La historia real de BTK, el asesino en serie de Mindhunter capaz de provocar tus peores pesadillas

NOTA: si acabas de comenzar Mindhunter, o estás en el principio de la segunda temporada o ya te la hayas devorado, puedes leer tranquilo. Este artículo no contiene spoilers de la serie sino que intenta profundizar en la historia real de uno de los asesinos que aparecen en la trama.

Mindhunter volvió con una segunda temporada digna del éxito de la primera con nueve episodios de infarto que siguen indagando en la mente de los asesinos en serie que sembraron el pánico en los años 70 y 80, mientras profundizan en las consecuencias profesionales y psicológicas de sus protagonistas, los investigadores del FBI, Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany).

Y mientras cada capítulo introduce criminales diferentes de la historia estadounidense -como hicieron con la primera temporada-, hay un nombre que se convierte en protagonista desde el principio: BTK. Y no solo por sus siglas -que significan Atar, Torturar y Matar en inglés- sino porque aparece desde el comienzo, convirtiéndose en un personaje clave, no solo de esta temporada sino posiblemente en el futuro de la serie de David Fincher.

Mientras los rumores que rodearon la serie y el tráiler promocional nos hicieron creer que la segunda temporada utilizaría la figura de Charles Manson como posible protagonista del terror, la serie nos sorprende con esta historia real aterradora sobre un asesino que se cobró la vida de diez personas y que aún hoy, en 2019, sigue con vida.

Sonny Valicenti interpreta a BTK (Netflix)

BTK son las siglas que se asignó a sí mismo Dennis Lynn Rader, un padre de familia que sembró el pánico en Wichita, Kansas, entre 1974 y 1991, sin que su familia jamás sospechara nada. Ni su esposa ni sus dos hijos, ni su comunidad, sabían que este hombre, devoto a la iglesia local, era el responsable de la masacre de diez personas.

Nacido en 1945, Dennis Rader era un hombre a la vista ejemplar. Sirvió en las Fuerzas Aéreas, estudió un grado de electrónica y otro de administración de la justicia, contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Tuvo varios trabajos relacionados con seguridad e incluso era el presidente del consejo de su iglesia luterana y líder de los ‘boys scouts’ del barrio. Mientras tanto, él era el responsable de los terribles asesinatos que aterrorizaron la zona durante años.

Sus fantasías comenzaron cuando era joven a través de ideas sexuales sadomasoquistas, imaginándose atando a mujeres para controlarlas, como muestra la serie en una de las escenas de introducción del personaje. Sus primeras víctimas fueron cuatro miembros de la familia Otero, asesinados un 15 de junio de 1974. Los cuerpos del padre, 38, la madre, 33, y dos hijos de 11 y 9, fueron encontrados por el hijo mayor de la pareja cuando volvía del colegio. Tenía 15 años en aquel entonces y lo que se encontró fue terrible. Rader primero asesinó a los padres, obligando a que los niños observaran el crimen para luego ahorcarlos. Sin que nadie lo supiera, Rader había escrito una carta donde describía el crudo asesinato con todos los detalles, pero la había escondido en un libro de ingeniería en la biblioteca local. Y como nadie la encontraba, contactó al periódico local para informarles dónde estaba escondida la confesión. Buscaba atención mediática desde el principio.

Cuatro años más tarde, envió una carta a la televisión local, KAKE, asegurando ser el responsable de aquellos asesinatos y sugiriendo nombres para que la prensa se refiriera a él, incluyendo BTK, las siglas que según lo definían (bind -atar-, torture -torturar- y kill -matar-). Poco después envió una segunda carta en donde se burlaba de la madre asesinada y demandaba la atención de la prensa, confirmando que Wichita tenía a un asesino en serie deambulando por sus calles.

Los siguientes asesinatos ocurrirían años más tarde, en marzo y diciembre de 1977, y el terror se apoderó de la ciudad de nuevo. Y tras un tiempo, atacó otra vez en abril de 1985. Y en algunos de estos casos también hizo que los niños estuvieran presentes. Tardó ocho años en volver a cometer otro crimen -aunque lo intentó en 1979 pero su víctima escapó de la muerte cuando Rader se cansó de esperarla en su casa- y en esta ocasión los detalles son de los más escabrosos. El asesino lo planificó de tal manera que tenía plásticos y materiales guardados en la iglesia para cometer su crimen. Asesinó a Marine Hedge, de 53 años, un 27 de abril de 1985 y guardó su cuerpo sin vida en la iglesia durante varios días. Allí le tomó fotografías de tono sexual sadomasoquista hasta que arrojó el cuerpo en una zona remota el 5 de mayo.

Varias mujeres pidieron órdenes de alejamiento en su contra en los 80s y 90s sin levantar las sospechas de la policía, y sus últimas víctimas perdieron la vida en septiembre de 1986 y enero de 1991. Su modus operandi solía ser el mismo, sorprendiendo a sus víctimas en sus casas y asesinándolas por estrangulación o ahorcándolas, utilizando sus manos, medias de nylon, cuerdas, un cinturón o bolsas de plástico. Solo una de ellas fue asesinada por apuñalamiento.

Rader solía llevarse recuerdos de cada asesinato, licencias de conducir, muñecos y fotografías tomadas de sus crímenes, que guardaba en una caja en su casa sin que su familia sospechara nada. Y poco a poco fue enviándolas a la policía y la prensa local. Los años pasaron y la policía dejó de buscarlo de manera activa. Era un caso sin salida a pesar de las cartas que Dennis Rader había enviado. Y el propio asesino se impacientó. Quería ser reconocido por sus actos y en 2004 -13 años después de su último asesinato- comenzó a enviar cartas de nuevo. Confundía a la prensa con cartas que llevaban nombres falsos o juegos de palabras. Ese mismo año dejó un paquete en una señalización de tráfico con las descripciones gráficas de su primer asesinato y un boceto para un libro. Poco después repitió la táctica con otro paquete en la biblioteca pública, asignándose otro asesinato que en realidad había sido un suicidio. Los paquetes continuaron apareciendo con detalles sobre los asesinatos y pruebas físicas durante meses. Hasta que cometió un error.

Tras años sin ser capturado debería sentirse tan seguro de sí mismo, que preguntó a la policía si podía ser rastreado si enviaba sus cartas en un disquete. La policía respondió a través de un periódico, diciéndole que sería seguro. Y el asesino cometió un error. En febrero de 2005 envió un disco flexible de 1.44 megabytes a una cadena de televisión. Así, los investigadores encontraron un documento de Word borrado que, sin que Rader se diera cuenta, contenía las palabras “Iglesia de Cristo Luterana” y el nombre “Dennis” aparecía como el último que lo había modificado. Y así descubrieron que un tal Dennis Rader era el presidente el consejo de esa misma iglesia y que poseía un Jeep Cherokee similar al que había sido captado por las cámaras de seguridad en una ocasión cerca de uno de los paquetes.

Pero las evidencias eran circunstanciales, y la policía necesitaba una evidencia física para proceder al arresto. Y lo que hicieron es realmente de película. Consiguieron una orden para analizar el ADN de un prueba de papanicolau que la hija de Rader se había hecho en la clínica de la Universidad de Kansas y lo analizaron con ADN encontrado en las uñas de una de las víctimas. Y concordaban, el asesino estaba relacionado con la hija de Rader.

Fue arrestado el 25 de febrero de 2005 y en su juicio se declaró culpable por cuenta propia, dando detalles específicos de cada asesinato y al final se disculpó durante la sentencia en un monólogo de 30 minutos que el fiscal comparó con la aceptación de un premio de la Academia. Lo condenaron a 10 cadenas perpetuas consecutivas con un mínimo de 175 años de prisión y sin posibilidad de libertad condicional.

Quizás no lo sepas, pero Stephen King se inspiró en él para su novela corta Un buen matrimonio, al igual que Thomas Harris cuando creó el personaje de Francis Dolarhyde en su novela El dragón rojo. Incluso su hija publicó un libro este año hablando sobre su experiencia creciendo a su lado y su lucha interna por comprender la doble vida de su padre.

Es más, al leer su historia recordé a Arthur Mitchell, el asesino de la ficción conocido como Trinity que John Lithgow interpretó en una de las mejores temporadas de Dexter. Aquel personaje pasaba años cubriendo sus asesinatos con una vida de padre ejemplar que servía de inspiración para el protagonista, quien intentaba encontrar la manera de compaginar su vida de asesino con la de ser humano corriente como tapadera. Y para mi sorpresa, resulta que los escritores de la serie se inspiraron fuertemente en Dennis Rader para crear aquel personaje. como informó The New Yorker hace unos años. Increíble.

En el segundo episodio de la nueva temporada, Mindhunter expande la figura de BTK como una sombra de terror en Wichita cuando Bill Tench entrevista a la única víctima que salió con vida de uno de sus ataques, pero se saldó la muerte de su hermana. La escena es espeluznante, con el joven superviviente aterrado por el recuerdo y con la continua sensación de que el asesino lo acecha al ser el único que conoce su rostro. Pero sentados en un coche y sin poder mirarlo a la cara, Bill Tench logra una entrevista profunda y reveladora que demuestra el poder que la psicología criminal puede tener en la investigación de psicópatas. Pero también pone en relieve lo difícil que puede ser capturarlos, como demuestran las décadas que pasaron hasta el arresto de Dennis Rader.

El responsable de la serie, David Fincher, dijo en una ocasión que pretende extender la serie hasta una quinta temporada. Actualmente la trama se encuentra en 1980-81, pero el hecho que introduzcan a Rader que no fue capturado hasta 2005 nos lleva a sospechar que quizás el director pretenda mantener su figura hasta el final. Dudo que mantenga la trama hasta el siglo XXI debido a la edad de los personajes -necesitarían de un presupuesto extra para maquillaje y efectos especiales- pero sí es posible que se convierta en una figura que aceche al personaje de Bill Tench que, hasta ahora, no había sufrido las mismas consecuencias psicológicas que su compañero con su trabajo escuchando las confesiones macabras de asesinos en serie.

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