Un asunto de culos: la censura sin sentido de Disney+

Pedro J. García
·12 min de lectura

Disney+ llegó a España el pasado 24 de marzo rodeada de mucha expectación y después de cuatro meses de espera. La plataforma exclusiva de Disney desembarcó dispuesta a hacer la competencia a Netflix y el resto de servicios de streaming, y aunque sus cifras nos dicen que es un éxito (ya ha superado los 50 millones de suscriptores), lo cierto es que las críticas en su contra no paran de acumularse.

© 1984 - Touchstone Pictures. All rights reserved.
© 1984 - Touchstone Pictures. All rights reserved.

La última llega a causa de la censura en uno de los clásicos en acción real disponible en la plataforma, Un, dos, tres... Splash, en la que Disney ha hecho todo lo posible por ocultar el trasero desnudo de Daryl Hannah, mutilando planos o añadiendo alteraciones digitales. En cambio, Disney+ sigue incluyendo otros desnudos como el de Bart Simpson en la película de Los Simpson o el de Hulk en Thor: Ragnarok. Todo esto plantea una pregunta: ¿qué criterio sigue Disney+ para censurar? Si es que sigue alguno…

La polémica saltaba hace unos días cuando una usuaria de Twitter compartía una escena de Un, dos, tres… Splash en la que se podía ver que el culo de Daryl Hannah, que interpreta a la sirena Madison, había sido censurado de la forma más extraña. En la secuencia, Madison corre desnuda y se zambulle en el mar después de besar a Tom Hanks. La versión original nos mostraba el trasero de Hannah sin ningún tipo de pudor, pero en la que hay disponible en la plataforma, la actriz aparece con las nalgas cubiertas ¡con pelo digital! Es la misma técnica usada para “sanear” películas adultas como Showgirls o Eyes Wide Shut para su emisión en televisión.

Claramente, la intención era simular una larga melena que cubriera su desnudez, pero el resultado es insólito ya que si nos fijamos bien en el plano, da la sensación de que el pelo nace en el propio trasero, en lugar de parecer una continuación de su cabellera. ¿Desde cuándo las sirenas son furry? Y si lo que pretendían era crear la ilusión de un pelo más largo, ¿qué sentido tiene en cuanto a la continuidad cuando vemos la verdadera longitud de su cabello durante el resto de la película?

No es la única censura que ha recibido Splash. Hannah protagoniza otro integral de espaldas en el mítico film de los 80, concretamente cuando llega a la isla de la Estatua de la Libertad. En esta ocasión, la censura es incluso más radical. El plano es completamente mutilado con un zoom extremo que oculta el culo y casi todo lo que hay alrededor de la actriz en el encuadre, deteriorando así la calidad de la imagen. Una chapuza absoluta.

Para sorpresa de nadie, la censura de Un, dos, tres… Splash ha sido aplaudida por la organización conservadora Parents Television Council, cuyo presidente, Tim Winter, ha afirmado que no desvirtúa la película y convierte a Disney+ en “un streamer de confianza para toda la familia” (LA Times). Pero por supuesto, también ha levantado una gran polvareda en redes sociales, donde los internautas no han tardado en señalar la hipocresía y el puritanismo de Disney.

Lo más indignante de todo este asunto es que, mientras el culo de Daryl Hannah aparece censurado, el miembro de Bart Simpson sigue visible en la película de Los Simpson, así como el trasero al descubierto de Hulk, que aparece en Thor: Ragnarok, ambas disponibles en la plataforma. ¿Por qué el culo de Hannah no, pero el de Hulk sí?

Intentando darle algo de sentido, es posible que Disney considere que la desnudez en Los Simpson y Thor: Ragnarok tiene propósito cómico, mientras que en Splash puede llevar una connotación más “sexy” al ser una película romántica, lo cual choca con su política conservadora en cuanto al sexo.

En diciembre, un representante de Disney+ reiteró que todo el contenido de la plataforma no superaría nunca el PG-13, lo que significaba que no incluiría “desnudos en contexto sexual” (The Ringer), confirmando así nuestra teoría. Es decir, que los personajes de Daryl Hannah y Tom Hanks se relacionen románticamente en el film convierte el culo de la actriz en contenido sexual, y por tanto, sujeto a censura, mientras que otros desnudos en la plataforma se mantienen porque, supuestamente, no hay connotación erótica.

Además de Hulk y Bart Simpson, en Disney+ también podemos ver a Brendan Fraser completamente desnudo (con sus genitales estratégicamente tapados) en George de la jungla, un montón de hombres enseñando el trasero en Brave de Pixar o incluso varios pechos femeninos (algunos con pezones incluidos) en una de las secciones del clásico de 1940 Fantasía. En estos casos, los desnudos cumplen una función humorística o artística, así que se mantienen. Pero aun con esta explicación, la decisión de censurar el cuerpo de Hannah sigue chirriando, ya que muchos podrían argumentar que las escenas en cuestión no tienen connotación sexual aunque la película sea romántica.

A este respecto, cabe recordar otra reciente polémica alrededor del servicio de streaming. El pasado febrero, Disney decidió que su nueva serie original de temática gay Con amor, Victor, prevista para Disney+, pasaba a la plataforma Hulu (también propiedad de Disney), debido a su contenido “maduro” poco apropiado para niños pequeños, citando como ejemplos “exploración de la sexualidad adolescente, problemas matrimoniales y consumo de alcohol”. Algo parecido le ocurrió al revival de Lizzie McGuire, cuya producción se detuvo tras diferencias creativas con Disney, supuestamente también por su oposición a temáticas más adultas en la serie.

Desde un primer momento, Disney dejó bien claro que su plataforma de streaming sería estrictamente para todos los públicos, preservando así la imagen familiar que lleva cultivando desde sus inicios. Aun habiéndolo especificado, Disney+ ha recibido críticas por la orientación mayoritariamente infantil de su catálogo, cuando lo cierto es que, en este sentido, la compañía no ha engañado a nadie. Quien esperase otra cosa es porque no se había enterado bien de lo que iba a ser Disney+: un contenedor de productos Disney para toda la familia. De ahí que tantas películas adquiridas con su reciente compra de Fox estén ausentes o que no haya ningún título estrictamente para adultos, como Deadpool o Kingsman.

Sin embargo, todo esto no hace sino acentuar las contradicciones de Disney a la hora de seleccionar o editar el contenido de su plataforma y repartir sus propiedades. La desnudez femenina parece ser un problema, pero no tanto la masculina, y aun peor, la violencia tiene mucha más cabida en Disney+ que un simple trasero.

La explicación de que los desnudos de naturaleza sexual no son admisibles no es sólida y suena a excusa. Si el culo de Daryl Hannah no es apto para la audiencia familiar de Disney+, ¿por qué sí lo es el de Homer, que hemos visto tantas veces? ¿Es porque se trata de dibujos animados? ¿Un culo real tiene más posibilidades de causar algún tipo de trauma en los niños? Tonterías. Los niños no se escandalizan ni traumatizan por ver un culo, eso son los padres.

Es más, ¿qué hace Los Simpson en la plataforma cuando precisamente contiene todo lo que Disney, supuestamente, cita como inadmisible? Violencia (además gráfica y extrema, como vemos en los cortos de Rasca y Pica), sexualidad, desnudos, problemas matrimoniales, referencias muy adultas… Los Simpson tiene un episodio en el que Lisa se emborracha y en otro aparece una parodia nazi de Dumbo. Solo por citar dos de los innumerables ejemplos que hay en la serie y de los que Disney no está “protegiendo” a los niños. Eso sí es aceptable, pero el culo de Hannah o la sexualidad de un adolescente gay no. Está claro que Los Simpson es una propiedad demasiado potente y lucrativa, de ahí que la compañía no se arriesgase a no incluirla como reclamo, aunque esto suponga contradecir sus propios criterios.

Esto nos lleva a otra controversia alrededor de la plataforma, la inclusión de clásicos animados que contienen escenas consideradas culturalmente insensibles hoy en día. Películas como Dumbo, La dama y el vagabundo o Peter Pan se reproducen con un aviso en el que Disney explica que se presentan tal y como fueron creadas y que incluyen “representaciones culturales anticuadas”, refiriéndose al consumo de tabaco o al uso de estereotipos raciales (aunque no lo especifican).

Pese a que hay un sector de la audiencia que preferiría que Disney hubiera dejado estas películas fuera de la plataforma, al igual que ha hecho con la película maldita Canción del Sur, su clásico de la vergüenza, en este caso creo que es un acierto dejar estas obras tal y como se crearon, ya que son productos que pertenecen a su tiempo, así como considero oportuno añadir ese aviso, ya que significa que Disney está reconociendo un problema que hasta ahora había hecho como si no existiera.

Sin embargo, esto no hace sino poner más aun de manifiesto la confusión y el desbarajuste de los contenidos de Disney+. Censura unos desnudos y deja intactos otros, tapa con pelo las posaderas de Daryl Hannah pero deja un plano en el que Leslie Mann posa su mano sobre las de Brendan Fraser, descarta una serie por contenido maduro, pero tiene algo tan adulto como Los Simpson en su catálogo y conserva clásicos con escenas consideradas racistas, así como películas con violencia (Vengadores, Star Wars, Piratas del Caribe). Un problema lo soluciona poniendo avisos, otro con censura y otros directamente hace como si no existieran. Simplemente no es lógico.

El caso de Un, dos, tres… Splash es muy representativo. Esta película pertenece a Touchstone Pictures, subdivisión de Disney creada en los 80 para desarrollar proyectos que, sin llegar a ser totalmente adultos, se orientaban a un público más maduro que el resto de productos de Walt Disney. Entre los títulos de Touchstone también se encuentran Aventuras en la gran ciudad (que llegará próximamente a Disney+), en la que se ha censurado la palabra “fuck”, y Tres hombres y un bebé (ya disponible), que incluye contenido supuestamente incompatible con la marca Disney, en este caso una subtrama relacionada con drogas, concretamente heroína. Pero esto no está censurado. ¿Por qué? Puede ser un despiste, o puede que sea doble moral.

Tanto Splash como Aventuras en la gran ciudad o Tres hombres y un bebé son películas que aquellos que crecimos en los 80 y 90 vimos en televisión una y otra vez. En aquella época, la sociedad estaba mucho más relajada y no había tanta hipervigilancia en las películas para todos los públicos. Sin ir más lejos, Splash contaba con calificación para todos los públicos a pesar de incluir desnudos. Con el tiempo, pasó a ser PG-13, y según Vanity Fair, la versión censurada que hay en Disney+ podría cambiar pronto a PG (Guía paternal sugerida). Los que vimos Splash, Indiana Jones o Los Goonies de pequeños por lo general crecimos con normalidad. Ver el culo de Daryl Hannah, oír palabrotas, chistes sexuales o referencias a temas adultos no nos condicionó negativamente.

Pero ahora se nos ha ido de las manos. La moralidad se ha pasado al extremo y hay espectadores pidiendo censura en productos de hace hasta seis o siete décadas. Nos hemos convertido en un público tan crítico y susceptible que no pasamos ni una. Y los estudios, especialmente Disney, que siempre ha sido muy celosa de su imagen familiar, están haciendo lo posible por evitar ser blanco de las críticas y víctimas de la cultura de la cancelación, cayendo en límites absolutamente ridículos y contradictorios, y en muchos casos, como estamos viendo, consiguiendo el efecto contrario.

El problema no es que Disney+ sea una plataforma familiar, eso ya lo sabíamos (o deberíamos, porque lo dijeron sin dar lugar a la confusión), sino que lo sea solo cuando a la compañía le parezca oportuno. Esta volatilidad e inconsistencia en sus criterios no hace sino resaltar su hipocresía y puritanismo, sobre todo en lo que se refiere al sexo. Resulta frustrante que Disney+ conserve intactas todas las películas de Marvel o Star Wars, con sus amputaciones, tiroteos, brutales peleas y decapitaciones, o deje clásicos con escenas cuestionables sin alterar, pero la anatomía femenina sea tal escándalo que haya que esconderla.

Disney+ está creciendo más rápido de lo que se esperaba. El servicio ha superado los 50 millones de suscriptores a nivel mundial en menos de seis meses, hito que los analistas habían previsto para 2022 (NY Times). Esto quiere decir que la compañía se tiene que poner las pilas para definir rápidamente y de forma más clara sus criterios. Según lo que hemos visto, parece que podrían estar siguiendo un proceso concreto, pero es posible que solo tenga sentido para ellos. Nosotros, como espectadores, seguiremos mirando con lupa todo lo que incluyan en la plataforma. Quizá nos estemos pasando de picajosos, pero es lo que han conseguido.

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