La larga pesadilla de Morella: fue raptada y esclavizada sexualmente durante 31 años

Morella fue golpeada, torturada psicológicamente y abusada sexualmente desde su rapto en diciembre de 1988 hasta que logró escapar en enero del 2020.

El terror puede ser la peor cárcel. Y así fue para Morella, una mujer venezolana de 49 años que permaneció sola y en cautiverio durante tres décadas aunque estaba rodeada de gente, encerrada en un piso de un enorme complejo residencial de la segunda ciudad industrial de Venezuela.

El poder de Mathías Enríquez Salazar Moure, de 56 años, sobre Morella era tan grande que no necesitó construir un sótano en una casa apartada, ni sellar una habitación con material aislante y candados para asegurar que no escaparía.

Pedir ayuda a gritos o tocar una cacerola hubiera sido suficiente para alertar a las decenas de vecinos de las seis altas torres erigidas en la transitada avenida Constitución, en pleno corazón de Maracay, una ciudad de un poco más de 400 mil habitantes ubicada Aragua, un estado del centro norte de Venezuela.

Imagen de Mathias Enríquez Salazar Moure hace unos años. (Captura de pantalla Facebook)

La historia de horror comenzó un día antes de la nochebuena de 1988. Los venezolanos acababan de elegir por segunda vez como presidente al social-demócrata  Carlos Andrés Pérez, con la esperanza de superar las tribulaciones económicas y sociales que había producido el despilfarro y la corrupción de la bonanza petrolera.

Enamorada y recién salida del bachillerato, seguramente Morella no tenía tiempo para divagaciones políticas. Estaba decidida a corresponder el amor de su novio Mathías, quien le propuso huir para librarse de la oposición de sus padres. 

Dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y los padres de Morella tenían razón al predecir que se trataba de un hombre violento.

La historia de amor que terminó en pesadilla

No hubo romance, luna de miel ni largos viajes. Bastó llegar al terminal de autobuses de su ciudad, Valencia, para que el hombre se quitara la máscara y le anunciara de que se trataba de un rapto. Luego recorrieron unos 50 kilómetros hasta la vecina Maracay, donde le ordenó que debía quedarse con él por las buenas o por las malas.

La periodista Yohana Marra escribió para el portal Crónica Uno en los primeros años Mathías la trasladó a la fuerza a dos hoteles y dos casas hasta que finalmente decidió asentarla en Los Mangos, lugar al que habría llegado en 2002 y del que no saldría hasta 2020. Específicamente la llevó al piso 4 de la torre C de un centro residencial que parece una colmena.

El conjunto residencial Los Mangos tiene 6 edificaciones de al menos 17 pisos. En la torre C vivía la víctima y en la B el victimario. (Captura Google)

Maracay queda en el trópico y casi siempre hay un solazo. Los maracayeros se resguardan del resplandor diurno con persianas y cuando cae la tarde abren las ventanas para que entre la brisa fresca. A Morella hasta ese gesto natural de asomarse por el balcón le hubiera podido costar la vida. Permanecía las 24 horas detrás de unas cortinas gruesas que le impedían ver y que la vieran.

Del agresor podemos inferir su personalidad psicopática y tendencia al sadismo. El llamado "gordo Mathías" tenía 23 años cuando decidió esclavizar a Morella y desde entonces la mantuvo cautiva con amenazas, golpes y vejaciones.

Oscar Hernández, un sobrino de Morella, se atrevió a contarle a Marra episodios de la aterradora vida de su tía: “La golpeaba mucho, la amenazaba y la traumatizó tanto que ella tenía miedo de levantarse. En dos oportunidades él dejó unas llaves, que no eran las del apartamento, y ella intentó abrir la puerta, pero él al regresar se dio cuenta y las golpizas fueron brutales. Ella ya tenía miedo de hacer cualquier cosa y que él la matara".

La orden era permanecer quieta, en silencio, para que ningún vecino notara su existencia. Y así transcurrieron los meses y los años.

Su contacto con el mundo se limitaron a las abusivas visitas de Mathías, quien no convivía con Morella sino que iba al piso para alimentarla, violarla y golpearla. Sólo comió arroz, lentejas y huevos durante 31 años pero llegó a pasar hambre y sed si se negaba a satisfacer el apetito sexual de su captor.

Su otra vinculación con el mundo era una radio y una televisión. Desde la soledad de su cuarto oscuro, Morella vio cómo el mundo cambiaba sin que nadie supiera de ella.

Hasta que el 24 de enero de 2020, Mathías tuvo un olvido o subestimó la capacidad de Morella de reaccionar para salvar su vida. La mujer raptada encontró otro manojo de llaves y, al probarlo, la cerradura cedió.

El otro castigo: la incredulidad

Ese fue el momento de escapar. Había memorizado un dato importante durante las interminables horas en que escuchó la radio: el Instituto Nacional de la Mujer sería el lugar donde la comprenderían.

Informes de prensa aseguran que el recibimiento inicial no fue el que ella esperaba. Dos funcionarias con jerarquía no le creyeron. Pero otra trabajadora escuchó con detenimiento la historia y supo que el espeluznante relato era verdadero.  La ayudó a ubicar a sus familiares y remitió su expediente al ministerio público.

Son muchas las incógnitas y duras verdades que emergen de la aparición de Morella.

La primera es que su familia nunca dejó de buscarla. Conocían poco de Mathías pero igual formularon la denuncia. La policía científica logró ubicar la casa de sus padres, pero la madre lo encubrió y hasta allí llegaron las pesquisas,

La madre de Morella la esperó en la misma casa y con el mismo número telefónico desde su separación en 1988 pero no tuvieron un feliz reencuentro. Su madre murió hace ocho años esperando que volviera.

El ministerio público realizó todas las pruebas a Morella y determinó que su relato era verdadero. Se encuentra desnutrida y hay evidencias de abusos físicos y sexuales.

Al gordo Mathías le tocó el momento de responder a la justicia. Actualmente se encuentra en un centro penitenciario, donde esperara su juicio por violencia sexual, esclavitud sexual, inducción al suicidio y violencia psicológica.

Lo más grave de esta historia es que Morella fue una de sus cuatro víctimas conocidas. Aunque aún no se conocen los detalles de cada caso, trascendió que la primera mujer que mantuvo cautiva fue a su esposa, quien permaneció encerrada durante 32 años en el hogar de los Salazar-Moure con ayuda de su madre.

La segunda víctima fue Morella.

La tercera fue una mujer que sometió a punta de pistola hace 23 años y la mantuvo cautiva con violencia. Durante el rapto, la víctima quedó embarazada y tuvo una niña que ahora tiene 20 años. Mathías permitió que su hija, y cuarta víctima,  saliera para ir al colegio pero la mantenía vigilada en todo momento.

Mathías, su tercera esclava sexual y su hija eran vecinos de Morella. Vivían en la torre B del mismo conjunto residencial Los Mangos. Él sólo necesitaba asomarse al balcón para cerciorarse de que Morella no se asomaba por las ventanas ni pedía ayuda a los vecinos para escapar.

Se dice que en la residencia Los Mangos muchos conocían el cautiverio de Morella. Hasta hubo un par de denuncias de vecinos que se atrevieron a asegurar que Mathías tenía raptada a una mujer en ese apartamento que parecía vacío. En un chat de vecinos, algunos reconocieron que se trataba de "un secreto a voces".

Pero cuando los policías llegaban a investigar, Morella desmentía la denuncia y los policías no volvían a preguntar. Mathías la llevó en cuatro oportunidades al hospital, pero su situación pasó desapercibida por las autoridades sanitarias.

La diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela, Tamara Adrián, comentó que las personas encargadas del sistema judicial venezolano desconocen el tema de la violencia contra la mujer y que además lo niegan. No solo los funcionarios sino la opinión pública cree que Morella miente, en una muestra de ignorancia y falta de empatía de la sociedad.

Morella se recupera bajo el abrigo de su familia. El largo proceso para retomar la "normalidad" es supervisado por psicólogos, psiquiatras y expertos que intentan revertir sus traumas emocionales y su desnutrición.

Hernández relata que su tía no da un paso sin pedir permiso y le cuesta conciliar el sueño, pero todos están decididos a ayudarla.

El gordo Mathías espera la hora de su juicio en el centro de reclusión Ayalón, donde esta semana hubo un motín que dejó cinco muertos.

Hay voces que advierten que la corrupción e impunidad que se profundizó en los juzgados venezolano en los 31 años que Morella estuvo cautiva podría ser la carta blanca para que el depredador sexual de "Los Mangos" salga pronto en libertad.