La realidad paralela de Marina (La isla de las tentaciones) donde no existe la autocrítica

Cine 54
·5 min de lectura

La falta de autocrítica en La isla de las tentaciones bien podría ser uno de los requisitos en los procesos de casting. Después de ver a Fani, Andrea, Tom o Mayka dar rienda suelta a la pasión en otras ediciones, echando la culpa de su infidelidad a la pareja, la rutina, la presión o los celos, ahora llega una Marina indignada con las imágenes de su novio sin un mínimo mea culpa ante su propio flirteo con Isaac.

Y yo cortándome... dijo a sus compañeras tras ver a Jesús haciendo comentarios fuera de lugar en su intento inmaduro por animar las fiestas, despertando la furia de las redes sociales ante la hipocresía de sus actos.

Imagen: Twitter.com/islatentaciones/; Mediaset
Imagen: Twitter.com/islatentaciones/; Mediaset

Marina es una concursante que ha ido a por todas, a cumplir el propósito del programa a rajatabla, arriesgándose y poniéndose a prueba con su tentación más extrema. Como espectadores del formato, ella es la concursante perfecta. Su flirteo con Isaac (Lobo) comenzó en el primer día y desde entonces se han dejado llevar sin poner freno alguno a la atracción evidente que sienten.

Sin embargo, a diferencia de Lola que sufre la contrariedad de sentirse atraída por Simone junto a la responsabilidad de no querer hacer daño a su pareja, actuando con el corazón pero también meditando cada uno de sus actos; Marina se deja llevar sin medir sus consecuencias. De su novio Jesús apenas habla y si lo hace es para ventilar todo lo malo de su relación que ahora dice haberse dado cuenta. Mientras Lola dijo abiertamente que le daba más miedo la hoguera que Diego vería debido a su cercanía con el italiano; Marina no dijo ni pío. Ella sigue en sus trece y si Jesús llora o sufre con sus imágenes no parece importarle mucho.

Y con este panorama llegaron las primeras hogueras. La de Jesús la vimos la semana pasada, descubriendo a un novio dolido y tan lleno de rabia que casi daba por terminada la relación al ver que su novia tenía acercamientos peligrosos con uno de los solteros en dos días. Al volver a la casa siguió hablando de su dolor, pidió a sus compañeros que quitaran la foto de Marina de su habitación y cada dos por tres habla dolido de ella.

Y así, sin pensar en cómo sus actos podrían haberle caído a Jesus, llegó Marina a su primera hoguera jactándose de lo muy segura que se sentía mientras sus compañeras temblaban de los nervios como gelatinas. Pero la joven se llevó la sorpresa de ver a su novio más “abierto” y sociable de lo que imaginaba, hablando de la falta de pasión tras dos años de pareja, invitando a las chicas al jacuzzi y lanzando frases de lo más desacertadas como “¿A qué vengo a jugar a las canicas?”, “vamos a disfrutar, a pasar los días y ser un poco perros” y la perla de la noche, “En tiempo de guerra, todo agujero es trinchera”.

A Marina le indignaron las frases, normal, pero optó por tomárselas como ejemplos de que Jesús no era el novio que ella creía después de cinco años juntos. Yo también voy a ser muy perra” lanzaba en tono de venganza cuando ella dijo desde un primer momento que quería que Jesús se lo pasara bien. Y es lo que el chico está haciendo, sus frases fueron desubicadas pero no ha cruzado los límites con ninguna soltera. A diferencia de ella...

Tampoco le ha gustado ver la conexión que Jesús tenía en su cita y su rabia la llevó a revelar que a Jesús no le gusta que se vista con escotes o minifaldas ni la lleva a bailar porque “la discoteca no es lugar para llevar a las novias”.

Pero en ningún momento reflexionó o hizo autocrítica. Es cierto que Jesús tuvo frases fuera de lugar y mal gusto que bien podrían definirse como señal de inmadurez e intento de colegueo en la casa, pero ¿y lo que está haciendo Marina? Su atracción con Isaac, los tonteos constantes, las miradas, los arrumacos en la piscina, el casi beso jugando con el hielo… ¿y eso cómo se lo bebe Jesús?

Ella ahora cuestiona los sentimientos de Jesús diciendo “creía que estaba enamorado de mí” a raíz de unas frases, pero no revisa sus propios actos que pueden llevar a que Jesús se pregunte lo mismo. Sobre todo cuando los frenos que va poniendo con Isaac no parten de su intención de querer ser fiel, sino del morbo que le provoca. Así lo confesó ella misma y, después de la hoguera, llegó el primer beso.

Marina parece vivir una realidad paralela en esa dimensión desconocida a la que entran muchos concursantes cuando llegan al reality. Allí no existe la culpa o la autocrítica. Evidentemente las críticas y memes no se hicieron esperar tras el episodio del jueves:

Da la sensación que Marina fue buscando excusas para poner fin a su relación, de ahí que no tenga reparos en dejarse llevar sin detenerse a analizar el dolor que pueden provocar sus acciones. Lo de mirarse el ombligo y echar las culpas al otro es una táctica infalible en La isla de las tentaciones a la hora de sacarse una relación de encima.

Más historias que te pueden interesar:

Imagen: Twitter.com/islatentaciones/; Mediaset