La polémica sobre usar la enorme riqueza de los multimillonarios para resolver problemas del mundo

Cuando una persona acumula en sus negocios y actividades tanto dinero que ha logrado que él y sus familiares durante varias generaciones aseguren la satisfacción de sus necesidades, inquietudes, lujos e incluso caprichos a gran escala, si ha acumulado considerable influencia y fama, en su sector o a escala general, y si incluso posee un importante grado de poder que va más allá de lo meramente económico, ¿para qué más le sirve toda su fortuna?

Es claro que esas riquezas carecen de utilidad para el propietario cuando se va a la tumba y que, al final, solo lo que deje un impacto duradero tendrá una mayor trascendencia. Para muchos, el mejor de esos impactos es destinar la mayor cantidad de recursos posibles al bien común, a solventar muchas de las enormes carencias y sufrimientos que padece la humanidad y a preservar y acrecentar el legado humano en el arte, la ciencia y las demás grandes realizaciones del espíritu humano.

Jeff Bezos, presidente de Amazon y la persona más rica del mundo. (AP)

Así, en estos tiempos de pandemia, en las redes sociales proliferan las afirmaciones sobre por qué, ante la enormidad de la miseria humana, los que tienen una enormidad de recursos económicos no las destinan para mitigar y resolver sus causas y consecuencias.

O, desde la otra perspectiva, se preguntan en qué contextos quienes poseen esa riqueza sí la canalizan a acciones de beneficio social.

Un ejemplo de esa discusión se desplegó en el portal Bored Panda. Allí, se  relata cómo un usuario dijo no entender a individuos como Jeff Bezos, el presidente de Amazon y la persona más rica del mundo, que teniendo fortunas de muchos miles de millones de dólares no se dedican “compulsivamente” a arreglar problemas. Menciona como ejemplos el ayudar a los veteranos indigentes y a los niños  que sufren hambre. “Él [Bezos] podría ser un Batman. Qué desperdicio”, remata ese comentario.

En respuesta a eso otra usuaria afirmó que la respuesta es, en realidad, que las personas que tienen interés en hacer eso (arreglar problemas sociales) no son las que se convierten en multimillonarios como Bezos. Y lo explica con una anécdota de su padre que, en líneas generales, concluye que para lograr crear un imperio como Amazon u otras grandes corporaciones es necesario sacar ventaja de otros, sean sus clientes, sus empleados, sus proveedores.

Es decir, que una acumulación material tan ingente tiene, en esa lógica, un punzante e inevitable filo ético. Y si se ha hecho lo necesario para escalar hasta esa posición, se desprende de esa conclusión, sería obvio que ese multimillonario no dedique su fortuna a luchar contra la indigencia, el hambre u otras lacras.

El buen empresario, en cambio, aunque se asegura una vida desahogada da prioridad a las necesidades y el bienestar de sus empleados, concediéndoles prestaciones y beneficios generosos, protegiéndolos en momentos de crisis y no se aprovecha impropiamente de sus proveedores y clientes. Por ello aunque vive confortablemente no se vuelve un magnate con miles de millones de dólares, pues no ejercita la práctica de obtener la máxima ganancia al menor costo posible, incluso si eso requiere abusar de terceros.

Esas nociones son correctas en buena medida, aunque tienen también algunos equívocos.

Es cierto que muchos han acumulado enormes fortunas aprovechándose de otros, vía depredación de su entorno y explotación de sus empleados, manipulando mercados y con corrupción, sometiendo a competidores y extrayendo de sus clientes y proveedores ventajas impropias. Eso es ciertamente censurable, castigable legalmente en los casos aplicables y una de las lacras del capitalismo salvaje.

Pero no podría afirmarse a rajatabla que todo multimillonario practica o ha practicado eso, como tampoco son ciertas las nociones, también arraigadas en algunos sectores  pero falaces, de que todas las personas de bajos recursos tienden inherente e inevitablemente a la criminalidad o la laxitud moral.

Los claroscuros son muy variables, pero es indudable que el perfil del empresario exitoso pero a la vez solidario debería prevalecer y que muchos grandes magnates tienen, con frecuencia, esqueletos en el clóset.

El multimillonario Bill Gates muestra una vacuna. El fundador de Microsoft ha destinado miles de millones de su fortuna a su fundación, que trabaja para combatir la enfermedad y la pobreza en el mundo. (Getty Images)

En contrapartida, resulta equívoca la afirmación de que los multimillonarios en sí no dedican su fortuna a resolver o mitigar problemas sociales o a promover las mejores expresiones del ingenio humano.

En  realidad muchos lo hacen, y en gran cantidad, aunque cada uno con diferente énfasis, magnitud y mecanismo. Algunos apoyan causas filantrópicas y sociales, pero no tienen interés en ser una clase de “Batman”. Muchos prefieren canalizar los recursos a organizaciones cívicas, científicas, sociales y culturales para que sean ellas en su especialidad y dedicación las que ejerzan esos recursos.

Bill Gates, de figura largamente controversial, y su esposa han donado decenas de miles de millones de dólares a su fundación, que trabaja globalmente para reducir la enfermedad y la pobreza. Warren Buffet, otro histórico magnate, también ha donado miles de millones de dólares a fines filantrópicos.

Y el propio Bezos, quien es el más rico del mundo pero no el número 1 en donaciones, donó 100 millones de dólares a la organización Feeding America para combatir el creciente problema de hambre que se vive en Estados Unidos por efecto de la pandemia de coronavirus y ha donado otras decenas de millones a organizaciones que ayudan a personas indigentes.

Eso no pone de lado la severa crítica que se le ha hecho a Bezos, y a otros magnates, por las prácticas cuestionables, el afán de dominación del mercado o la explotación de sus empleados que se ha denunciado en su contra. Y, recientemente, han crecido las denuncias de que trabajadores de Amazon están desprotegidos ante la epidemia de Covid-19.

La revista Forbes ofrece un listado de los mayores donantes a causas filantrópicas, entre ellos los mayores multimillonarios del mundo. Y aunque ciertamente puede afirmarse que muchas de esas figuras podrían aportar más y, en paralelo, que varios de ellos podrían (y deberían) realizar actividades empresariales y financieras menos depredadoras y más socialmente responsables, también es cierto que muchas organizaciones que trabajan por el bien común se han beneficiado, y con ello las personas y causas a las que sirven, de las donaciones de esos magnates.

Warren Buffet, uno de los mayores multimillonarios del mundo e impulsor de la iniciativa The Give Pledge para que magnates donen la mayoría de su riqueza a actividades filantrópicas. (Getty Images)

Ciertamente, el hambre, la enfermedad, la indigencia y otros graves problemas no se han acabado, y por ello es imperativo hacer más en todos los niveles.

Y muchos de esos multimillonarios se han comprometido, en la iniciativa The Giving Pledge a dedicar la mayor parte de su fortuna a causas de beneficio social.

En contrapartida, hay quienes plantean que sería mejor que en lugar de acumular tales ingentes fortunas para luego (quienes así lo deciden) donarlas, no sería mejor a escala social que esas personas y sus empresas no se conviertan en gigantes desmesurados y en cambio redistribuyan la riqueza que generan vía mejores condiciones para sus empleados, sus proveedores y sus clientes.

De ese modo, se plantea, lograrían  ellos una situación de desahogada seguridad económica, contribuirían de antemano a prevenir depredaciones y desigualdades y construirían un mejor entorno general.

Esa dicotomía, el multimillonario como prueba de la opresión del capitalismo salvaje o el multimillonario que ejerce una amplia filantropía son con sus diversos matices dos caras de la misma moneda.

Y otros creen, también con fundamento, que en realidad hay que transformar a gran escala el modelo económico vigente para frenar la desigualdad, promover la justicia social y preservar las libertades y oportunidades para todos.