'La última tentación' no debió emitir una escena que roza el colmo del machismo

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Los engaños siguen a la orden del día en La última tentación. De hecho, la infidelidad constante se ha convertido en el monotema de esta edición del reencuentro, lo que empieza a saturar un poco. La última gota que colmó el vaso tiene que ver con la traición de Lobo a Lucía y su enredo con Bela, una noticia bomba que dio lugar a una de las escenas más humillantes que he visto últimamente en televisión. A mi modo de ver, el programa se la podía haber ahorrado para no haber echo eco de las pinceladas tóxicas, con aires machistas, que se desprenden de ella. 

Los últimos acontecimientos en la isla empiezan a rozar lo patético. Hemos pasado de las dudas e infidelidades esporádicas a la normalización de los cuernos en una relación. Y todo por captar la atención de un público que empieza a estar agotado de más de lo mismo. La última tentación, ese experimento con el que se esperaba rozar la gloria en términos de audiencia, no está siendo tal fenómeno y, en parte, este batiburrillo de líos de faldas, tonteos forzados e historias fuera de lugar tienen mucho que ver. Este miércoles se convertía en el programa más visto con un 16.9% de share y dos millones de espectadores, pero sigue sin alcanzar las cifras de sus comienzos que superaban el 20%,

Parte de la responsabilidad está en el contenido repetitivo y casposo al que se ha rebajado el reality. Mucho de lo que vemos es predecible, buscado y llevado al extremo mostrando siempre el lado menos bonito de sus participantes y sus relaciones. El tema estrella de este miércoles fue el engaño de Lobo a Lucía con Bela, era crónica de una infidelidad anunciada. Y más conociendo la trayectoria de Isaac con Marina. A nadie le espanta verle hacer lo que le sale de la barba sin preocuparse de los daños colaterales en otras personas. 

El asunto se remonta al momento en que Sandra Barneda acude a Villa Playa para comunicar a uno de sus habitantes, en este caso Lucía, el engaño de su pareja. Tablet en mano, la presentadora le mostró el incómodo momento rodeada de sus compañeras de aventura, Marina incluida. A diferencia de los gritos y las lágrimas del año pasado, Lucía se mantuvo fría y no derramó ni una lágrima. Era literalmente un témpano de hielo. Según ella porque tras lo vivido con su ex tenía claro que nunca volvería a perder la cabeza ni la vida por un hombre. Quien no pudo evitar llorar como una niña pequeña fue Marina, a quien este episodio le hizo remover todo el dolor que ella vivió hace meses cuando se enteró del romance de Lobo y Lucía. Fue su examiga la que tuvo que consolarla a pesar de ser ella la protagonista de tal pesadilla en esta ocasión.

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Más allá del engaño de Lobo y la reacción de Marina, a mí lo que me llamó la atención es el protagonismo que el programa dio a Manuel, quien rápidamente fue a los brazos de Lucía para darle ánimos, soltar unas cuantas lágrimas y soltarle eso de 'qué mala suerte chiquillo'. Insisto, todo muy predecible, pero muy poco agradable a la vista sabiendo que ese mismo que hoy le consuela y pone verde a Lobo es el que la dejó en ridículo delante de toda España cuando la abandonó por Fiama. Y lo que es peor, haciendo algo para mí inaceptable minutos después de abrazar a Lucía tras su decepción de Isaac.

Después de consolarla y darle a entender lo desgraciaíta que era en amores, a Manuel le faltó tiempo para subir a la habitación donde estaban todos los chicos y soltar la bomba. Lejos de hacerlo con la pena que demostró minutos antes, lo contó como si fuera un logro propio, un gallo de peleas que había ganado la batalla. Sacó pecho, se chocó las manos con todos ellos y presumió su premio en esta cacería. Algo indignante que como espectadora y mujer me pareció absolutamente innecesario emitir. A estas alturas del partido y con la lacra del machismo todavía siendo un peso social, una situación así debería ser cancelada o, si se emite, al menos señalada como lo que jamás se debería de hacer. "Lobo se ha liado con Bela, tengo el pecho así", dijo señalando su pectoral hinchado y chocando los cinco con sus colegas. 

"A mamarla, es un actor, Lucía rota llorando, mira (pelos de punta), yo me he agarrado con ella, los dos llorando, aquí me tienes para lo que haga falta, a ver quién es ahora el mentiroso aquí, porque yo le puse los cuernos a mi novia, pero él ha venido aquí a liarla. Está llorando pero dice que lo le duele igual que lo mío porque con él lleva nada más que dos o tres meses", presumió a sus amigos.

La escena duró algo más de un minuto, lo suficiente para revolverle el cuerpo a cualquiera. Es muy triste ver a chicos tan jóvenes tener una conversación de este estilo y celebrar su testosterona de esta manera. Sacar pecho porque otros han hecho lo que tú deja mucho que desear, y sobre todo que todos sus compañeros hayan apoyado ese golpe en el pecho, como celebrando que había tenido razón todo ese tiempo, que Lobo sería infiel (tal como lo fue él). Al final, la escena le restó credibilidad al dolor de Manuel, demostrando que en el fondo lo que siente es alegría por desenmascarar a su enemigo y quedar por encima.

Una vez más quien sale perdiendo es Lucía. Y no me vale todo eso que se está comentando de que es el karma y todo lo malo regresa. No es un argumento válido ni humano. El foromato podría pensar dos veces a la hora de editar las imágenes si merece la pena incluir comportamientos de este tipo. Porque no se trata de censurar ni coartar la libertad de expresión, sino de no dar voz a actitudes tan poco ejemplares o al menos, reprocharlas de algún modo.

Personalmente, creo que La última tentación empieza a rozar el aburrimiento con estos casos llevados al extremo y dando poca cabida a comportamientos más sensatos como el de Christofer o Jesús, personas capaces de dar oportunidades y que promueven los sentimientos bonitos en la pareja. Como siempre decimos, no todo vale por llamar la atención y hacer buenos números en las audiencias. El público no es tonto y ya está dando señales de cansancio. Una cosa es entretener y otra rozar lo absurdo.

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