La doble vara de medir ideológica de 'El programa de Ana Rosa' con la muerte de Samuel

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Por Lucas Ferreira.- La policía trata de averiguar, entre otras cosas, cuál podría ser el móvil. De momento no podemos calificarlo como un crimen homófobo, sus amigos estaban ayer allí aquí en directo y lo dejaban muy claro…”, así comenzaba Patricia Pardo la edición del martes de El Programa de Ana Rosa con una de sus conexiones desde la ciudad de A Coruña para continuar su particular seguimiento de la muerte, como consecuencia de una brutal paliza, de Samuel Luiz.

A continuación, daba paso a Carlos Garayoa, acompañado de cinco amigos del joven de 24 años. Dolidos y apesadumbrados por lo sucedido, superados por lo que están viviendo, al tiempo que necesitados de expresarse y de compartir cuanto pasa por su mente para digerir lo que están viviendo. Sin embargo, tienen algunas ideas claras, no quieren que se politice lo que ha ocurrido, pero sí que se haga justicia y se sepa la verdad.

El programa del verano (Mediaset)
El programa del verano (Mediaset)

Una intervención en directo que parecía buscar la fibra más sensible, haciéndoles preguntas obvias, ofreciéndoles el micrófono para que leyeran sus mensajes de despedida a quien no van a volver a ver nunca más. Hasta que uno de ellos, con el corazón en el puño, centró su intervención no en lo que le acongoja, sino en aquello de lo que fue testigo presencial el sábado por la noche, desarmando completamente las palabras de Pardo. “Me parece surrealista tener que aceptar y asumir que una persona acompañada por su grupo asesine a otra sin razón ni motivo alguno, dándole una enorme importancia a su orientación sexual”.

El juez que está instruyendo la causa mantiene decretado el secreto de sumario, herramienta que tiene como fin facilitar la investigación de la policía judicial y librarla de los perjuicios en el conocimiento de los hechos, de sus protagonistas y sus motivaciones de la contaminación que pudiera causar, entre otros factores, el asedio mediático. Algo que ni niega ni confirma la motivación homófoba, por lo que hoy por hoy, no tenemos más elemento de guía que las declaraciones de los testigos.

Motivo este por el que no se entiende que, tras haber sido contradicha, la presentadora siguiera en su tesis, se exculpara de cualquier interpretación prejuiciosa y cayera a continuación en contradicción consigo misma, “habrá que averiguar si la motivación fue la orientación sexual de vuestro amigo… a nosotros su condición sexual nos da exactamente igual… no hay derecho a que un chaval inocente, buena persona, trabajador, fallezca escuchando los gritos de maricón de mierda…”.

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Precisamente esas palabras, el haber sido insultado, es el que ha hecho que este caso adquiera una resonancia que ha llevado a miles de personas a las calles de muchas ciudades españolas reclamando que la igualdad y la no discriminación por razón de sexo, identidad u orientación sexual que marcan las leyes sea una realidad que cualquiera pueda vivir sin temor de ser asaltado en cualquier ámbito de su vida. Una exigencia argumentada en el continuo goteo de noticias de agresiones físicas y psicológicas contra el colectivo LGTBI, y en un contexto político con partidos con discursos teñidos por el odio y la xenofobia, y otros que se posicionan entre hacerles eco y el silencio cómplice.

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Un plano de la noticia que le sirvió nuevamente a Patricia Pardo para insistir en su punto de vista de que por el momento no procede relacionar la agresión con la homofobia. “¿Qué opináis de lo que ha sucedido este fin de semana? … Se sucedieron una serie de reacciones políticas y lo calificaron quizás muy pronto de un crimen homófobo. ¿Qué valoración hacéis vosotros?” La respuesta de los jóvenes coruñeses no pudo ser más clara, “nosotros sí que estamos de acuerdo… es lo que salimos a decir… es un crimen homófobo sin duda alguna”.

Si fuéramos malpensados podríamos deducir que hay un intento de evitar hablar abiertamente de homofobia y LGTBIfobia. Como no lo somos, vamos a quedarnos en que, partiendo del principio de la objetividad periodística, Pardo no quiere traspasar la línea roja del secreto de sumario. Una intención que sería completamente comprensible. Sin embargo, ella misma dinamitaba ese umbral preguntándole a los chicos si saben si ha declarado o dónde está “el primer testigo que ayudó a Samuel intentando apartarle de los agresores para que dejaran de pegarle”, y de quien hoy por hoy lo único que sabemos es que es una persona sin papeles, circunstancia que complica su situación y su posible voluntad de colaborar con las autoridades.

¿Un desliz producto del directo? ¿O un saltarse los límites deontológicos para conseguir información de supuesto interés? La conexión posterior responde la pregunta, cuando Carmen Chao conectó para hablar con los dos hombres que, tras el mencionado, intentaron ayudar a Samuel el sábado por la noche. Además de preguntarles toda clase de detalles más propios de un atestado policial o una declaración judicial que de un programa de televisión, incide en morbosidades como si serían capaces de reconocer a los agresores en una rueda de reconocimiento y especula ella misma, a partir de sus respuestas, sobre qué pudo llevar a estos a robarle el móvil a Samuel.

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Entre intentar mantener el rigor del sumario pero pecar de sensacionalismo, El programa de Ana Rosa en su versión veraniega evidenció una línea editorial confusa. El tratamiento amarillista resultó en un aluvión de críticas en redes sociales, tanto por su falta de tacto con la condición sexual de Samuel como difundiendo desinformación sobre qué es un delito de odio. En línea con el seguimiento que hizo del caso de las niñas de Tenerife semanas atrás.

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