Lucía, de víctima a villana de un reality en tan solo una semana

Teresa Aranguez
·6 min de lectura

Si hace unos días nos hubiesen preguntado quién era la favorita de La isla de la tentaciones 3, la respuesta habría sido inmediata: Lucía. Pero a día de hoy el concepto sobre la gaditana es muy diferente. Ha pasado de ser bautizada como la reina del show ha convertirse en la alcahueta número uno de la villa. Su afición a los corrillos y un par de detalles muy feos con quienes decía llamar sus amigas le han hecho descender del trono en apenas 48 horas.

Lucía en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)
Lucía en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)

Llegó a la isla con ese aire angelical y gracia andaluza que encandiló al público casi desde el primer minuto. Pero fue la infidelidad confesa de su novio Manuel antes de entrar al reality lo que hizo que casi todos empatizáramos con ella antes de que arrancara la aventura. Ya sabemos que esto de las deslealtades consigue emblandecer y hasta casi cegar al público convirtiendo a la víctima en la pobrecita de la película.

Grave error. El no ver más allá del engaño y encasillar a quienes lo sufren como los buenos, consigue que se nos escapen detalles importantes de la persona. Luego pasa lo que pasa, sorpresita, o mejor dicho, sorpresón. Eso es exactamente lo que ha pasado con Lucía. Su discurso desde el comienzo fue el de la novia sacrificada que aguanta una cruz muy pesada sobre los hombros, su Manué. Llegaron a la isla como víctima y verdugo, pero las tornas han cambiado, al menos para Lucía.

La mejor amiga de Lola ha ido mostrando todos sus colores poco a poco, pasando del llanto por la traición de su novio a ser el centro de las discordias en la casa. La primera pista que nos dio Lucía sobre su verdadera personalidad ocurría precisamente con su compañera de cama, Lola, esa misma chica que fue muy criticada por su frialdad a la hora de consolarla. El famoso juego de a tres entre ella, la leonesa y Carlos, terminó siendo a dos y eso parece que nunca terminó de perdonárselo.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Al día siguiente, y muy a pesar de Lola, ya lo sabían hasta los cangrejos de la isla. Tanto Carlos como ella se encargaron de pregonarlo al grupo. Si tan amiga eres de una persona y algo de su comportamiento te ha molestado, lo más oportuno para evitar malos entendidos sería hablarlo directamente, darse las explicaciones necesarias y poner las cosas en su sitio. Pero no, Lucía construyó la casa por el tejado, primero se lo dijo a todos, sembró la duda a sus compañeros, ayudada por Carlos (quien también ha demostrado su doble cara), y volvió a quedar como la víctima de esta supuesta trastada.

Algo en el espectador, no todos pero sí muchos, hizo click a partir de ese momento. Están allí para compartir su sentir y hablar de lo que pasa. Pero hacerlo por la espalda, y más de tu amiga, fue muy revelador. Sobre todo porque días antes había sido su hombro amigo que aguantó y apoyó los sollozos interminables de la gaditana tras descubrir el panorama de Manuel en la otra casa. Lola estuvo para ella en los peores momentos. Es cierto que cansada de tanto lloro terminó cantándole las 40, pero por su bien.

Podrá gustar más o menos su reacción, pero lo hizo con su mejor intención. Desde fuera es muy fácil criticar y decir que no tuvo paciencia con ella, pero hay que verse en la situación para opinar. Lola estuvo para Lucía, pero Lucía no estuvo para Lola y su lío monumental. Empezó a cuchichear sobre ella y dejarla no precisamente en buen lugar, una doble cara que sus compañeros no han visto pero que las cámaras han captado a la perfección.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Desde entonces nada entre ellas ha sido lo mismo, ni tampoco la visión que el público tenía de Lucía. Pudo haber sido una equivocación y punto, pero la gaditana volvió a errar, esta vez con su otra mejor amiga en la casa, Marina. El jueguecito inocente de Lobo y Caperucita al que entraron Isaac y Lucía nos ha tenido de los nervios toda la semana. El programa dio un adelanto de ese acercamiento, y por mucho que lo nieguen ambos, allí saltaron las chispas. Juececitos en la piscina, caricias bajo la luz de la luna...y todo con Marina durmiendo en su habitación.

Las opiniones, como suele ocurrir en estos casos, están divididas. Hay quienes creen que la cosa no fue para tanto, y otros, como yo, que consideramos que a Lucía y Lobo se les fue la manita. Que le gusta el chaval es un hecho, en eso no hay nada que reprocharle, pero entonces que no castigue la cercanía de Lola con Carlos, el soltero que teóricamente le gustaba. Porque ella tampoco le contó lo sucedido a Marina por la mañana, como tampoco Lola lo hizo con ella. Pero con lo que no contaba Lucía es que Sandra Barneda, esa mujer que está en todos lados, aparecería con su famosa tablet para mostrarle las imágenes a todas sus compañeras.

Antes de llevar a cabo esta jugada maestra, Sandra le dio la oportunidad a Lucía de que contase qué pasó y si hubo intenciones picaronas entre ella y Lobo. Cansada de quedar siempre como la mala del cuento, Lola la desenmascaró delante de todas revelando la escenita romántica que habían visto ella y Carlos. Lucía pudo sincerarse y hablar con naturalidad de lo que pasó, pero optó por quitarle hierro al asunto dejando a Lola como exagerada y mentirosa. Hasta que la presentadora dio al play y allí se quitaron las máscaras.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

La escena fue de las mejores que hemos visto en las tres ediciones. Una idea brillante del programa. Todas se quedaron con la boca abierta, sobre todo Marina. "Joer", soltó de primeras. "Yo creo que él te hubiera besado en alguna de las situaciones. Os miráis y no sé noto algo, que creía que no iba a notar. Me ha sorprendido. Si hubiera estado yo, no lo hubieran hecho así. Estoy un poquito rayada", dijo poco después cuando tuvo palabras para reaccionar.

Fue el típico momento de 'tierra, trágame' que a nadie le gustaría vivir. En menos de un par de minutos, Lucía dejó de ser la niña santa que sus compañeras, a excepción de Lola, creían. Y no pasa nada. La novia de Manuel tiene todo el derecho de soltarse la melena, de dejarse llevar y tontear con quien le dé la real gana, que para eso ha ido. Pero de frente, sin filtro ni caretas.

De la noche a la mañana, la novia despechaba que lloraba por las esquinas por su Manué, se ha coronado como la villana de la isla. Un giro radical que ha dado la vuelta a la tortilla. Ahora que se ha quedado sin su amiga Lola, sin su cita con Carlos y con Marina más unida que nunca a Lobo, ¿qué le deparará el destino a Lucía en el concurso? De momento parece que ha pedido una hoguera de confrontación... la pregunta es ¿se atreverá Manuel a darle explicaciones?

Más historias que te puedan interesar:

Imagen: La isla de las tentaciones/Twitter