Lady Glenconner pudo 'reinar' en Mustique pero su marido le dejó la herencia a un sirviente

Lady y lord Glenconner (Photo by PA Images via Getty Images)

Mustique es una de las islas Granadinas, situadas en el mar Caribe. Tiene 5,7 km² y una población de 500 habitantes aproximadamente y una historia de lujos y excentricidades.

Lady Glenconner y su marido aristócrata compraron este paradisíaco lugar en 1958. Con una visión estratégica, el Lord Colin Glenconner supo sacarle partido a esta isla que hoy acoge a lo mejor de la realeza mundial en periodos estivales, como los Duques de Cambridge y la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel II, a quien Colin regaló un trozo de tierra y le construyó una casa.

El día que Lord Colin Glenconner murió de un ataque al corazón, su esposa descubrió que le había dejado toda la isla a una persona del servicio, Kent Adonai. Un chico de orejas grandes que llegó a la vida de los Glenconner gracias a un elefante. Tal como lo lees.

Un día Colin Glenconner trajo un majestuoso elefante de África a Mustique, el primer animal de esa especie en pisar el Caribe. Para cuidarle, muchos jóvenes locales se ofrecieron tratando de llamar la atención del aristócrata, sin embargo, él se fijo en Kent y desde ese momento fue su mano derecha.

Lord Glenconner (Photo by David Howells/Corbis via Getty Images)


En sus memorias, Lady Glenconner narra las excentricidades de Lord Colin, sus frecuentes visitas a los burdeles londinenses, su deseo de hacer un trío en la luna de miel, así como su costumbre de usar lonchas de bacon como marca páginas de los libros.

En 1987, tras un accidente de moto, el hijo de la adinerada pareja que no vivía en la isla, quedó postrado debido a un importante daño cerebral, así que su madre decidió quedarse junto a él para cuidarle, pero su padre regresó a Mustique definitivamente.

(Photo by David Howells/Corbis via Getty Images)


Este fue el punto clave para su distanciamiento. Ante la ausencia de su esposa, la amistad entre Lord Colin y Kent se fortaleció, ya que el aristócrata se volvió cada vez más dependiente de Kent. Tan fuerte fue su amistad que, en 2010, al morir el descubridor de la isla, nombró a su sirviente heredero universal de su fortuna.

En palabras de su propia viuda se recoge: “Estaba un poco preocupada, porque el abogado de Colin me había dicho: ‘Creo que Lord Glenconner hizo un nuevo testamento hace siete meses con otro abogado.’ Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando apareció el nuevo abogado, sacó un trozo de papel y leyó: ‘He decidido dejárselo todo a Kent Adonai y confiar en él para que cumpla los deseos que tengo para mi familia’.

Y prosigue a relatar el momento exacto en que supo que no le quedaría nada: “Después me encontré con Kent y, lo más tranquila que pude, le dije: ‘Bueno, Kent, espero que cumplas los deseos que Lord Glenconner tenía para nosotros’. Él me miró y, encogiéndose de hombros, me dijo: ‘No sé a qué se refería Lord Glenconner’. En ese momento, supe que lo perderíamos todo” y dominada por la angustia y el sentimiento de humillación comenzó a gritar por toda la isla, un lugar que ella consideraba completamente suyo y en donde era la ‘reina’.

Años después, el nieto de Lord Glenconner, consiguió impugnar ese testamento y recuperó la mitad de la fortuna de su abuelo cedida judicialmente por Kent Adonai. A pesar de esto, a día de hoy, Lady Glenconner no tiene claro que su marido sufriera enajenación mental u otra patología.

Según ella misma explica: “Es completamente posible que lo hiciera a propósito, como una especie de proeza horrible con la que asegurarse su reputación de hombre excéntrico”.

¿Conocías esta historia? ¿Qué te parece que dejara la herencia a su sirviente y no a su familia? ¿Y el hecho de que su viuda lo haga todo público ahora mediante sus memorias?