'La Fortuna' de Amenábar crea al galán que España no tenía

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Encontrar un galán romántico en las series modernas que represente el ideal de un amor sano, comprometido y que no arrastre un equipaje emocional lleno de maletas, se ha convertido en una tarea casi imposible. Es como si existieran dos extremos, o el personaje es objeto de deseo, musculoso y bad boy de turno con repelente para el compromiso, o es el hombre sensible e inocente, poco interesante con un estereotipo menos guaperas. Y varias series de éxitos actuales lo ejemplifican: Sexo/Vida con un guaperas sex-symbol como galán de turno, Valeria con un Maxi Iglesias que huye del compromiso cuando las cosas se complican (pero caldea el ambiente si hace falta) o La casa de papel con Miguel Herrán enamorado de Tokio pero ladrón después de todo.

Pero la cosa ha cambiado y España recibe a un galán romántico que por primera vez en mucho tiempo personifica el ideal de un amor sano, bonito y honesto. Lo interpreta Álvaro Mel, un actor que dará mucho que hablar en las próximas semanas gracias a la primera serie de Alejandro Amenábar, La Fortuna.

Álvaro Mel en 'La Fortuna' (cortesía de Movistar+)
Álvaro Mel en 'La Fortuna' (cortesía de Movistar+)

En La Fortuna, Álvaro Mel interpreta a Álex Ventura, un joven diplomático que comienza su primer puesto oficial en el Ministerio de Cultura. Llega con expectativas ambiciosas de recién graduado, para toparse rápidamente con la burocracia del funcionariado español, de trabas, lentitud y muchas voces discordantes a merced del partido político de turno. Pero enseguida se apasiona con la misión de una compañera, más apasionada que él todavía, llamada Lucía (Ana Polvorosa) que está convencida de que el tesoro descubierto en el fondo del mar por una empresa estadounidense pertenece al patrimonio español. Un tesoro valorado en 500 millones de dólares.

En su posición cercana al ministro de Cultura, Álex consigue convencer al político para que se lance a la aventura de identificar la fragata y demandar a la empresa en tierra estadounidense. Y así comienza una misión que lleva a Álex y Lucía a apasionarse juntos por una causa en común en favor del patrimonio y la cultura, como héroes de a pie sin intenciones oscuras.

Pero Álex y Lucía no podían ser más diferentes. Él tradicional, diplomático y correcto. Ella progresista, peleona y sin pelos en la lengua. Además de llevarse unos 15 años de diferencia, contando él con 25 primaveras.Pero este galán romántico que nos regala Amenábar no es un personaje engreído en el amor, sabelotodo o que explota su belleza física como herramienta para convertirse en el sex-symbol de turno.

Álvaro Mel y Ana Polvorosa en 'La Fortuna' (cortesía de Movistar+)
Álvaro Mel y Ana Polvorosa en 'La Fortuna' (cortesía de Movistar+)

Si su actor Álvaro Mel triunfa con este personaje es por su capacidad de enamorar a golpe de simpleza y gestos románticos cargados de ternura que nos identifican a más de uno. La serie no nos hace testigos de los sentimientos de Lucía al mismo nivel que Álex, sino que es a él a quien seguimos constantemente. Y su mirada, sus prisas por estar cerca de ella, sus ansías por decir y soltar lo que siente, lo convierten en un personaje cotidiano, un ideal romántico para cualquier espectador enamorado del amor que puede encontrar en él ese rol valiente sin miedo al compromiso, con ganas de enamorarse y gritarlo a los cuatro vientos, conquistando, siendo uno mismo.

Tras ver la serie completa solo puedo confirmar que el futuro de Álvaro Mel brillará más que nunca cuando el mundo haya visto los seis capítulos. Con poca experiencia en la actuación, este joven que se encaminaba para arquitecto (pero abandonó la carrera y se centró en su faceta como Dj) podría haber encontrado su propio tesoro de la mano de Amenábar.

Quizás no les suene (todavía), pero este joven guaperas nacido en Salamanca lleva un tiempo haciendo sus pinitos como actor en La otra mirada o Madres, pero también como influencer, cosechando 1.2 millones de seguidores en Instagram a golpes de fotos ideales para el mundo de las redes.

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Su rol como influencer le reportó beneficios pero en la actuación podría estar su camino. En La Fortuna se ha entregado al máximo demostrando que esconde un talento en bruto que recién ha comenzado a pulir con fuerza. Y con un galán de serie tan cotidiano como Álex, podría enamorar tanto a todos aquellos que se enganchen a la apuesta de Movistar+, y sumar tantos seguidores que no me extrañaría nada que se convirtiera en referente romántico para los nuevos héroes de la ficción. O que las series, de repente, dejarán a un lado el ideal ficticio del “chico duro” convertido en pareja perfecta para dar paso al chico moderno, sensible, sencillo y comprometido gracias a este personaje y lo efectivo que resulta.

Las historias románticas, ya sean dramas o comedias, siempre han tenido cierta devoción por transformar al bad boy de turno en ejemplo del compromiso. Una idea arcaica plagada de estereotipos que no hacía más que menospreciar la inteligencia femenina ensalzando ideales ficticios de príncipe azul. Últimamente este modelo ha ido cambiando, modernizando a los personajes femeninos colocándolos en situaciones de empoderamiento personal a la hora de escoger al compañero de vida, pero repitiendo el cliché de recurrir al modelo de hombre emocionalmente inaccesible como atracción principal para las masas románticas.

Pero en su debut en las series, y cuando jamás había tocado una historia puramente romántica en sus trabajos, Alejando Amenábar ha creado un galán romántico sencillo, un chico trabajador, un tanto engreído por culpa de la inexperiencia, pero simpático, abierto al amor y sin cargas que lo conviertan en fruto prohibido, malote de turno ni ningún estereotipo. Es un chico normal, cotidiano, guapísimo pero que no aprovecha su exterior para robarse la cámara como galán romántico. Su naturalidad y sencillez, sin miedo a hacer el tonto por amor, lo convierten en el galán romántico que España no tenía. Al menos desde hace mucho tiempo.

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