Las bodas de oro de Yolanda Andrade con la vida, salpicadas de polémicas y una pasión por existir

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La primera vez que tuve noción de Yolanda Andrade (o bien conocida hoy en día, 30 años más tarde, con los motes de 'El Chivo' o 'Joe') fue cuando apareció en la telenovela 'Yo no creo en los hombres', producida por Lucy Orozco (la misma de la famosa versión de 'Teresa' con Salma Hayek) en la que hacía el papel de la hermana adolescente de la protagonista (Gabriela Roel) que era atormentada por su suegra perversa que la mandaba a la cárcel (la inolvidable Saby Kamalich).

MEXICO CITY, MEXICO - OCTOBER 12:  Yolanda Andrade poses during the red carpet of the play
Yolanda Andrade. (Photo by Luis Ortiz/Clasos/Getty Images)

Recuerdo que me llamó la atención la lozanía de su aspecto y la naturalidad de su interpretación. La Orozco —cuyas producciones se extrañan; su estilo tan particular y los guiones de sus telenovelas eran una cosa única— sabía que la sinaloense era un talento en ciernes y la volvió a llevar, esta vez como protagonista juvenil en 'Las Secretas Intenciones', donde la sublime Helena Rojo construía una telaraña de perversiones y maldades, contrarrestada por el bondadoso psiquiatra encarnado por el recientemente fallecido Enrique Rocha.

Ahí Yolanda encarnaba a Larisa, una joven que sufría un colapso mental por culpa de su madre mala (Sylvia Pasquel) y de pilón tenía una relación con Cristian Castro que ese año, 1992, estaba de moda como cantante con "No podrás" (la dupla le fue impuesta a la Orozco por Televisa, pero él como actor era inepto como pocos, prueba de ello es que nunca más volvió a intervenir en un melodrama, porque de verdad, era de pena ajena)

Aquí hago un aparte: años después, el niñato Castro hizo unos comentarios salaces y vulgares acerca del ostensible 'romance' (más bien, resbalón) que presuntamente sostuvieron durante la producción, y me resulta tremendamente irónico que hiciera esa cosa, dado todo lo que ocurrió años después.

Yolanda llegó a su súmmum como actriz en otra telenovela de la Orozco: 'Retrato de familia' en la que repitió con la Kamalich, la Rojo y compartió con Diana Bracho, para encarnar a una villana desaforada, malaonda, patológicamente envidiosa, soberbia y muy divertida: Elvira, una muchacha consentida de Guadalajara que le declaraba la guerra a su madre socialité porque juraba que ésta le había bajado el novio, mientras que de paso torturaba emocionalmente a sus hermanitos, Aitor Iturrioz e Irán Castillo, mientras que su nana — la legendaria Alicia Montoya— trataba de sacarle el chamuco del cuerpo con buenos consejos y compasión.

La telenovela —un clásico del 'camp' dentro del melodrama nacional—tuvo bastante éxito (sobre todo porque entró de emergencia a sustituir la telenovela "maldita" 'La Paloma') y de ahí Yolanda pasó a ser protagonista en 'Sentimientos ajenos', donde pasaba a sufrir lo indecible como mártir casada con el obsesivamente celoso Carlos Ponce, a manos de su cínica y malévola hermana encarnada por Chantal Andere. La telenovela de marras ocupó el horario AAA y se le hizo mucho ruido, aunque no tuvo el éxito esperado, pero Yolanda estuvo en su mejor momento; su última telenovela como actriz fue (nuevamente como mala desalmada) en 'Los hijos de nadie', que no le gustó al público y desapareció sin dejar rastro, dejando a la Andrade en una encrucijada.

Fue en esa época en que conocí a Yolanda; iniciaba mi carrera profesional y tanto ella como Monserrat Oliver fueron figuras que veía en diversos eventos sociales que formaban parte de mi trabajo de entonces como redactor incipiente. Ambas fueron siempre generosas con su tiempo, amables en su trato y muy accesibles. A nadie, en ese entonces, nos interesaba la naturaleza de su relación o la orientación de sus personas.

Yolanda recuperó popularidad al participar como una de las concursantes más destacadas de la primera emisión de 'Big Brother V.I.P." en 2004. Fue ese año cuando ostensiblemente se dio el trato cercano entre ella y Verónica Castro que, de acuerdo a lo declarado por ella en su momento, fue una amistad que evolucionó a ser una relación sentimental (ya para entonces, la relación sentimental entre Monserrat y Yolanda había devenido en la estrecha amistad y sociedad que mantienen, habiendo dejado para siempre la actuación para ser parte del fenómeno que fue 'Hijas de la madre tierra').

Los detalles que se saben de este periodo y relación son escuetos (y acaso es mejor que sea así, pienso yo, finalmente es algo que a nadie más que a las involucradas incumbe), pero en una entrevista con Javier Poza salió el tema de que hubo una 'ceremonia' en Holanda donde se 'unieron'. Ya para entonces, la orientación de Yolanda Andrade era secreto a voces y ella no se había molestado en confirmarlo o (inútilmente) desmentirlo, dejando que la arena de la opinión pública dijera cualquier cosa.

No obstante, el haber abierto la puerta puso a Yolanda en una situación de desventaja. No faltan quienes consideran muy bajo que haya nombrado a Verónica Castro como su presunta pareja de antaño, sin el consentimiento de la misma — personalmente pienso que fue un paso en falso, pero también que la reacción de la Castro solo sirvió para generar una serie de controversias innecesarias, derivadas de una indiscreción que no debió suceder, pero que también, era un rumor conocido por más de una década.

Esto resultó en una lapidación virtual en redes de Yolanda y se le vilificó de más.

Hoy, Yolanda llega a los 50 años de edad convertida en una figura de influencia. Creo que es muy importante que haya por fin sido clara en su posición en la vida pública, porque eso ayuda a muchas mujeres (no necesariamente solo jóvenes) a aceptarse y abrirse camino, con mayor libertad y honestidad. Su tiempo como actriz ya pasó (y era buena) pero como figura pública es notable y su humor ácido es algo que la distingue totalmente.

Sin duda, en estas bodas de oro con la vida, la Andrade, 'Joe', ha dejado una huella clara y firme en los medios y ha logrado ser alguien relevante con todos sus claroscuros. Prefiero pensar que más allá de sus meteduras de pata (es humana), Yolanda Andrade es una figura única y que ha hecho más bien que mal en su trayectoria, para abrirle la puerta a la visibilidad y aceptación de la diversidad en México y eso es algo que siempre la va a distinguir en su generación.

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