La hermandad entre mujeres es el nuevo ‘must’ de las series

La amistad entre hombres ha dado fruto a todo tipo de series y películas. Es más, hasta tienen género propio con las ‘Buddy movies’ en donde dos hombres comparten protagonismo con una trama que gira en torno a la amistad y a la camaradería masculina. Pero la amistad femenina casi siempre estuvo relegada a los dramas conflictivos o lacrimógenos, con excepción de alguna que otra comedia reciente que comenzó a marcar el camino del cambio.

Un cambio que ahora se palpilta más que nunca en el mundo de las series.

Fotograma de la tercera temporada de Stranger Things (©Netflix)

Ante la celebración del Día Internacional de la Amistad, me percaté de cómo había mejorado la representación de las relaciones de amistad entre mujeres en la series de televisión y de cómo todas (y todos) quisiésemos vivir algo así en nuestra propia realidad.

Durante muchos años la representación de la amistad femenina estuvo marcada por los enfrentamientos por un hombre, la traición o el ego. Así de sencillas nos representaban. Como la relación de amor y odio entre Brenda y Kelly en Sensación de vivir, siempre enemistadas por el amor de Dylan. O la falta de empatía entre Marissa Cooper y Summer en The O.C. Así como los distanciamientos continuos entre Serena Van der Woodsen y Blair Waldorf en Gossip Girl por su guerra de egos constante.

Afortunadamente, por fin ha cambiado y estamos disfrutando de representaciones más fieles a nuestra realidad amistosa. Es, por ejemplo, el caso de Stranger Things. En los nuevos capítulos de la serie creada por los hermanos Duffer me llamó especialmente la atención la unión de Once (Millie Bobby Brown) y Max (Sadie Sink). Ambos personajes estrechan sus lazos cuando las hormonas del grupo protagonista se encuentran en plena revolución. Las adolescentes cuentan esa otra realidad, la que en principio parece más anodina, que tiene que ver con la libertad y la llegada del primer amor.

Mientras que Mike (Finn Wolfhard) y Lucas (Caleb McLaughlin) tratan de entender a sus novias, con las que desean pasar todo el tiempo posible dejando de lado inevitablemente a Will, personaje encarnado por Noah Schnapp, las jóvenes dan cátedra de cómo debe desarrollarse una primera relación sana en la que también haya cabida para la diversión entre mujeres. Mike tendrá que coger un asiento y esperar porque las mejores amigas vienen primero... Once necesita pasarlo realmente bien, y necesita sentir lo que es la normalidad en su vida", explicó Millie Bobby Brown en Variety el pasado año trasladándome de inmediato a la relación de Lizzie y Miranda en Lizzie McGuire. Y es que la serie de Netflix ha asumido la estela de la historia de Disney Channel donde ya encontramos una huella de lo que significa tener una mejor amiga a los 15 años.

Pero más allá del ejemplo de Stranger Things, que en la tercera tanda refleja claramente las dificultades que entraña el complicado paso de la niñez a la vida adulta, los nuevos guiones apuestan por una mayor representación de tramas entre mujeres que encuentra su razón de ser a partir del boom de la diversidad y la apertura a historias femeninas con personajes protagonistas.

(©HBO)

En este sentido, la importancia de las amistades entre mujeres en la ficción, donde son capaces de utilizar su unión para sobrevivir juntas, se entiende muy bien subrayando Big Little Lies. Este drama creado por David E. Kelley, cuya primera temporada apenas me devoré en un fin de semana, se asume como el otro gran caso brillante donde se manifiesta este cambio de tornas.

Para empezar, esta serie basada en el libro homónimo escrito por Liane Moriarty se centra en tres mujeres y madres que viven en Monterrey (California), Madeline, Celeste y Jane. Pero más allá del peso pesado que supone contar con las actrices Reese Witherspoon, Nicole Kidman y Shailene Woodley, Big Little Lies nos adentra en los fuertes lazos entre las tres protagonistas que incluso se mantienen unidas cuando sus vidas son sacudidas por un asesinato que mantendrá en vilo a los espectadores durante la primera tanda.

Afortunadamente esta tendencia también ha encontrado hueco en la televisión nacional. Me vienen a la cabeza rápidamente Lidia, Ángeles, Carlota, Marga y Sara, las protagonistas de Las chicas del cable que el próximo 9 de agosto regresan a Netflix con la cuarta temporada de esta historia ambientada en los años treinta cuando las mujeres luchaban por defender sus derechos y alzar su voz en el terreno profesional.

(©Netflix)

Desde el arranque las telefonistas se han apoyado las unas a las otras, especialmente en las horas bajas como haría cualquier buena amiga en nuestra realidad más próxima, interesándonos por los problemas de nuestras camaradas pero también pasándolo en grande siempre que surge la oportunidad como también hemos podido comprobar recientemente en La otra mirada.

Tanto las alumnas con las maestras han demostrado, especialmente esta segunda tanda con la llegada del personaje encarnado por Dariam Coco, que la amistad no entiende de clases o razas, ni siquiera de ideales.

Tampoco podemos olvidar la unión entre mujeres en El cuento de la criada, cada vez más cerca de una rebelión contra los hombres que lideran Gilead bajo la mano firme del machismo extremo. El miedo está presente, pero la complicidad femenina también.

Me quedo sorprendida al pensar que mientras algunos títulos actuales tratan de librarse de la etiqueta de “serie para mujeres”, porque no buscan necesariamente aleccionar sobre feminismo sino luchar porque haya más paridad en el reparto y en las propias historias que se transmiten a la audiencia, hace años sintiéramos como novedad la presencia y unión de las mismas.

Todavía en los noventa más de uno se sorprendía ante las pinceladas en los retratos de féminas fuertes que estaban presentes a pesar de sus diferentes personalidades como Phoebe, Mónica y Rachel en Friends. Y también había quien en España se quedaba a cuadros con lo independientes que podían resultar personajes femeninos de la tercera edad como aquellas recordadas Concha, Marisa y Vicenta de la serie de Antena 3 Aquí no hay quien viva. Un trío glorioso que hacía todo con una sincronización apabullante: desde robar en el supermercado hasta, por supuesto, espiar a sus vecinos de la mítica Desengaño 21.

No cabe duda de que ya era hora de hacer un cambio drástico y radical en los títulos de la pequeña pantalla. Y no sólo para acabar con la terrible concepción de que la amistad entre mujeres no existe (al menos televisivamente hablando), que nos enemistamos por culpa de un hombre o somos capaces de las mayores traiciones como villanas de telenovela, sino para asegurar que la presencia de féminas y los lazos entre ellas consigan permanecer en la memoria colectiva.

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