La terrible contradicción del país más poderoso del mundo resumida en dos fotos de la pandemia

El chef José Andrés, de origen español pero con considerable actividad profesional y filantrópica en Estados Unidos y otras partes del mundo, publicó un tuit en el que plantea, con dos sencillas pero punzantes fotografías, una terrible contradicción que golpea hoy a los estadounidenses.

(AP Photo/Eric Gay)

En pleno azote de la epidemia de coronavirus, que a la fecha ha registrado casi 1.2 millones de casos en Estados Unidos, con más de 68,000 fallecimientos, se ha dado en paralelo una debacle económica producida por el cierre de actividades necesario para frenar la pandemia. Más de 30 millones de personas han solicitado en recientes semanas los beneficios de desempleo y a lo largo de todo el país, como en otras partes del mundo, negocios de todos los tipos sufren severamente por el bajón económico.

El chef José Andrés hace una pausa en su trabajo de preparar y ofrecer alimentos a personas necesitadas en el área de Washington DC, en medio de la pandemia de coronavirus. (Reuters)

Eso ha provocado, como lo expresa la dicotomía planteada en dos fotos en un tuit reciente del chef José Andrés, que se den ominosas contradicciones: en el país más rico del mundo y con necesidades catalizadas severamente por la pandemia, toneladas y toneladas de alimentos son desperdiciadas mientras miles y miles de personas sufren hambre y han de recurrir a bancos de comida para cubrir las necesidades básicas de sus familias.

El citado tuit del chef José Andrés muestra dos fotos, que él mismo detalla para explicar la dura realidad de su significado. Una muestra montañas de papas en Idaho, producto que se ha quedado sin compradores a causa del cierre de restaurantes, hoteles, estadios y otros centros a causa de la epidemia.

La otra es una enorme fila de automóviles en San Antonio, Texas, cuyos ocupantes esperan penosamente su turno para obtener alimentos en el banco de comida de esa ciudad. El grave problema de desempleo y merma del ingreso que ha golpeado a millones ha disparado el hambre y la necesidad en Estados Unidos.

El chef se pregunta cómo es posible que se dé la realidad planteada en esas fotos, y que se repite en diversas formas en amplias zonas del país (por ejemplo, con verduras y leche siendo descartadas en enormes cantidades por la imposibilidad de venderla y con crecientes números de personas cayendo en hambre y pobreza), cuando Estados Unidos posee una riqueza mayúscula y bien podría revertir esas contradicciones y cubrir las necesidades básicas de su población, tanto en general como en tiempos de severa crisis como la presente pandemia de COVID-19.

En sucesivos tuits, José Andrés explica esa situación y propone actuar al respecto.

La cadena de suministros que permite llevar la producción agropecuaria hasta sus consumidores, pasando por distribuidores y negocios, comenta, no se percibe mucho para el común de las personas cuando todo funciona bien, pero es notoria cuando se trastoca. Y eso ha sucedido en la presente pandemia: las empresas que llevan productos agrícolas a restaurantes, hoteles, estadios, cafeterías, escuelas y demás han visto su clientela mermada por la epidemia y no les es fácil o rentable reconfigurar sus procesos para, por ejemplo, llevar esos alimentos a otros mercados o beneficiarios.

En paralelo, muchas plantas de procesamiento de carne han debido cerrar o recortar operaciones a causa de contagios a gran escala en su personal, y eso ha a su vez cerrado el flujo de ganado para ser procesado por su carne.

El resultado es ingentes cantidades de vegetales que se pudren o son enterrados ante la incapacidad de almacenarlos y comercializarlos, y con ritmo creciente se ha debido sacrificar y destruir animales que no pueden  ser ya llevados a los centros de procesamiento.

Eso mientras, a causa del desempleo y el frenazo económico, crece el hambre a gran escala en el país.

Las fotos de las papas en Idaho y los automóviles en Texas lo ilustran meridianamente. Y él lo reflexiona en sucesivos tuits.

En ese contexto, el chef José Andrés ha reconocido y destacado la labor de las personas que regularmente producen esos alimentos o los preparan para su consumo, que en enorme medida son inmigrantes (muchos indocumentados) y trabajadores en general de diversas razas y extracciones sociales: los campesinos  que cultivan y cosechan alimentos, los camioneros que los transportan, los empacadores de carne, los cocineros, meseros y lavaplatos en restaurantes, los empleados en supermercados y más.

En condiciones difíciles, todos ellos continúan laborando para aportar su destacada porción a la economía y al bienestar general.

Y al reconocer que hay mucho por hacer para corregir los problemas de la distribución de alimentos en el país, el chef y su organización World Central Kitchen continúan sirviendo de puente para aprovechar esos productos y llevarlos a la mesa de miles de familias necesitadas.

Pero José Andrés hace en sus tuits énfasis  en que se necesita mucho más y llama a los estadounidenses a pedir a los líderes políticos, en la Casa Blanca y el Congreso, a que vuelvan una prioridad en atender el creciente problema del hambre y la inseguridad alimentaria en Estados Unidos.

Un humilde plato de comida, concluye el chef José Andrés, tiene un significado que va más allá: es “un mensaje de esperanza, de que nos importa, de que mañana las cosas serán mejores”, comenta.

Y ciertamente es posible dedicar recursos y esfuerzos a una escala mayor para que los alimentos que hoy se descarten se conviertan en esperanza para muchos hogares, y fuentes de ingreso para comunidades en necesidad.