La predicción más dura de un analista sobre en qué año volverán a abrir con éxito las salas de cine

Cine 54
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Por Alberto Cano.- ¿Cuándo volverán los cines a operar con normalidad? Es la pregunta que muchos cinéfilos nos hacemos a menudo, pero ese horizonte parece estar muy distante todavía. La pandemia continúa avanzando, los grandes estrenos se retrasan una y otra vez, cada vez más salas echan temporalmente la persiana y el streaming sigue ganando terreno frente a la experiencia tradicional en cines.

Aunque la situación del sector es desoladora, parece que aún hay futuro para ese ritual cinéfilo de ver una película en pantalla gigante que tantos espectadores adoramos. Pero ese futuro parece que va a tardar mucho en llegar, o al menos eso opina Eric Wold, un analista de la industria que suele ser una de las principales fuentes de información para inversores de Wall Street.

Photo by Krists Luhaers on Unsplash
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Según detalla Wold en una nota enviada a sus clientes y recogida por medios como Deadline, las salas de cine se recuperarán a un nivel récord después de la pandemia. La demanda acumulada de estos tiempos en los que la falta de estrenos y el avance del virus han impedido la asistencia masiva de espectadores, haría que la taquilla viera incrementados sus ingresos considerablemente una vez que se haya solventado la crisis sanitaria. Sin embargo, este analista especifica que eso no ocurrirá hasta 2023, por lo que sigue augurando unos tiempos difíciles para la exhibición en salas pese a existir la posibilidad de ver algún que otro éxito moderado entre 2021 y 2022.

En comparación con 2019, cuando en Estados Unidos las cifras alcanzaron un total de 11,4 mil millones, Wold predice que la taquilla volvería a caer un 40% en 2021 y otro 7% en 2022, aunque en 2023 llegaría un incremento del 7% que impulsaría la recaudación hacia un nuevo máximo.

¿Podrán las salas de cine resistir tanto tiempo? No hace falta que vayamos muy lejos para encontrar la respuesta. En España, las grandes cadenas de exhibición han comenzado 2021 cerrando la gran mayoría de sus complejos de forma temporal y limitando horarios en muchos otros. La falta de estrenos con atracción global (los blockbusteres que vemos en masa) hace que sea inviable para los cines mantenerse abiertos, y ante el aluvión de noticias sobre continuos retrasos, es muy difícil pensar en que el sector pueda seguir manteniéndose en esta situación precaria dos años más.

Pero no es solo una noticia terrible para las empresas que se dedican a la exhibición en salas. Todos los que disfrutábamos yendo al cine cada semana a ver grandes estrenos nos sentimos huérfanos. Y pensar en la posibilidad de no tener en mucho tiempo la oportunidad de vivir cada semana la llegada de un gran blockbuster en pantalla grande es desolador.

Y es que ir al cine en estos tiempos pandémicos ha dejado de ser lo mismo. Apenas hay títulos en cartelera, no hay gente con la que compartir la experiencia colectiva de ver una película y no hay grandes eventos cinematográficos que guíen la conversación social durante varios días. Y desde luego, el ir a algún complejo y ver el lugar completamente desierto es muy desconsolador, tanto como ver que grandes producciones acaban estrenándose sin pena ni gloria en las plataformas mientras las salas se mueren pidiendo a gritos grandes estrenos.

“Menuda experiencia sería ver esta escena en pantalla grande”, “menuda rabia tener que ver esto en la televisión de mi salón pudiendo haberlo hecho en una sala de cine”, “qué desolador que esta gran película haya acabado perdida en el catálogo de una plataforma cuando en salas podría haber arrasado”. Estas han sido las frases que continuamente pasaban por mi cabeza mientras veía películas como Soul, Mulán o Historias lamentables desde mi casa, y visto el panorama, parece que seguirán repitiéndose mientras espero ansioso esa vuelta a la normalidad que, acorde a las predicciones, tardará en llegar.

Y es que aunque el streaming haya abierto muchas posibilidades en el mundo audiovisual, no hay nada comparable a la experiencia de ir al cine, entrar en una sala enorme, sentarte en tu butaca con tu cubo de palomitas y disfrutar de una película en un pantallón gigante. Un ritual que es sagrado para muchos cinéfilos.

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