'La isla de las tentaciones' demuestra sin darse cuenta el estorbo de Kiko Matamoros

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En el debate del lunes de La isla de las tentaciones hubo una ausencia que, en mi opinión, no pasó desapercibida. Y no hablo de Nagore Robles que lleva dos debates sin aparecer por el plató (siendo reemplazada por Belén Esteban) sino de Kiko Matamoros. El tertuliano y colaborador no estuvo en su puesto habitual al lado de Terelu Campos a pesar de haber participado en los tres debates emitidos previamente. Y reconozco que como espectadora noté enseguida su ausencia a raíz de una revelación en particular.

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Entre repasos del capítulo anterior, imágenes exclusivas y adelantos, el cuarto debate se centró sobre todo en la filtración de Zoe en la hoguera de los chicos, pero aún más en la reacción desesperada de Alejandro y el ataque de pánico que sufrió tras ver las imágenes de su novia, Tania. El momento contagió angustia y compasión por él, provocó desazón entre sus compañeros y colocó a Sandra Barneda en una situación delicada, sacando de ella su parte más humana al tomar las riendas del momento y contenerlo, para luego detener la grabación y romperse a llorar tras la tensión vivida.

Sin embargo, si algo puedo destacar de este cuarto debate es que mientras lo estaba viendo noté que por fin podía escuchar las interesantes reflexiones de la psicóloga Arantxa Coca sin que nadie la cortara, ni discusión o debate de por medio. Y es que a lo largo de los debates pasados los espectadores fuimos testigos de diferentes situaciones donde la especialista en relaciones de pareja chocó con Kiko Matamoros mientras hacía sus análisis, contagiando una reacción incómoda ante las opiniones del colaborador o rompiendo su perfil medido para poner fin -o intentarlo- a los descalificativos.

Arantxa Coca en La isla de las tentaciones (Luis Miguel Gonzalez, Mediaset)
Arantxa Coca en La isla de las tentaciones (Luis Miguel Gonzalez, Mediaset)

Por ejemplo, durante el segundo debate cuando hablaban de Rosario y Arantxa Coca explicaba que la concursante era una persona “combativa” y ante el dolor “se crece” a través de la venganza, Matamoros replicaba alzando la voz diciendo que la gente no reacciona así ante el dolor sino “jodiéndote” porque “el dolor te aplasta”. Aquello generó una fuerte discusión con Nagore y otros tertulianos atacando al colaborador de Sálvame por creer que solo él conoce cómo vive cada persona el dolor en su vida. La psicóloga no se sumó al debate sino que mantuvo la elegancia sin entrar al trapo, pero los que salimos perdiendo fuimos los espectadores que nos quedamos con ganas de terminar de escuchar su reflexión sobre el dolor y la venganza en las relaciones. Es más, yo misma tuve la sensación de que Arantxa Coca evitaba la mirada, enfrentamiento o reacción contra Kiko después de aquel momento. La pullita llegó una hora más tarde cuando Kiko reculó en su análisis sin aparentemente darse cuenta y la psicóloga lo destacó, “ahora veo que me has dado la razón” le decía destacando la diferencia en cómo cada uno gestiona el dolor.

En el tercer debate el choque fue más evidente cuando Kiko Matamoros debatía sobre la reacción de Rosario lanzándose al beso con Suso, llamando al tentador “coñazo” y “pesado” como justificativo de por qué la joven se lanzó a darle el primer beso. En ese momento, Arantxa Coca pidió la palabra añadiendo una reprimenda directa a Matamoros: “Debemos recordar que son personas no personajes” dijo, apuntando que más allá de que los concursantes se falten el respeto en sus vidas o en pareja, “aquí no podemos hacerlo”.

Kiko no se quedó callado y pidió explicaciones a la psicóloga manteniendo un aire que, desde casa, recordaba al tipo de debate confrontativo que solemos ver en Sálvame. Casi evitándole la mirada -quizás para no alargar la discusión- Coca apuntó que se debían evitar “determinadas expresiones”, sumándose entonces la madre de Alejandro -que lleva varias semanas soportando críticas contra su hijo- señalando a Matamoros por llamarlo “lelo”. Pero el tertuliano se mantuvo en sus trece incluso asegurando que podía ser “infinitamente más duro” a la hora de recurrir a los adjetivos, sin aparentemente comprender el mensaje de la psicóloga y la madre. “Estás ahí para opinar, para colaborar, pero no para insultar” le espetaba la madre mientras Sandra Barneda intentaba calmar las aguas y Matamoros llamaba a Alejandro “cavernícola”, oyendo bajo micrófonos a la psicóloga diciendo “eso no hace falta”.

Si bien es cierto que al tratarse de un debate los espectadores solemos ser testigos de momentos en que no entendemos lo que están diciendo porque los colaboradores alzan la voz, se pisan mutuamente o discuten al mismo tiempo, en el caso de Arantxa Coca, ella es quien a veces desencaja en ese plató. Y no precisamente para mal, me refiero a todo lo contrario. Básicamente porque es la voz del conocimiento, quien aporta reflexiones teóricas sobre los comportamientos que vemos en pantalla, ayudando así a humanizar a los concursantes, construyendo un puente de comprensión entre el espectador y los protagonistas. Incluso con sus reflexiones, la psicóloga está ayudando a reconocer actitudes o situaciones de pareja que todos hemos vivido o estamos viviendo, aportando un granito de arena que se antoja más personal para el espectador, que se aleja del show del reality y que, en mi opinión, le añade razón de ser a un debate que sin ella y sus reflexiones sobre las emociones en pareja sería innecesario.

Sin embargo, en los debates pasados tuve la sensación de que algunos de sus análisis no terminaban de encontrar conclusión precisamente por la discusión, el debate, o el enfrentamiento por el show televisivo. Como señalaba, en más de una ocasión ese enfrentamiento o aparente choque se dio con Kiko Matamoros y, como espectadora, hasta tuve la sensación de ver incomodidad en la reacción de la psicóloga. Como si evitara la mirada del tertuliano y se abstuviera a responderle manteniendo distancias bajo su perfil profesional.

No obstante, durante la emisión del lunes tuve la sensación de que por primera vez podía escuchar las reflexiones de la psicóloga en su totalidad y profundidad. Habló de las emociones detrás de un ataque de pánico en detalle, reflexionando en el miedo y la pérdida. Habló de la dependencia emocional en la relación de Gala y Nico y de cómo los roles pueden quedar definidos en una relación cuando existe un rol de “rescatador” desde el inicio de la pareja. Pudimos escucharla sin debates de por medio y en total profundidad.

Y todo esto coincidiendo con que no estaba Kiko Matamoros en el plató. Desconozco el motivo de su ausencia, si tuvo algo que ver con aquel enfrentamiento con la psicóloga y la madre de Alejandro en el tercer debate o si simplemente se tomó el puente, pero sin dudas desde casa se pudo notar un soplo de aire diferente a la hora de escuchar y prestar atención a las reflexiones de la psicóloga. Porque, al final, en un reality de este tipo no hace falta descalificar a los concursantes alimentando indirectamente las críticas negativas en redes sociales -que varios concursantes han sufrido en sus propias carnes, como Fani, Andrea, Lola, Lucía y ahora Alejandro- ni tampoco creo que sea de buen gusto televisivo enfrentarse al experto contratado como si Aranxta Coca fuera una tertuliana más con la que entrar al trapo como si La isla de las tentaciones fuera Sálvame o el Deluxe. En cierto sentido, y quizás sin darse cuenta, los responsables del debate dieron un lugar más elevado a Arantxa Coca y la relevancia de sus reflexiones en este tipo de programa, y justo en el día sin Matamoros.

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