La triste historia de Merle Uribe, que creyó haberlo perdido todo pero vivió para contarlo

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Hubo un tiempo en el que Merle Uribe era una de las más famosas vedettes de México y una de las bellezas más notables de su generación. Pocas —¡ni Olga Breeskin, que era legendaria!— lograban lo que ella consiguió: glamour, fama, presencia en los medios, mucho dinero e incluso, importantes nexos con la exclusica esfera del poder. Sin embargo, de un día para otro todo cambió.

Nacida en la Ciudad de México en 1955, Merle comenzó su carrera como corista y bailarina en el programa 'Variedades de medianoche' que conducían Gualberto Castro y Manuel 'Loco' Valdés, mismo que se transmitió semanalmente entre julio de 1977 y octubre de 1979 por Televisa. 

Ahí, la entonces pelirroja, comenzó a llamar la atención por sus notables atributos físicos (se le llegó a apodar "Las piernas del millón" y se hizo un truco publicitario basado en que supuestamente dicha parte de su anatomía estaba asegurada en un millón de pesos de aquella época) y también porque tenía cierto talento para cantar y bailar — vamos, no era Manoella Torres, "la mujer que nació para cantar", ni tenía el carisma radiante de Verónica Castro o Lucía Méndez, pero consiguió en relativamente poco tiempo convertirse en un rostro familiar para el público y especialmente en una de las figuras favoritas de los caballeros en la época de la música disco.

Merle pronto comenzó a hacer cine (su debut fue en un papel pequeño en 1978 al lado de Juan Gabriel en la cinta semiautobiográfica 'En esta primavera') y a aparecer en clubes nocturnos y palenques. 

Fue así que compartió créditos con Vicente Fernández en la película 'Picardía Méxicana 2' y entre ellos se dio una relación que surgió a raíz de que ella le pidió dejarla ser su "telonera" en sus presentaciones personales en la república mexicana. Se dice en numerosas versiones de la biografía del cantante que en este periplo, Uribe y Fernández establecieron un vínculo íntimo que duró cerca de un año, hasta que ella lo dejó por casarse con el futbolista Héctor Tapia (que jugaba para el Club América) y él inició una larga relación (él sigue casado con Cuca Abarca Villaseñor, con quien se unió en matrimonio el 27 de diciembre de 1963) con la actriz Patricia Rivera, que posteriormente tendría un hijo, Rodrigo, que por 18 años se creería que era hijo del Charro de Huentitán.

Con Tapia, Merle tuvo dos hijos, Héctor Tapia Jr. -quien es abiertamente gay y según se reportó intentó obtener la validación médica para someterse a un cambio de sexo, sin éxito- y Francisco -quien fue detenido por las autoridades por robo y posteriormente fue agredido en un presunto asalto a mano armada.

Según ha relatado la cantante, su esposo fue muy violento con ella en los años que duró el matrimonio (durante los cuales su trabajo se vio interrumpido), incluso, contó en una entrevista de TV que Tapia trató de asfixiarla con una almohada y que se arrepentía de haber contraído matrimonio con el futbolista, por quien dejó la posición de poder que había adquirido no solo al relacionarse con Fernández, sino con otras importantes figuras del mundo de la política y el poder ejecutivo durante el sexenio de José López Portillo, entre ellos, ostensiblemente, Francisco Sahagún Baca, exdirector de la hoy extinta División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD) de la Policía Judicial Federal, que fuera una figura prominente al destaparse la cloaca de corrupción federal en 1983.

Otra razón por la que la carrera de Merle se vio afectada, a mediados de los 90, manteniéndola alejada de los reflectores por más de una década, fue porque, ostensiblemente —de una manera similar a Carmen Campuzano, de hecho— sufrió una fuerte infección bacteriana en el rostro la cual afectó por completo sus facciones. La actriz gastó una fortuna en cirugías plásticas reconstructivas, pero no fue posible que retuviera su aspecto original y esto la traumatizó por años. 

Después, movida por la necesidad de trabajar, ya que en el momento en que sus hijos cumplieron 18 años Tapia le dejó de pasar la pensión, Merle volvió al medio del espectáculo, dando como preámbulo una serie de entrevistas en diversos programas, en los que habló de la desgracia que la había dejado, propiamente, desfigurada.

Desde ahí, básicamente la vigencia que ha tenido se debe principalmente a escándalos en los que se ha visto envuelta, como cuando ella y su hijo Héctor discutieron por la posesión de un departamento en la colonia del Valle de la CDMX, del cual ella jura que fue desalojada por su hijo con engaños, después del sismo del 19 de septiembre de 2017, según alega, ya que dice que él le hizo creer que la casa estaba dañada, pero solo lo hizo para sacarla -durante la discusión se produjo un forcejeo que terminó en gritos, golpes y demandas. 

Merle acusó a su primogénito por 'violencia psicológica y doméstica'. Posteriormente lo acusó de ser homosexual, de ser promiscuo y de tener VIH, mientras que él presentó una orden de restricción contra su madre y se quedó con la casa. En 2019 se acabaron reconciliando, por cierto.

En los últimos años, Merle ha buscado darle un 'spin' positivo a su vida y, como la desaparecida Wanda Seux, se convirtió en activista por derechos de los animales y apoya en sus redes a diversos refugios para perros abandonados, lo cual es loable si se mira como una manera de apartarse del morbo y el escándalo que la han rodeado desde que quiso volver a la fama, pero aunque sus intenciones sean honorables, la verdad es que no hay otra persona más responsable de su destino que ella misma, y así lo ha aceptado en entrevistas más recientes, en las que asegura que a raíz de la pandemia de COVID-19, de algo se ha convencido y es de que, ahora solo depende de sí misma.

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