La importancia de 'nutrir' bien a las bacterias 'buenas’ que cohabitan contigo

Los seres humanos alojamos en nuestro organismo unos cien mil millones de bacterias de numerosas especies. La piel, las mucosas y el intestino son áreas donde habitan muchas de ellas, y a ese conjunto de microorganismos en un lugar específico lo denominamos “microbiota” o “flora microbiana”. 

La gran pregunta que muchos nos hacemos es de dónde provienen estos microorganismos y para qué sirven. 

Resulta que nuestra microbiota se va formando desde el embarazo y la lactancia, por lo que incluso el tipo de leche materna también va a intervenir en su formación

A medida que vamos creciendo, desarrollando y creando hábitos de alimentación, sueño, actividad física, y a medida también que vamos experimentando estrés, nuestras bacterias van quedando establecidas para realizar un papel clave en la salud. Por ello es de vital importancia que nuestra microflora esté bien equilibrada.  

Una gran mayoría de las bacterias de nuestro organismo realizan funciones vitales. (Foto: Getty Creative)

¿Para qué sirven tantas bacterias? 

Las gigantescas colonias de bacterias que hacen vida en nuestro organismo influyen en el mantenimiento de diversas funciones vitales. Por ejemplo: 

  1. Nos ayudan a mantener una buena digestión y a acelerar el tránsito intestinal, evitando el estreñimiento. Esto último ocurre cuando llega la fibra intacta al colon, se fermenta por las bacterias y se generan gases.

  2. Contribuyen con nuestro sistema inmune, que actúa como una barrera protectora. Es decir, evita la invasión por parte de agentes extraños o patógenos que pueden causar enfermedades infecciosas.

  3. Cooperan con el buen mantenimiento de la mucosa del colon. 

En consecuencia, es de fundamental importancia ofrecerles a las bacterias, por extraño que parezca, los nutrientes que ellas necesitan para desarrollarse y así nosotros poder gozar de sus privilegios. 

Una buena flora intestinal ayuda a evitar problemas como el estreñimiento. (Foto: Getty Creative)

Cuestión de equilibrio

Cuando existe un desequilibrio en el número o tipo de bacterias de nuestro cuerpo, se producen alteraciones en el estado de salud. Algunas de estas manifestaciones son dolor de cabeza, migrañas, acné en el adulto, cistitis, dolores articulares y musculares, problemas hormonales, depresión, ansiedad y fatiga crónica. 

Como ya mencionamos anteriormente, entre los factores que contribuyen a esta alteración están el estrés, el sedentarismo y la mala alimentación. Y, en consecuencia, antes de abordar cualquier plan de recuperación, es vital comprender el contexto emocional, laboral y nutricional de la persona. 

Estilo de vida y microbiota 

Para tener una buena salud intestinal se requiere seguir un patrón de alimentación equilibrado y antiinflamatorio. Este debe incluir mucha fibra y los llamados polifenoles, sustancias con función antioxidante que obtenemos de las frutas, vegetales y productos integrales. 

La fibra soluble presente en las manzanas, tomate, avena, cebolla, legumbres, alcachofas, ajo, cebolla, espárragos y banana es esencial para el crecimiento y actividad de nuestras bacterias. 

También es muy recomendable consumir yogur y utilizar saborizantes naturales como orégano, clavos de olor, ajo y cúrcuma. 

Una alimentación rica en fibra soluble nos ayuda a beneficiarnos de las bacterias amigas. (Foto: Getty Creative)

Por otro lado, debemos moderar el consumo de azúcares de absorción rápida, grasas trans y saturadas. Es decir, y una vez más: hay que reducir al mínimo las harinas refinadas, productos ultraprocesados, dulces, refrescos, embutidos y carnes rojas. 

Igualmente importante es evitar el alcohol y el tabaco. Si acaso tienes problemas con el consumo de estas sustancias, tal vez ya sea hora de que emprendas una desintoxicación definitiva y abandones el vicio.

Por otra parte, aprender a gestionar nuestras emociones y el estrés es fundamental para no somatizar en nuestro intestino los conflictos u obstáculos que se nos puedan presentar en el día a día, ya que esto nos puede llevar al desequilibrio de su función. 

Los pensamientos, sentimientos y conductas positivas, así como las diferentes maneras de canalizar el agobio (actividad física, leer, aprender cosas nuevas, enseñar y disfrutar del camino y no solo de la meta) son claves para sanar nuestro sistema digestivo y por ende nuestra salud en general. 

¡Protege tus microorganismos! Recuerda, ellos cohabitan contigo. Si ellos están bien, tú estarás bien.


Gabriela Weiser es graduada en Nutrición Humana y Dietética (NHD) por la Universidad de Navarra (España) y estudiante de Medicina en la Universidad Austral de Buenos Aires (Argentina). Actualmente trabaja como nutricionista online. Su Instagram es: @the_healthywei