Por qué Lola no es tan criticada como Marina si está haciendo lo mismo en 'La isla de las tentaciones 3'

Teresa Aranguez
·7 min de lectura

Lo enfados y las decepciones ya han llegado a las villas de La isla de la tentaciones 3. Después de una segunda gala llena de emociones es fácil adivinar quiénes están más cerca de morder la fruta prohibida. Lola y Marina, por ejemplo, son las primeras de la lista. Y tampoco lo disimulan. El coqueteo máximo con los solteros Simone e Isaac ya forma parte del decorado. A pesar de que ambas están haciendo lo mismo, a la novia de Jesús le llueven las críticas por descarada, mientras que Lola es la pobrecita del cuento por la que todos sienten pena.

¿Por qué no se las mide con el mismo rasero si sus acciones no son tan diferentes?

Lola y Marina (Mediaset)
Lola y Marina (Mediaset)

La gala de este jueves no ha decepcionado, en todo caso nos ha dejado con ganas de más. Nos quedamos sin saber qué careto pondría Diego cuando vea a su inocente Lola intercambiar miradas interminables con Simone. El chico hizo sus apuestas y aseguró estar casi convencido de que su pareja le iba a respetar. Menudo chasco se va a llevar. El italiano se está ganando a Lola en un tiempo récord. Y no es para menos, la trata como una princesa y está pendiente de ella, gestos cariñosos que, según ella, no ha recibido de su pareja en los últimos tiempos.

Una situación que no difiere tanto de la de Marina. La novia de Jesús también ha reconocido que después de cinco años de relación y de ser casi la ‘mamá’ de su chico, está cansada, desgastada y con ganas de recuperar la ilusión. Con Lobo, su soltero predilecto, tampoco se corta. Se miran, se ríen, se acarician, y cuando lo hacen saltan las alarmas y las chispas. Tienen electricidad desde el minuto uno y no pueden controlarlo, se les va de las manos, nunca mejor dicho.

Marina y Lola han sido las primeras en dejar salir sus emociones y confesar su verdad: no son felices con sus novios, les falta vidilla y la están encontrando en ese rinconcito del Caribe. A eso van las parejas, ¿no? A buscarse y encontrarse. Se están entregando al máximo y viviendo la esencia del programa sin autocensurarse, justo lo que queremos y pedimos como espectadores. Sin embargo, han adquirido roles diferentes. Y eso es lo que hace que no se las vea igual. ¿Injusto? Mucho. Pero así es la vida.

Aunque Lola se come a Simone con los ojos, ella es la comprendida. Su actitud de niña buena, sus lágrimas y su miedo constante a hacer daño a Diego y perder a su perro conecta con el público. Se la ve sufrir a pesar de estar haciendo lo que no debe y eso la hace ver más humana. Su sensibilidad y su constante sentido de culpa consigue que se la entienda y la gente empatice con ella.

Una actitud que nada tiene que ver con la de Marina, ella es echada para adelante, un tren sin frenos, apasionada y con las ideas claras. Se la ve segura, firme y un poquito fría. No ha derramado ni una lágrima, y ya sabemos que eso vende mucho. Ese comportamiento de tía guerrera y de armas tomar no ha calado en el público que la ha puesto verde, azul, morada y de todos los colores. Su carácter no gusta y por eso las redes siguen ensañándose con ella por su coqueteo extremo con Lobo.

Tampoco ayuda mucho que Jesús, su pareja, sea tan buenazo, o al menos que lo parezca. Decir que estás aburrida de tu chico porque es demasiado bueno y te complace en todo no dejó en buen lugar a Marina. “Siempre me ha dado todo, pero muchas veces cuando te lo dan todo te cansas. Yo he estado muy enamorada de mi novio. Y lo quiero muchísimo. Pero eso va en decadencia. Mi destino me está diciendo que necesito un cambio de vida ya”, dijo sin pelos en la lengua. Unas frases desafortunadas que han conseguido que le hagan la cruz.

La gente no entiende que deje a su novio porque sea un trozo de pan. Eso la ha rematado y convertido en la mala, malísima de esta historia. Pero, sigo preguntándome por qué nos quedamos siempre en la superficie de las cosas y no vamos un poquito más allá. En otras palabras, lo que la chica ha querido decir es que se aburre, y punto. Está harta de ejercer de madre y a sus 21 años quiere vivir. Y bueno, pues tampoco hay que acribillarle por eso. ¿Tan malo es llegar a esa conclusión? Qué sí, que lo podía haber hecho antes de ir a la isla, ¡pero entonces no tendríamos programa!

Está claro que aquí hay que ir llorando por las esquinas para que te quieran. Y eso es lo que le pasa a Lola. Su chico no ha sido precisamente un novio en condiciones. La mintió con lo del video, no es muy cariñoso y no es precisamente detallista. Razones suficientes para que esté decepcionada con él y encantada con las atenciones de Simone. Hasta ahí todo bien, pero en el fondo, en el fondo, no hay tanta diferencia con Marina. Son dos chicas jóvenes, que se han desenamorado de sus parejas y quieren disfrutar de la vida después de tantos años metidas en una relación sin futuro.

Dos formas diferentes de actuar, pero con un mismo sentir. Tampoco ha ayudado mucho la filtración del vídeo sexual de Marina y Lobo. Eso ya le ha catapultado en el concurso y coronado como la Estefanía de la isla. Tampoco creo que sea justo. Lo ideal, por supuesto, es ser fiel y no hacer daño al compañero. Pero van allí para probarse, así que tampoco vayamos ahora de jueces por la vida. ¿Qué las cosas se pueden hacer mejor? Pues sí. ¿Qué las dos están tonteando sin frenos de ningún tipo y por lo tanto poniendo en peligro sus relaciones? También.

A los defensores de Lola que no se les olvide que ha soltado perlitas como “se me cae la baba” o “dame cariño, yo me dejo achuchar” en apenas tres días. Pasan horas juntos en el sofá mirándose, sonriéndose y abrazándose. Lo suyo es mucho más tierno que lo de Marina y Lobo, está claro, pero aquí no medimos los actos por el nivel de dulzura sino por los hechos en sí. Es obvio que Lola llega dolida a la isla y que tiene motivos para no sentir mariposas cuando habla de su novio. “Lo que a Diego le falta hacia mí que tiene Simone es esa atención, yo tengo que ir detrás. Igual se ha acostumbrado. Necesito esa esencia de cariño para fortalecer la relación. A mi me encanta que me abracen, que me hagan sentir como una princesita. Suena típico pero me hace sentirme muy bien", reconoció con cierto grado de culpa.

Y luego está lo de la custodia del perrito. Los que tenemos mascota en casa sabemos que son uno más de la familia. Separarse de tu pareja implica separarse del pequeñín también y no verle todos los días. Eso duele. Pero más duele ser infeliz. La pobre Lola era un paño de lágrimas al pensar en qué pasaría con su Horus del alma. Este tema ha alborotado las redes y provocado todo tipo de memes, como es lógico. A ella le importa su hijito peludo, su novio es un añadido. Así que ahí no hay nada más que hacer.

En definitiva, una es dulce y romántica, la otra clara y apasionada. Uno de los novios es pasota, el otro demasiado intenso. Diferentes circunstancias, pero el mismo fondo: se acabó el amor. Lo suyo es la crónica de una ruptura anunciada.

Lola y Marina están siendo ellas, con sus miedos y contradicciones, con sus meteduras de pata e inseguridades, pero sin trampa ni cartón. Y eso es lo que nos gusta, si todo fuera perfecto, bonito y puro, no se llamaría La isla de las tentaciones. No estamos en misa ni en un convento, así que queremos verdad, y con ellas lo estamos teniendo. Como espectadora no puedo estar más agradecida.

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