La oleada de menores que cruzan la frontera solos pone a prueba al gobierno de Biden

Jesús Del Toro
·11 min de lectura

A la frontera sur de Estados Unidos ha llegado una nueva oleada de menores migrantes solos, en su gran mayoría originarios de Centroamérica. Según cifras recientes, al 14 de marzo había 4,200 menores migrantes no acompañados bajo custodia de las autoridades de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP), mil de ellos arribados al país en tan solo la semana previa, según reportó la BBC.

La llegada de tal gran cantidad de esos menores en poco tiempo ha tomado a algunos por sorpresa, aunque el fenómeno era previsible, y todo ha sido también utilizado como un ariete para que demócratas y republicanos se golpeen entre sí.

En tiempos de Biden. Un menor migrante no acompañado es transportado por la Patrulla Fronteriza tras ingresar a Estados Unidos en Peñitas, Texas, el pasado 9 de marzo de 2021. (REUTERS/Adrees Latif)
En tiempos de Biden. Un menor migrante no acompañado es transportado por la Patrulla Fronteriza tras ingresar a Estados Unidos en Peñitas, Texas, el pasado 9 de marzo de 2021. (REUTERS/Adrees Latif)

Con todo, el problema va más allá de las disputas partidistas y podría convertirse en una crisis humanitaria mayor, tanto porque la capacidad de las autoridades fronterizas estaría ya desbordada para recibir y albergar a tantos menores como porque la infraestructura y recursos para ello son inadecuados e insuficientes.

Además, el actual gobierno de Joe Biden tiene el imperativo moral de tratar a esos menores de modo digno, humano y justo, luego de que durante la pasada administración de Donald Trump se establecieron medidas crueles y violatorias de los derechos humanos contra los migrantes, como fueron la separación de familias y la reclusión de menores en condiciones inaceptables.

Esa es una de las aristas de la presente crisis: los menores son actualmente detenidos en instalaciones no apropiadas para ellos y por tiempos más largos de lo que la regulación señala.

Ciertamente, la situación actual no es la de menores en jaulas y familias separadas que se vio con horror durante el gobierno de Trump, pero en todo caso las instalaciones donde se les ha ubicado son de tipo carcelario, lo que ha sido severamente criticado.

Los demócratas repudiaron con fuerza esa política de Trump y el propio Biden prometió dar a los migrantes un trato humano. No prometió recibirlos indiscriminadamente ni actualmente la frontera se encuentra abierta a la inmigración irregular, pero sí planteó que se les daría un trato distinto, respetuoso de sus derechos humanos y en el contexto de una estrategia integral para atender las causas de la migración en sus países de origen.

En general, esos menores optaron por dejar sus lugares de origen para escapar de la violencia y la miseria y tratar de encontrar una vida mejor con familiares que ya se encuentran en Estados Unidos.

Entonces, ¿por qué se sigue recluyendo a menores migrantes en centros de detención de tipo carcelario, por qué se hace eso por tiempos que son mayores a los permitidos legalmente?

Ha sido también muy criticado que el actual gobierno haya reabierto centros de detención de menores en Texas y Florida, sitios que en el pasado fueron foco de la crítica de organizaciones defensoras de los migrantes y de los propios demócratas.

Por ejemplo, Ro Khanna, representante federal demócrata por California, dijo en un tuit que “moralmente está mal que los menores acompañados [en los centros de detención] no tengan comida adecuada, lugares para ducharse o ayuda legal. Necesitamos trabajar para reunirlos con sus familiares que ya están en Estados Unidos, agilizar las solicitudes de asilo y albergarlos en lugares más humanos a través de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados”.

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De acuerdo a Newsweek, Khanna no avala que una instalación de la NASA en su distrito sea reconvertida en un centro de detención de menores. Y también se ha dicho, de acuerdo a CNN, que se planea usar un centro de convenciones en Dallas para albergar a menores migrantes.

Todo ello ha encendido críticas. Lo que los defensores de los migrantes y muchos demócratas, y que Khanna señala, es debe dejarse atrás el modelo de centros de detención de menores e instalar a los que cruzan la frontera, de entrada, en lugares más hospitalarios, en albergues similares a hogares y no en espacios de tipo prisión como los actualmente utilizados.

Cuando un menor cruza solo a Estados Unidos, las autoridades no pueden enviarlo de vuelta del otro lado de la frontera sino que deben custodiarlo provisionalmente y canalizarlo a la brevedad a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, entidad que tiene la obligación de revisar el caso de cada menor, ubicarlo en albergues dignos, identificar a sus familiares en Estados Unidos y en su caso entregarlo a esos familiares en tanto se resuelve su caso en una corte de inmigración.

De acuerdo a las autoridades estadounidenses, se ha tenido que mantener a los menores que han llegado recientemente en esos centros de detención (a veces por más de las 72 horas permitidas por la ley) y se han debido abrir más de esos lugares por la gran cantidad de ellos que han cruzado recientemente, lo que ha desbordado las instalaciones de la Patrulla Fronteriza. Las regulaciones sanitarias para prevenir contagios de covid-19 también serían razones para ello, se afirma.

Es decir, esos centros de detención serían lugares provisionales para atender la presente crisis (el gobierno de Biden no ha querido, con todo, calificar así a la situación actual) pero aunque las explicaciones al respecto son plausibles, la tensión sigue siendo muy considerable y se reprocha que, sea como sea, el gobierno actual está haciendo las cosas de modo similar, al menos en lo relacionado al tipo de lugares donde se mantiene a esos menores, a la pasada administración.

El gobierno actual ha insistido en que, con todo, su trato a esos migrantes adolescentes es el mejor posible y no tiene que ver a lo hecho en la pasada administración.

Con todo, ¿por qué no se ubica a esos menores en albergues diferentes? ¿Realmente no pensaba el gobierno actual que una oleada migrante de este tipo iba a darse?

En tiempos  de Obama. Menores migrantes en un centro de detención en Arizona esperan turno para hacer una llamada  telefónica, el 18 de junio de 2014. (AP Photo/Ross D. Franklin, File)
En tiempos de Obama. Menores migrantes en un centro de detención en Arizona esperan turno para hacer una llamada telefónica, el 18 de junio de 2014. (AP Photo/Ross D. Franklin, File)

Al tratarse de menores, las autoridades deben asegurarse, para evitar abusos y tráfico de personas, que las personas a quienes les son entregados son realmente sus familiares. Pero la gran cantidad de ellos ha hecho que todo eso resulte más lento, con el añadido de las limitaciones de la pandemia, y ello habría causado, se explica, el “mal menor” de tener que recurrir “humanamente” a centros de detención.

Se ha dicho que muchos de esos menores, y también migrantes adultos y familias, decidieron tratar de ingresar a Estados Unidos porque creían que el gobierno de Biden iba a recibirlos, una noción que ciertamente no es cierta (la frontera sigue cerrada la inmigración irregular), pero que era previsible que pudiera interpretarse así dado el discurso pro inmigrante de Biden, su crítica a la rudeza de su antecesor y al hecho de que, en efecto, Estados Unidos ya está recibiendo a los solicitantes de asilo que esperaban en México la resolución de sus casos luego de que se canceló el programa que los mantuvo fuera de Estados Unidos.

Traficantes de inmigrantes, se dice, han distorsionado todo ese contexto para hacerles creer a migrantes que el nuevo gobierno de Estados Unidos les abriría a todos las puertas. Con ello, los llamado ‘coyotes’ o ‘polleros’ han incrementado sus ganancias con las ingentes sumas que cobran a migrantes y han contribuido de modo ominoso a la presente crisis.

Por ello, puede reprocharse al gobierno de Biden que no se hubiese preparado más ante una nueva oleada de menores migrantes que era previsible, aunque en su descargo se afirma que todo ha sucedido en las primeras semanas de su mandato y por ello la presente administración no tuvo mucho tiempo de preparación.

El tiempo, empero, avanza, las críticas arrecian y la llegada de menores solos continúa en la frontera. El anuncio del gobierno de que se recurrirá a apoyo de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), instancia que actúa en casos de desastres naturales y otras crisis, para ampliar y mejorar la atención de los migrantes menores no acompañados sugiere que la actual administración ha comprendido la magnitud del problema y busca encararlo de un modo a la vez efectivo y humano, es de esperar que lejos de la crueldad que tuvo hacia los migrantes el gobierno de Trump.

En ese contexto, la disputa política esta candente, y muchos usan la presente crisis en la frontera para golpear a la Casa Blanca de Biden y apuntalar su posición política entre los grupos de derecha radical antiinmigrante que son numerosos e influyentes en el Partido Republicano.

Por ejemplo, el líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, ha culpado a la administración de Biden de la presente crisis, lo que tiene detrás una torcida hipocresía pues, al parecer, lo que consterna a McCarthy es que se admita a un gran número de menores, no las condiciones en las que estos son mantenidos, ni el hecho de que el pasado gobierno, del republicano Donald Trump, haya implantado una política antiinmigrante tan ruda e inhumana que provocó un trato indigno a los migrantes que arribaron y una severa presión que disuadió a muchos de intentar el cruce.

La menor cantidad de menores que llegaron al país en la parte final del gobierno de Trump se debió, en gran medida, a la ominosa mezcla de la brutal disuasión que se ejerció contra los migrantes que cruzaban (con familias separadas y menores retenidos en jaulas) y a las restricciones generales al cruce fronterizo establecidas en el contexto de la pandemia de covid-19.

Es decir, a McCarthy, y a muchos en la derecha radical, lo que parece molestarles es, en sí, que lleguen y sea recibidos más menores migrantes (situación obvia, dada la presión previa impuesta sobre ellos por el gobierno de Trump) y no si el trato que se les da es justo o digno (algo que ciertamente tampoco les preocupó mucho durante la pasada administración).

La líder de la mayoría demócrata y presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi, ha por su parte rechazado las críticas republicanas y dijo, en entrevista con ABC News, que “lo que la administración [de Biden] heredó en la frontera fue un sistema roto, y está trabajando para corregirlo en beneficio de los menores. Me agrada que el presidente, como una medida temporal, haya enviado a FEMA a la frontera para ayudar… Esta es una transición de lo que estaba mal antes [con Trump] a lo que es correcto. Desde luego, debemos también que ver a Centroamérica, México y el resto. La corrupción, la violencia, todo eso está muy mal”.

Está por verse si el nuevo gobierno efectiva y rápidamente puede superar la presente situación para lograr una solución digna y duradera no solo al tema de los menores que cruzan solos sino a todo el fenómeno de la inmigración.

En tiempos de Trump. Migrantes, entre ellos familias y menores de edad,  detenidos dentro  de  jaulas en un centro de detención en McAllen, Texas, el 17 de junio de 2018.  (U.S. Customs and Border Protection's Rio Grande Valley Sector via AP)
En tiempos de Trump. Migrantes, entre ellos familias y menores de edad, detenidos dentro de jaulas en un centro de detención en McAllen, Texas, el 17 de junio de 2018. (U.S. Customs and Border Protection's Rio Grande Valley Sector via AP)

Es cierto, como señala Pelosi, que graves problemas en los países de origen de los migrantes son causa de la crisis migratoria actual, pero Estados Unidos también tiene responsabilidad en ello, tanto por los efectos de su política económica y su injerencismo en años pasados en los países expulsores como porque, en territorio estadounidense, ha recurrido por décadas a mano de obra barata y con frecuencia explotada sin reconocerles derechos ni ofrecerles opciones de legalización. Con todo, esos migrantes que dejaron la pobreza o la violencia en sus países de origen han contribuido sustantivamente a la prosperidad general estadounidense, y muchos siguen emprendiendo el viaje al norte que, aunque muy rudo, les significa una esperanza de una vida mejor.

El gobierno de Biden, que ha presentado ya una reforma de inmigración significativa, tiene así la obligación y el reto histórico de corregir las injusticias y crueldades, reconocer las aportaciones de los inmigrantes y ofrecer una vía de legalización a los indocumentados y de reunificación para las familias, atender con justicia y compasión los flujos presentes y futuros de migrantes y apoyar a los países de origen de ellos para permitirles un desarrollo digno que permita a sus ciudadanos quedarse en sus terruños con esperanza y oportunidades.

Ese reto es enorme y no es de fácil solución, pero es necesario y urgente, para el bien tanto de los migrantes como del mismo Estados Unidos.