La colosal erupción volcánica que impactó a todo el planeta

Lakagigar es un conjunto de unos 130 cráteres volcánicos que se encuentra en el sur de Islandia. El más grande es el volcán Laki, cuya erupción causó uno de los mayores desastres del siglo XVIII. (Getty Images)

“La civilización sólo existe por consenso geológico, sujeto a cambio sin previo aviso. Los incendios forestales se desatan, los tornados aparecen, los tsunamis destruyen, y suelen afectar a las personas a un nivel local”, advirtió el filósofo e historiador estadounidense Will Durant.

¿Pero qué pasa cuando un pequeño volcán en una isla remota se desata con tan fuerza que tiene efectos permanentes en todo el planeta?

Esa pregunta, que parece retórica, fue respondida el 8 de junio de 1783 cuando Islandia protagonizó la erupción volcánica más larga de la que se tiene registro.

Durante los próximos ocho meses, unos 14 kilómetros cúbicos de lava corrieron por las 140 fisuras y cráteres que se encontraban cerca del pueblo de Klaustur, en el sureño distrito de Sioa. Esa enorme cantidad de materia fundida incandescente fue suficiente para llenar por completo valles de 100 metros de profundidad.

La lava cubrió unos 2.500 kilómetros cuadrados de tierras y formó una nueva cadena volcánica que luego sería conocida como Laki.

Como la mayoría de las erupciones volcánicas, el evento conocido por los islandeses como los Fuegos Skaftár comenzó con una serie de terremotos que se sintieron unas cuatro semanas antes del primer estallido.

Los científicos creen que las placas tectónicas iniciaron su reajuste mucho antes pero los temblores pasaron desapercibidos por los habitantes de la zona y en ese entonces no existían instrumentos para medir los movimientos telúricos más profundos.

Pero para el 29 de mayo, los sismos se sentían con fuerza en pueblos hasta 50 kilómetros alrededor del lugar donde ocurrió la primera erupción.

Una vez que el volcán despertó, cada erupción seguía una secuencia similar: ocurría un terremoto, se abría una nueva fisura, luego ocurrían tres tipos de erupciones: primero la explosiva, conocida como freatomagnética porque la lava interactúa con una masa de agua, luego violentas explosiones estrombolianas/subplinianas, que se caracterizan por ser cortas explosiones de lava pastosa que es eyectada decenas o centenas de metros en el aire, y las erupciones hawaianas, que son los ríos de lava que van consumiendo todo lo que se encuentran a su paso.

Erupción del Monte Agung el 28 de noviembre de 2017 en Indonesia. Las autoridades elevaron el nivel de alerta por la erupción freática que despedía una columna de humo y gas (Photo by Keyza Widiatmika/NurPhoto via Getty Images)

Los científicos creen que el 90 por ciento de la lava salió en los primeros cinco meses.

Impacto global

En el verano de 1783, Islandia tenía unos 50.000 habitantes, descendientes de comunidades que habían poblado la isla por menos de 1.000 años.

Pero los devastadores efectos del volcán que despertó un domingo a las 9 de las mañana acabaron con la vida de al menos 10.000 islandeses en pocos años.

La mayoría de las víctimas del Laki no murieron carbonizados por la lava sino intoxicados porque  las grandes cantidades de dióxido de azufre liberado por la materia volcánica permanecieron a unos 5 kilómetros del suelo, que ocasionaron lluvias ácidas que fueron lo suficientemente intensas como hacer agujeros en las hojas, matar árboles e irritar la piel.

También liberó 8 toneladas métricas de flúor. Pero cuando el flúor se asentó y fue absorbido por el pasto, los rebaños se enfermaron de fluorosis. El 60 por ciento del ganado y el 22 por ciento de los islandeses murieron de hambre o de enfermedades.

De las 122 toneladas métricas de dióxido de azufre liberadas por la erupción, 95 toneladas métricas llegaron hasta parte alta de la tropósfera, que es la capa de la atmósfera más cercana a la superficie de la tierra, y la estratósfera, que se extiende entre los 15 km y 50 km de altura.

El problema con las sustancias que alcanzan la estratósfera es que los vientos soplan tan fuerte se dispersan por todo el planeta. Por eso el dióxido de azufre del Laki entró en las corrientes atmosféricas y circuló por todo el hemisferio norte.

Aunque no existen registros de la época, los estudios de los anillos de los árboles del norte de Alaska sugieren que julio y agosto de 1783 fueron inusitadamente fríos. Los comerciantes rusos en Alaska notaron que hubo un descenso de la población y las historias orales de los Inuit se referían a esa época como "el verano que no llegó"

La niebla nociva llegó a Noruega, Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros países de Europa. Los pobladores se aterrorizaron cuando los granjeros comenzaron a caer como moscas y le daban interpretaciones supersticiosas. Lo que no sabían era que esa bruma provenía de un volcán y que el dióxido de azufre se mezclaba con el vapor de agua en los pulmones y asfixiaba a las víctimas.

Los archivos señalan que hubo más de 20.000 muertes sólo en Gran Bretaña en ese verano de 1783.

Los historiadores de Japón y Estados Unidos relatan sequías, inviernos excepcionalmente fríos e inundaciones desastrosas. En Europa, el caluroso verano de 1783 fue seguido por un largo y severo invierno.

Algunos se atreven a señalar que las malas cosechas resultantes pudieron haber impulsado la Revolución Francesa, una de las más famosas insurrecciones de personas hambrientas de la historia occidental.

Científicos también han señalado que la erupción debilitó las precipitaciones en India y África, con un descenso de unos 3 mililitros diarios de lluvias en las regiones nororientales y noroccidentales del continente africano. Egipto experimentó una hambruna que mató a un 1/6 de su población.

¿Qué ocurriría si viviéramos una erupción volcánica como la de Laki en la actualidad?  La prolongada suspensión de los vuelos aéreos, las cosechas perdidas por la lluvia ácida, los inviernos extraordinariamente fríos no pintan un panorama halagador.

Fuentes: A Year of Wonder, Forbes