La llegada del hermano o hermana, una crisis para el crecimiento familiar

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Poner en perspectiva las emociones que se ponen en marcha en nuestro hijo o hija con la llegada de un hermanito/Getty images.
Poner en perspectiva las emociones que se ponen en marcha en nuestro hijo o hija con la llegada de un hermanito/Getty images.

Las dificultades y el estrés que sentimos padres y madres ante la expresión de emociones intensas de nuestros hijos encuentra uno de los mayores retos ante la llegada de un segundo hijo por la llamada crisis de celos infantiles.

¿Son normales los celos o debemos preocuparnos?

Algunos autores como la psicóloga infantojuvenil Yolanda González matizan que en general los celos infantiles son naturales y responden a la necesidad instintiva de preservar el vínculo de apego seguro con la figura maternante ante “un rival” que antes no existía. El conocido pediatra y autor Carlos González propone que imaginemos cómo nos sentiríamos si un buen día llegara nuestra pareja a casa con otra mujer u hombre más joven, diciendo que a partir de ese día tenemos que dormir en otra habitación para dejarle nuestra cama y que debemos querer y compartir nuestras cosas con esa persona. Luego invita a que pongamos en perspectiva las emociones que se ponen en marcha en nuestro hijo o hija con la llegada de un hermanito.

Los celos, cuando no son patológicos, son la expresión de una conducta adaptativa frente al temor a la pérdida del vínculo que conlleva al intento de recuperar la condición de bienestar que se percibe en riesgo. En el caso de los niños alguna de las conductas son los lloros, las llamadas rabietas, regresiones hacia comportamientos de un bebé recién nacido para recuperar la conexión con mamá, entre otros.

Un acompañamiento paciente y amoroso serán los factores de protección para que la crisis de la llegada de un segundo hijo no resulte traumática/Getty Images.
Un acompañamiento paciente y amoroso serán los factores de protección para que la crisis de la llegada de un segundo hijo no resulte traumática/Getty Images.

Los celos también pueden ser la manifestación del deseo de posesión de algo propio. Podemos entender que sea una conducta normal para un niño o niña que se encuentra en una etapa madurativamente egocéntrica (primera infancia) en la que existe una relación biológica de exclusividad diádica con su mamá (mamá es solo mía) y que puede aparecer cuando se hacen conscientes de la presencia de un tercero como el papá o un hermanito.

Dependiendo del grado y la destructividad de la expresión de los celos, podría decirse que hay celos naturales y celos patológicos. Sin embargo hay que poner en perspectiva la diferencia entre los celos adultos autónomos capaces de autogestionar su equilibrio psíquico, racional y emocional, respecto al niño naturalmente inmaduro emocional y cognitivamente de quién podemos esperar su expresión intensa de los celos.

Aunque al principio nos pueda parecer demasiado complejo y frustrante, un acompañamiento paciente y amoroso serán los factores de protección para que la crisis de la llegada de un segundo hijo no resulte traumática para las criaturas y a largo plazo se construyan buenas relaciones entre los hermanos.

Factores que inciden en el aumento de la expresión de los celos infantiles

En todo escenario de acompañamiento en la crianza debemos ser conscientes de las características individuales de cada niño como factor que contribuye a que perciban y expresen las emociones de un modo más o menos sensible o intenso.

También un factor de pesó será la distancia de edad entre un hermano y el siguiente. A menos años de diferencia pueden aumentar los celos. Esto se explica por razones madurativas. Recordemos que un niño hasta los tres años continua en la primera subetapa de la primera infancia, es decir que física, psicológica, evolutivamente, sigue siendo un bebé, con necesidades y dependencia intensa y constante de su figura maternante o primaria de apego. Un peque de dos o tres años puede sentir y manifestar celos con más intensidad y frecuencia que un niño de cuatro años quien ya cuenta con más madurez y defensas psicológicas para integrar la llegada de un hermanito o hermanita.

Cuidado con esto: a menudo nos pasa que al tener en brazos a nuestro segundo hijo recién nacido percibimos a nuestro hijo mayor como un niño grande aún cuando sigue siendo un bebé o niño pequeño escasamente autónomo, con necesidades y emociones constantes e intensas. Desde esa percepción subjetiva nos creamos expectativas falsas de autonomía que un niño pequeño, aunque no sea recién nacido, no puede alcanzar, y que nos llevan a hacer demandas o exigencias no viables o desmedidas para su edad empeorando así sus crisis emocionales ante la llegada de un hermano o hermana. No hay que perder de vista que en la primera infancia los niños tienen muchas necesidades y dependen constantemente de nosotros para regularse.

Negar, reprimir, censurar, la expresión de los celos empeora la situación. El niño se sentirá sólo, incomprendido y desatendido en sus pedidos de atención con lo cual los celos pueden sentirse y manifestarse aún más intensamente.

Es habitual, y yo diría que natural, el hecho de que una madre o un padre sienta mayor conexión o resonancia espontánea con un hijo o hija más que con otro/Getty Images.
Es habitual, y yo diría que natural, el hecho de que una madre o un padre sienta mayor conexión o resonancia espontánea con un hijo o hija más que con otro/Getty Images.

La calidad del vínculo, grados de intimidad y conexión emocional, la capacidad de respuesta segurizante de la figura maternante, la constelación familiar particular, y clima emocional del entorno familiar, el número de hermanos, el lugar en el qué nos encontramos, hijo mayor, menor, el del medio: ¿cómo esta mamá, cuán sostenida, apoyada para maternar o no, cuán conectada o no con los hijos, un divorcio o quiebre de pareja, dificultades económicas? Todos estos aspectos pueden influir en que los celos o la rivalidad entre hermanos sea una crisis de cambio vital o se ahonde y perpetúe en el tiempo afectando la buena relación entre hermanos.

La diferencia del trato por parte de la madre o los padres a cada hermano puede afectar los celos y la rivalidad entre hermanos. Es habitual, y yo diría que natural, el hecho de que una madre o un padre sienta mayor conexión o resonancia espontánea con un hijo o hija más que con otro. Por razones diversas como nuestras condiciones del momento vital en que ha llegado al mundo, tener inclinaciones e intereses, ritmos, energías comunes (hay hijos y madres o padres más físicos o más intelectuales o más creativos). Es importante detectar esta sinergia y ser conscientes sobre la importancia de no discriminar, de hacer sentir a todos los hijas e hijos amados, importantes y únicos, porque lo son, si queremos evitar conflictos. Sin darnos cuenta podríamos hacer sentir más aceptado e integrado o rechazado y expulsado de nuestro territorio emocional materno o paterno a uno o a otro hijo o hija.

¿Qué podemos hacer para mitigar la rivalidad entre hermanos?

Reconocer los celos y aceptarlos. No negar, juzgar, inhibir o reprimir las emociones. Con la represión el niño no deja de sentir la rabia, el miedo o los celos hacia el hermano y encima acaba viviéndolos en soledad y la incomprensión de sus padres. En momentos de dificultad los niños necesitan más que nunca sentirse sentidos y regulados emocionalmente por sus adultos de confianza. Es importante permitir que exterioricen sus emociones y sentimientos de forma inocua, mantenernos dispuestos a acompañar, contener y nombrar lo que pasa haciéndoles sentir la seguridad de que sin importar lo que haga nunca será rechazado por sus padres. Cuando sea necesario podemos impedir que se haga daño a sí mismo, al hermanito o a otra persona con firmeza y empatía.

No fuerces a tu hijo a querer a su hermanito ni a hacer falsas reparaciones (tienes que querer a tu hermanito, anda y dale un besito). Los niños pueden tener sentimientos ambivalentes de amor y rechazo hacia sus hermanos. Es importante aceptarlo y acompañarles a gestionarlo sin represiones que acaban por interferir o cronificar una eventual crisis de celos.

Reconoce la individualidad en cada hijo o hija. No pierdas de vista que aunque sean hermanos, pequeños o grandes,  son personas distintas y únicas/Getty Images.
Reconoce la individualidad en cada hijo o hija. No pierdas de vista que aunque sean hermanos, pequeños o grandes, son personas distintas y únicas/Getty Images.

Busquemos tiempo para compartir en exclusiva con el hermanito o hermanita mayor, hagámoslo sentir único y amado, celebremos el lugar que ocupa en la familia, la importancia que tiene ese lugar que ocupa (eres la hermanita mayor y tu hermano te admira y te imita), lo feliz que nos hace tenerlo en nuestra vida.

No obligues a tu hijo o hija a hacerse cargo de su hermano menor, asumiendo responsabilidades que no le corresponden a él o ella sino a los adultos a cargo. Esto puede crear resentimientos y aumentar el conflicto entre hermanos.

Reconoce la individualidad en cada hijo o hija. No pierdas de vista que aunque sean hermanos, pequeños o grandes, son personas distintas y únicas. Respeta sus gustos, inclinaciones particulares, su diferenciación. Favorece las oportunidades para que puedan expresarse y conectarte con su esencia individual, en lugar de llevarlos a las mismas actividades, vestirlos con la misma ropa, etc. Evita las tan lesivas comparaciones.

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