, antisemitismo, adicción, pobreza o discriminación a las personas con VIH/SIDA. Pese a que en algunos aspectos sigue siendo una serie de su tiempo y hay cosas que hoy en día se considerarían problemáticas o anticuadas, por lo general, Las chicas de oro pasa la criba con creces, llegando a nuestros días como el fenómeno adelantado a su tiempo que fue.

Después de una primera temporada redonda que acabó siendo el exitazo que nadie vio venir, Las chicas de oro se volvió incluso mejor en su segundo año, con episodios tan desternillantes como emocionantes y memorables, como aquel en el que las protagonistas son confundidas por prostitutas (uno de sus capítulos más arriesgados, media hora de comedia perfecta) o el que aborda el tema de la inmigración ilegal (con un jovencísimo Mario López poco antes de saltar a la fama con Salvados por la campana) desde una perspectiva totalmente compasiva pero sin edulcorantes, haciendo llorar de la risa, claro, pero también mostrando un compromiso y una conciencia social cada vez mayor. De entre todos esos episodios, sin embargo, destaca uno en concreto por resultar sorprendentemente avanzado para su época, el quinto, titulado ¿Verdad que es romántico?, en el que las chicas reciben la visita de una antigua amiga de Dorothy que resulta ser lesbiana.

Las chicas de oro: En la foto: (de izquierda a derecha) Rue McClanahan como Blanche Devereaux, Estelle Getty como Sophia Petrillo, Bea Arthur como Dorothy Petrillo Zbornak, Betty White como Rose Nylund -- Foto de: NBCU Photo Bank
Las chicas de oro: En la foto: (de izquierda a derecha) Rue McClanahan como Blanche Devereaux, Estelle Getty como Sophia Petrillo, Bea Arthur como Dorothy Petrillo Zbornak, Betty White como Rose Nylund -- Foto de: NBCU Photo Bank

Este es sin lugar a dudas uno de los capítulos más emblemáticos y celebrados de la serie. En él conocemos a Jean (Lois Nettleton), amiga de Dorothy que acaba de perder a su pareja, Pat, quien resulta no ser Patrick, sino Patricia. Dorothy se sorprende al descubrir que su amiga es lesbiana, pero lo acepta rápidamente y sin mayores dramas. No obstante, decide ocultárselo a Rose y Blanche por miedo a que ellas no lo entiendan. A partir de ahí, como es lógico en una sitcom, se suceden una serie de enredos clásicos. Jean empieza a sentirse atraída por Rose y le expresa sus sentimientos para la sorpresa de la inocente compañera de Dorothy, mientras la narcisista Blanche se escandaliza por la noticia, pero no porque Jean sea lesbiana, sino porque esta se siente atraída por Rose y no por ella.

Como curiosidad y breve paréntesis, durante la Segunda Guerra Mundial se acuñó el término “amigo de Dorothy” (friend of Dorothy), en alusión a la protagonista de El mago de Oz, usándose como eufemismo para referirse a los hombres gays cuando la homosexualidad todavía era ilegal en Estados Unidos. Que en Las chicas de oro Jean sea precisamente amiga de Dorothy no puede sino seer un guiño genial a este importante detalle en la historia de la comunidad LGBTQ+.

¿Verdad que es romántico? es uno de los episodios más vistos en su emisión original y mejor valorados en su momento -y en la actualidad-, además de este nominado a cuatro Emmys (entre ellos uno a mejor actriz invitada para Nettleton), llevándose el de mejor dirección para Terry Hughes. Y no es para menos, el capítulo ha pasado a la historia como un clásico de la televisión, no solo por lo divertido que es (incluido uno de los mejores chistes de la historia de la TV, cuando Blanche confunde la palabra “lesbian” por “Lebanese”), sino también por abordar la homosexualidad sin caer en lo ofensivo, tratando al personaje de Jean con comprensión y aprovechando su presencia para lanzar a la audiencia un precioso mensaje de apoyo y aceptación que no era tan frecuente en aquella época, cuando los personajes LGBTQ+ apenas existían en el cine y la televisión, y cuando lo hacían, estaban ahí para ser el blanco del chiste, morir trágicamente o propagar estereotipos homófobos.

Con una trama así, lo de este episodio de Las chicas de oro podría haber salido muy mal, pero resulta increíble comprobar que, 35 años después y salvo algunos detalles comprensibles por la era a la que pertenece, se mantiene vigente y totalmente efectivo en su mensaje. Entre otras cosas, resulta especialmente encomiable que sea Sophia, la lenguaraz madre de Dorothy y la mayor del grupo, la que supo antes que nadie que Jean era lesbiana y la más liberal al respecto. Que una mujer de 80 años en 1987 hablase de este tema con tal frescura y sin escandalizarse o tener que pasar por un periodo de adaptación es todo un ejemplo.

Pero no termina ahí. El final del episodio cierra la historia con el mejor broche de oro mediante dos conversaciones. En primer lugar, la que tienen Jean y Rose, que después de confesarle la primera su amor, le dice con suma sensibilidad y respeto que se siente halagada, pero que no puede corresponderla, tras lo cual acuerdan ser amigas. La segunda es la que mantienen Sophia y Dorothy. Cuando su hija le dice que ella también es gay solo por ver cuál sería su reacción, Sophia le da una respuesta que, a día de hoy, sigue llenando los ojos de lágrimas: “Te diré la verdad, Dorothy. Si alguno de mis hijos fuera gay, no lo querría ni una pizca menos. ¡Le desearía toda la felicidad del mundo!”; a lo que Dorothy responde “Eso es porque eres la mejor madre del mundo y te quiero”. Uno de los momentos más tiernos de toda la serie y un salvavidas para muchas personas que, en los 80, pudieran necesitar esas palabras de aceptación que seguramente no tenían en su propio entorno.

No es de extrañar que la comunidad LGBTQ+ profese auténtica devoción a Las chicas de oro. A lo largo de su andadura, la serie demostró en varias ocasiones su complicidad con varios personajes queer alrededor de los cuales las cuatro protagonistas se sentían bastante cómodas. De hecho, en el piloto se introduce un personaje gay (Coco, el sirviente que vive con las chicas), que sin embargo fue eliminado en favor de Sophia -inicialmente concebida como invitada temporal-, ya que quedó claro dede el principio que la serie funcionaba mejor si se centraba en la química entre las cuatro mujeres. Después de aquello, Las chicas de oro tocó el tema de la homosexualidad varias veces más, con el hermano gay de Blanche o un capítulo en el que también ella aconseja a un hombre gay que quiere proponer matrimonio a su pareja, episodio en el que se pronuncian las palabras “Love Is Love” antes de que se extendiera más recientemente como lema en la lucha por los derechos del colectivo; sin olvidar el capítulo en torno al VIH, que aunque no menciona explícitamente la homosexualidad, fue escrito para ayudar a desestigmatizar a la comunidad gay durante la epidemia de los 80.

Las chicas de oro cuenta con una legión de fans queer, siendo una de las más ilustres la famosa drag queen RuPaul, que aprovecha cualquier ocasión para recordar su amor por la sitcom. Aunque no sea una serie gay propiamente dicha, la comunidad LGBTQ+ se sintió especialmente apegada a ella entre otras cosas por su naturaleza transgresora y abierta. Muchas personas queer adoptaron a Dorothy, Blanche, Rose y Sophia como aliadas de honor y además vieron en ellas cualidades en las que sentirse reflejados. Al fin y al cabo, eran personas que, en su caso por ser mujeres de cierta edad, no solían aparecer en televisión como seres sexuales y con problemas dignos de tratar en prime time.

Pero es que además, fuera de la serie, todas actrices también dejaron patente su compromiso con la comunidad queer. Estelle Getty solía asistir a galas benéficas para apoyar la lucha contra el VIH y participó en la fundación de un hospicio para personas con el virus. Betty White fue una grand defensora del matrimonio igualitario y Rue McClanahan participó en el desfile del Orgullo y varias causas benéficas en favor de las personas LGBTQ+. Finalmente, Bea Arthur dedicó sus últimos años a luchar contra la crisis de la juventud queer sin hogar en Nueva York, recaudando más de 40.000 dólares en uno de sus últimos espectáculos para The Ali Forney Center, centro de acogida para jóvenes LGBTQ+ expulsados de casa por su familia por su orientación sexual o por ser transgénero. Al morir, Arthur dejó parte de su herencia (300.000 dólares) a dicha fundación, lo que les permitió expandirse a más localizaciones.

Betty White, la última chica de oro que quedaba con vida, murió el 31 de diciembre de 2021, a los 99 años, dejando huérfanas a varias generaciones de fans de la comedia y la televisión que crecieron viendo a Las chicas de oro en su pantalla. White, Arthur, McClanahan y Getty pasaron a la historia por muchas razones, y entre ellas figura su apoyo tanto dentro como fuera de la pantalla a la comunidad LGBTQ+, lo que las convirtió en iconos gay, un título que llevaron con orgullo hasta el último momento, demostrando que la madurez no está reñida con ser abierto de mente. Unas verdaderas amigas.

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