Una escena en la piscina destapa las costuras de 'La Isla de las Tentaciones 3'

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Como ocurre en el ajedrez, para avanzar en La isla de las tentaciones y no quedarse fuera de juego, hay que mover ficha. Parece que la tentadora Stefany se sabe muy bien el cuento y está haciendo una jugada maestra. Su giro inesperado de ‘ahora que Manuel solo tiene ojitos para Fiama me beso con Jesús’, nos ha dejado en jaque mate y con una pregunta en el aire: ¿ha sido algo espontáneo, es puro interés o siguen órdenes para enredar aún más la telenovela?

Una escena muy llamativa en la última gala podría destapar este misterio y posible montaje.

Stefany y Jesús en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)
Stefany y Jesús en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)

La cosa se pone buena. Cada semana estamos más enganchados a La isla de las tentaciones 3 y eso es buena señal de que han dado en el clavo con el casting y sus tramas. A veces uno ya no sabe si está viendo un reality o el capítulo 220 de un culebrón mexicano. La jugada a cuatro bandas de Manuel, Fiama, Jesús y Stefany nos dejó un poco descolocados. Después de la doble estocada del sevillano con las dos pretendientas en una misma noche era fácil deducir que se decantaría por la canaria. Y con Stefany, si te he visto, no me acuerdo.

De eso se trata el juego, ¿no? De probar, de avanzar y de tentar. En menos de 24 horas la catalana se vio compuesta y sin chico mientras Fiama tomaba la delantera. Lo curioso de todo esto no es el hecho en sí, sino lo que desencadenó la travesura de Manuel. Uno pensaría que la chica aceptaría su derrota y se retiraría sin más. Pero no, todo lo contrario. El giro inesperado del novio de Lucía dio paso a uno de los momentos más surrealistas de la noche, el rollo casi inmediato y de lo más sospechoso de Stefany y Jesús.

La escena cumbre de la noche ocurría en cuestión de segundos y en plena fiesta. Cuando Manuel ya tenía claro que iba a por todas con Fiama, su extentadora y el novio de Marina estrecharon lazos de una forma realmente sospechosa. En cuestión de segundos se acercaron, se confesaron y, sin preámbulo que valga, se besaron. Una reacción de aquí te pillo, aquí te mato que para los que somos un poquito mal pensados nos hace plantearnos si, a lo mejor, la maquinaria del programa, con todo su derecho y además muy bien hecho, estaría detrás de este cambio magistral en el guión que cuadriplica el interés por la trama.

O si son sus propios protagonistas los que se lanzan a la piscina en busca de protagonismo. Es decir, una teoría tampoco demasiado descabellada es quizás las gana de fama, tele y gloria de la tentadora. Más que ver a una chica atraída por alguien, aquello parecía una escena de Robocop. Todo frío y aparentemente calculado.

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Todo fue tan rápido y tan raro que no terminamos de creernos lo de felices los cuatro. Razones para no tragarnos el nuevo romance sobran. El momento clave que confirma nuestras sospechas de que Stefany precisamente cómoda y atraída por Jesús no estaría tuvo lugar en la piscina. Lo que empezó con besos y una conversación de besugos en el salón entre la nueva e insólita pareja acabó con los cuatro en el jacuzzi de la piscina. Mientras Fiama y Manuel parecían estar disfrutando de lo lindo y se dejaban llevar por la pasión, lo de Jesús y Stefany era un verdadero cuadro. Los gestos de incomodidad de la catalana mientras se besaban, la falta absoluta de chispa y las miradas de la joven hacia otro lado te hacen sentir como espectador que todo es un paripé.

Manuel nos gustará más o menos, pero no puede disimular que se lo está pasando pipa. Vive cada encuentro con Fiama con un derroche de lujuria que, aunque nos de penita por Lucía, nos hace estar pendientes. Hay verdad y se palpa, algo que en el caso de Jesús y Stefany brilla por su ausencia. La escena entre ambos fue un poquito patética, para qué mentirnos. Y no por el hecho en sí de que se enrollaran, sino porque se veía bastante forzado.

Una incomodidad que puede ser fruto de varias cosas. Como planteamos anteriormente, bien podría haberlo hecho por el despecho de ver a Manuel dándole calabazas, o porque sigue órdenes de más arriba y está interpretando un papel. O es consciente de la fama que acarrea dar protagonismo en el reality, como sucedió con muchos de los concursantes del pasado. Si Stefany no da este paso, habría una trama menos. Con ellos liados el cuento se alarga, la historia de Marina y Lobo se potencia y aquí todos contentos. No se trata de una elucubración, sino de unas caras que lo decían todo. Si la mirada es el espejo del alma, la de Stefany en el jacuzzi con Manuel parecía la de una penitencia.

El espectador no es tonto, que son muchos años viendo realities y el instinto ya no falla. El asunto nos empezó a oler a chamusquina en la cocina. Visto el pasotismo de Manuel, Stefany se pegó a las faldas de Jesús para contarle cómo se sentía. Todo realmente fuera de lugar y demasiado obvio. Incluso el propio Jesús le dijo en un momento de la conversación que no se fiaba del todo de ella y que verla con Manuel al inicio fue una “puñalá”. Pero ella se encargó de ir ganándose la confianza en tiempo récord. “No se fía de mí, pero a mí me gustaba desde el principio y quiero ganarme su confianza”, dijo ella con cero credibilidad en un momento del programa.

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Luego llegaron las frasecitas de él sobre cómo le gustan los pechos operados, “y tú los tienes” o “a mí me entran unas ganas de liarme contigo de locos” y una petición de beso como colofón que resultó bastante penoso. Todo muy forzado, poco creíble y hasta algo desagradable. La situación era de todo menos espontánea, más que las ganas de vivir la experiencia me parecía estar viendo la escena de dos actores pésimos siguiendo un guión en el que no creen.

Bien porque haya sido impuesto o porque les apetezca seguir en el juego para dar de qué hablar, lo cierto es que cuesta creer que su repentina atracción surgió de forma natural.

Pero que no se equivoquen. Para el espectador amante del formato no todo vale y esa falta de realidad es lo que hace que su historia pierda interés. Si vas a poner cuernos o tentar hazlo porque verdaderamente te nazca, le duela a quien le duela, no porque sí. Hacer por hacer resta frescura y eso la cámara lo capta a la primera. Queremos verdad, por muy dura que sea, pero sin aditivos ni máscaras. Si se pierde la autenticidad, se pierde todo y eso sí que no lo compramos.

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Imagen: Twitter/La isla de las tentaciones

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