La Veneno, el icono que sigue dando de qué hablar hasta después de su muerte

Mucho antes de los líos de faldas en Gran Hermano, el huracán Belén Esteban y las travesuras de los colaboradores de Sálvame, estaba ella, Cristina Ortiz, más conocida como La Veneno, un torbellino televisivo que supuso un antes y un después de la caja tonta. Con ella, y con Pepe Navarro, Cruzamos el Mississippi en el primer Late Night de España y descubrimos el lado más gamberro de las noches en televisión. Esa mujer mal hablada y de bajo nivel cultural, se robó los corazones de la audiencia por su cercanía y falta de filtros. Decía lo que pensaba sin pensar lo que decía y se convirtió en la voz del colectivo transexual hasta entonces todavía poco visible en los medios. Y ahora la recordamos con una luz especial justo cuando se ultiman los detalles del estreno de la serie sobre su vida.

La Veneno en la cabalgata del Día del Orgullo Gay 2001 en Madrid (©KORPA, GTRES)

Así, extravagante y excesiva, supo ganarse al público de tal manera que su muerte en 2016, en extrañas circunstancias y cuando ya no era ni la sombra de lo que conocimos, causó un gran impacto. Cuatro años después de su misteriosa partida esta estrella fugaz de la televisión vuelve a la que fue su casa gracias a los Javis, Ambrossi y Calvo. Los cineastas estrenarán Veneno en Atresmedia a partir de marzo, siendo un homenaje a este personaje tan único e irrepetible cuya vida fue una cadena sucesiva de tragedias, y del que ya podemos ver el primer adelanto:

Y no, no es una telenovela turca ni un guión de Pedro Almodóvar, lo que allí cuentan es la triste y pura realidad. Detrás de cada carcajada que arrancaba del espectador ocultaba un profundo dolor que ella misma contaría dos meses antes de morir en su autobiografía Ni puta, ni santa. Las memorias de La Veneno, escrita por su amiga Valeria Vegas.

Este fenómeno televisivo que amenizaba las noches de los televidentes con su famoso “Digoooo” estuvo en la cárcel, se prostituyó y sufrió maltrato hasta el último suspiro de vida. Pero Cristina nunca dramatizó, y mira que razones tenía de sobra. Igual gastaba una broma con la que te atragantabas de la risa que te hacía llorar a moco tendido con el testimonio de su durísima infancia como Jose Antonio, su nombre de niño.

Cada vez que hablaba de Adra, el pueblo almeriense que le vio nacer, se ponía de los nervios. Lógico. A los cuatro años le llamaron maricón por primera vez y ya no pararon. Luego llegaron las palizas, los desprecios y el acoso de la gente que le señalaba con el dedo por ser diferente. Un dolor que, desafortunadamente y tal y como ella misma contó, su familia no supo entender. “En el pueblo de Adra hay gente que me ha hecho muchísimo daño. Un día iba paseando en la feria por el puerto, niños con 15 años se taparon la cabeza y a mí y a Paco Ceballo intentaron matarnos y tirarnos al puerto”, reveló de forma desgarrada junto a sus padres en el programa de Pepe Navarro.

El famoso presentador supo que la quería en su equipo nada más verla. Cristina, que se mudó a Madrid en busca de sueños, trabajaba en el Parque del Oeste como prostituta. Se había hormonado, moldeando un cuerpo de pasarela que la llevó a ganar cien mil pesetas de las de antes con sus clientes, o al menos eso contaba ella. El destino hizo que las cámaras de Cruzamos el Mississipi se fijaran en ella en uno de sus míticos reportajes. Y a partir de ahí, la locura total.

Su fama se disparó con la misma rapidez que los ceros en su cuenta. Su gracia, sus generosa pechonalidad y, sobre todo, su transparencia absoluta la hicieron brillar por sí misma nada más pisar el plató. Parecía que lo había hecho siempre. Sus conversaciones con Navarro son historia de la televisión y de esa década de los noventa donde las cadenas privadas se aventuraban a hacer cosas hasta ahora nunca vistas.

Por hacer hizo hasta cine, protagonizando películas como El secreto de la Veneno y La Venganza de la Veneno, ambas dirigidas por Antonio Marcos. También dio sus pasitos en esto de las series y la vimos en varios capítulos de En plena forma, protagonizada por el inolvidable Alfredo Landa. Muchos eventos, entradas VIP e innumerables portadas de revista formaron parte de un currículum explosivo que más pronto que tarde se desinflaría.

Con la misma rapidez que llegó, desapareció y todo ese boom quedó limitado a la nada. La Veneno fue para muchos uno de esos juguetes rotos cuya caída dejó terribles consecuencias. Aunque años después seguimos viéndola muy de vez en cuando en entrevistas y momentos puntuales, Cristina cayó en el olvido retomando la vida perra y desgarradora de siempre, que incluyó su paso por prisión en 2003 por estafa al quemar su apartamento para poder cobrar el seguro. Su deterioro físico era cada vez más notorio, llegando a pesar 120 kilos, pero su salero y gracia natural siempre estuvieron intactos. Es lo que tiene la tele, hoy estás arriba y mañana eres una anécdota. Las modas pasan y si te he visto no me acuerdo.

La televisión y sus programas se olvidaron de ella pero el gran público. Por eso y por todo lo que significó e hizo por el mundo trans ha sido la primera en tener una placa en su honor en el famoso parque del Oeste, su lugar de trabajo durante muchos años. “No es una activista sino una persona que dejó huella y caló hondo. A su manera abrió una ventana de visibilidad para el colectivo trans”, expresó Topacio Fresh durante el homenaje a esta inolvidable mujer en 2019. Un evento al que no faltó Arcópoli, asociación en defensa del colectivo LGTB que pidió al Consistorio poner esta placa en su nombre.

Desafortunadamente ella no pudo ser testigo de este momento tan emotivo. La también vedette fallecía a los 52 años en noviembre de 2016 en el hospital La Paz de manera “accidental”. O al menos, así lo recogió el primer informe forense que aseguraba que había sufrido un traumatismo craneoencefálico. Las causas de su muerte parece que no convencieron a una parte de su familia, concretamente a su hermana María José Ortiz que solicitó reabrir el caso de la mano del prestigioso forense Luis Frontela. Al especialista le fue entregada toda la documentación, incluidas las fotos que mostraban cardenales y hematomas en pies y manos. De esta forma, en el año 2018, se hicieron públicas novedades sobre la muerte de Cristina que contradecían la versión oficial que aseguraba que había sido resultado de una caída en el baño a consecuencia de una fuerte ingesta de pastillas y alcohol.

Estos hematomas no tienen aspecto de corresponder al apoyo de la mano en el suelo, a consecuencia de una caída, sino a que un objeto obtuso golpeó esos dedos cuando la víctima trató de defenderse interponiendo la mano, por ejemplo, entre su cabeza y el objeto causal de la violencia”, recogía el escrito de Frontela, entre otras muchas cosas. Dos versiones de su muerte muy diferentes la una de la otra. Por un lado apuntan a que fue un accidente, por el otro un posible asesinato. El segundo informe fue presentado al juez que terminó desestimándolo y dando el caso por cerrado.

Lo que se sabe de aquella fatídica noche es que La Veneno hizo varias llamadas al 061 para informar que estaba siendo víctima de violencia por parte de su entonces novio, pero parece que cambió de opinión en el último momento y cuando acudió la policía no abrió la puerta llegando incluso a negar haber hecho esas llamadas. Lo que pasó realmente nunca lo sabremos al cien por cien. Lo que es una certeza absoluta es que su vida fue una tragicomedia llena de altibajos y episodios muy escabrosos que podremos entender y conocer mucho mejor gracias a la serie Veneno que también se adentrará en la enigmática muerte de este huracán mediático.

La producción que veremos a partir de marzo por Atresplayer Premium, constará de ocho entregas y entrelazará la historia de su protagonista y la de Valeria, autora de sus memorias, libro en el que se han basado para emprender esta aventura. Las tres actrices encargadas de interpretar a La Veneno durante las diferentes fases de su vida son Isabel Torres, Daniela Santiago y Jedet. Al reparto también se unen Lola Dueñas, Goya Toledo, Ester Expósito y Elvira Mínguez, entre otros actores. 

Su personalidad dejó tal huella que su recuerdo sigue más vivo que nunca, hasta tal punto que tendrá su propia serie, toma ya. Seguro que allá donde esté, además de estar haciendo de las suyas, se sentirá feliz de que por fin se cuente su verdad, una historia llena de sonrisas y lágrimas y con sabor agridulce pero suya, al fin y al cabo. Veneno en esencia pura, como siempre nos gustó.

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