La economía ha salvado a Trump del juicio político

El presidente Donald Trump durante su mensaje anual El estado de la unión ante el congreso, el 4 de febrero de 2020. (Foto: Olivier DOULIERY / AFP) (Photo by OLIVIER DOULIERY/AFP via Getty Images)

No se puede negar que el presidente Trump tiene algunas habilidades, pero lo cierto es que también ha tenido suerte. Su impeachment se desencadenó en un momento ideal del calendario económico.

Es probable que esta semana el Senado absuelva a Trump, poniendo fin al drama del impeachment, ya que la tasa de desempleo alcanzó el mínimo en 50 años y el mercado de valores está cerca de máximos históricos. La economía atraviesa, probablemente, por las últimas etapas de la expansión más larga de un ciclo económico registrada. Los consumidores se sienten optimistas y no tienen que preocuparse por lo que normalmente les quitaría el sueño: el empleo y la economía.

La absolución política de Trump ocurrirá gracias a su índice de aprobación, que se encuentra en un bajo 40 % entre todos los votantes, cerca del 90 % en el partido republicano. Aproximadamente la misma cantidad de republicanos afirma que aprueba la gestión de la economía de Trump, según Morning Consult. Solo el 21 % de los demócratas y el 47 % de los independientes consideran lo mismo. Entonces, las opiniones sobre la economía esencialmente unifican a los republicanos en su apoyo a Trump.

Es posible que algunos senadores republicanos voten para absolver a Trump porque realmente creen que sus transgresiones con respecto a Ucrania no son censurables. Bien, ¿ya dejaste de reírte? Ahora te contamos la verdad: los republicanos del Senado no pueden atacar a Trump porque es muy vengativo y luego intentaría poner fin a sus carreras políticas. Y su apoyo casi unánime en el partido republicano podría facilitarle la tarea.

La aprobación de Trump en el partido bajaría, quizá bastante, si la economía fuese más débil o hubiese una recesión. El análisis de los votantes de Trump en encuestas como la del Democracy Fund Voter Study Group (Grupo de Estudio de Votantes del Fondo para la Democracia) muestra que algunos partidarios de Trump realmente lo respaldarían pase lo que pase, por razones culturales que no atañen a la economía. Sin embargo, quizá dos quintos del apoyo de Trump provienen de votantes que consideran que las cosas están yendo bien, entonces, ¿por qué arriesgarse a arruinar algo que va bien? A algunos de esos votantes ni siquiera les gusta Trump, pero piensan que la reducción de impuestos y sus esfuerzos de desregulación han sido una bendición económica.

La economía durante la presidencia de Nixon y Clinton

Richard Nixon no tuvo la fortuna de legar una economía sólida cuando renunció en agosto de 1974. La economía en aquel momento había entrado en una recesión, con una caída del PIB de una tasa de crecimiento anual del 7,6 % a inicios de 1973 a -0,6 % en el tercer trimestre de 1974. La tasa de desempleo durante el mismo período aumentó del 4,9 al 5,5 %, y estaba en camino a empeorar. La inflación había alcanzado el 10 %. Los consumidores estaban nerviosos y tenían razones para estarlo.

El senador Mitt Romney, republicano de Utah, se dirige a una cena republicana fuera de la cámara del Senado antes del inicio del impeachment del presidente Donald Trump en el Capitolio de los Estados Unidos el viernes 31 de enero de 2020, en Washington, mientras los senadores continúan el impeachment contra el presidente Donald Trump. (Foto AP/Steve Helber)

El índice de aprobación de Nixon se desplomó a medida que la economía se debilitaba. En el momento en que dejó el cargo, se había desplomado de un máximo del 67 % a un pésimo 24 %, el más bajo de su presidencia. No cabe duda de que el escándalo de Watergate ayudó a derribar a Nixon, pero, al igual que sucede con Trump, los votantes tenían opiniones diferentes sobre el asunto. Las encuestas de Gallup, Harris y otras empresas demostraron que casi la mitad de los votantes creían que el escándalo de Watergate fue exagerado. El índice de aprobación general de Nixon fue mucho más bajo que la porción de votantes que consideraban que debía renunciar, en gran parte porque el funcionamiento económico era pésimo.

Nixon se resistió a las primeras sugerencias de que dejara el cargo y solo renunció cuando sus aliados políticos le dijeron que había perdido el apoyo republicano en el Capitol Hill y que el Senado probablemente lo condenaría. Con un índice de aprobación históricamente bajo, no era sorprendente. Los republicanos podían oponerse a Nixon sin arriesgarse demasiado a las consecuencias del apoyo de las bases cada vez menor del presidente.

Cuando Bill Clinton se enfrentó a un impeachment en 1999, la economía se parecía mucho más a la de Trump que a la de Nixon. El auge económico atravesaba su octavo año. El crecimiento real del PIB alcanzaba un robusto 4,8 %. La tasa de desempleo era del 4,4 % y no había inflación. El índice de aprobación de Clinton había bajado durante el proceso de destitución, pero todavía rondaba el 60 % cuando el Senado votó para absolverlo en febrero de 1999.

En cada escenario del impeachment han influido cuestiones intangibles, la economía no ha sido el único factor que ha incidido sobre los resultados. Sin embargo, los dos presidentes que se enfrentaron a un impeachment con una economía en crecimiento y un nivel de desempleo bajo sobrevivieron, mientras que el presidente que se enfrentó a un impeachment durante una recesión no lo consiguió.

La economía de Trump, aunque sólida, no es a prueba de balas, y podría debilitarse en lugar de fortalecerse antes de las elecciones de noviembre. La empresa de pronósticos Oxford Economics predice que Trump será reelegido, basándose en resultados anteriores cuando las condiciones económicas eran similares. Sin embargo, la compañía dice que el margen de victoria de Trump será “muy pequeño” y podría evaporarse si la participación de la oposición es mayor que el promedio. Por tanto, el impeachment no es la única vía que pone en riesgo su cargo.

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