La “Capa de sensores espaciales” que EEUU podría crear contra los misiles hipersónicos de Rusia

En la década de 1980 fue la “Guerra de las galaxias”. Ahora, en 2020, se habla de una “Capa de sensores espaciales”. Pero no se trata de la entrega final de una saga cinematográfica sino un concepto vinculado a la contención y neutralización de amenazas militares a escala planetaria, al menos en lo retórico.

La tensión y rivalidad entre Estados Unidos y Rusia es un componente central de la geopolítica contemporánea. Y aunque actualmente esa confrontación no se encuentra en los peligrosos niveles que llegaron a darse en los tiempos de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética y Estados Unidos estuvieron cerca de un choque que podría haber causado el holocausto nuclear, entre Washington y Moscú existe una profunda pugna por mantener y ampliar su influencia y hegemonía en un mundo de suyo cambiante.

En ese sentido, algunos consideran que Estados Unidos se ha quedado rezagado ante Rusia en el ámbito de ciertos armamentos, por ejemplo los llamados misiles hipersónicos y las armas nucleares de bajo poder. El presidente ruso Vladimir recientemente presumió sus misiles hipersónicos, que él considera los más avanzados y sin rival en su tipo en el arsenal de ningún otro país.

GPS or Weather Satellite orbiting Earth

Y las capacidades atribuidas a esos misiles, sobre todo su alta velocidad y la capacidad de cambiar de trayectoria de modo súbito dentro de la atmósfera, los vuelven difícilmente neutralizables.

Ante ello, y ante la noción de que en efecto Rusia sería líder en esa clase de misiles y de que alcanzar o superar esa capacidad sería algo que requerirá tiempo y dinero, el Pentágono estaría trabajando en otras soluciones de contención y neutralización (en paralelo, es de suponer, al desarrollo de sus propias armas hipersónicas): la llamada “Capa de sensores espaciales”.

De acuerdo a un artículo de Loren Thompson en Forbes, el Pentágono trabaja en la conceptualización y construcción, a un costo de decenas de miles de millones de dólares, de un sistema de cientos de satélites de órbita baja con la capacidad de identificar y rastrear misiles hipersónicos, y también otra clase de misiles, para con ello establecer acciones para neutralizarlos antes de que lleguen a su objetivo.

Ese sistema se fundamenta en que, de acuerdo a Thompson, los misiles hipersónicos son usualmente más lentos que los balísticos pero capaces de modificar su trayectoria de modo súbito y sobre la marcha. Por ello se vuelven mucho más difíciles de rastrear e interceptar.

Pero si se cuenta con un sistema amplio de detección, la citada “Capa de sensores espaciales”, podría en principio identificarse el vuelo de un misil hipersónico hostil y lanzar contra él una embestida para neutralizarlo, algo que sería técnicamente posible al ya contar Estados Unidos, de acuerdo al citado artículo, con capacidad de interceptar misiles balísticos que son más veloces que los hipersónicos.

La ventaja de estos últimos, su poder de maniobra, se contrarrestaría con la capacidad de detección de una red de satélites especializados.

La necesidad de esa nueva “Capa de sensores espaciales” se fundamenta en que los actuales sistemas de detección y rastreo de misiles, basados en satélites geosíncronos y radares en tierra, son ineficaces ante misiles hipersónicos que, se afirma, se desplazan relativamente a poca altura (en comparación con los misiles balísticos). Por ello, satélites de órbita baja, mucho más cercanos al área donde vuelan tales misiles, serían necesarios para crear un sistema de detección y neutralización de esas armas hipersónicas.

En la década de 1980, durante el gobierno de Ronald Reagan y en un momento de agudización de la Guerra Fría, Washington planteó su Iniciativa de Defensa Estratégica, conocida popularmente como “Guerra de las galaxias”: un sistema de variadas tecnologías para detectar y neutralizar misiles balísticos hostiles y, con ello, eliminar la capacidad ofensiva de la Unión Soviética.

Pero aunque se dedicó una considerable cantidad de recursos a la investigación, y se lanzó una sustantiva dosis de propaganda, en realidad la Iniciativa de Defensa Estratégica nunca se estableció como tal, tanto porque las tecnologías necesarias no estaban disponibles entonces (y demorarían años para desarrollarse) como porque a la postre la amenaza de Guerra Nuclear cedió cuando amainó la Guerra Fría.

Pero se afirma que la posibilidad de que en efecto se desarrollase ese sistema creó inquietud en la Unión Soviética y motivó a que dedicaran importantes recursos en medidas para imitarlo o neutralizarlo.

En todo caso, la investigación realizada en esa época, proseguida a lo largo de décadas, es parte de la armadura científica, técnica, material y estratégica actual. No sin que también fuese criticada por ser excesivamente cara e inútil, al menos en su momento. Algo que podría aplicarse tanto a las acciones al respecto tanto de Washington como de Moscú.

Un misil hipersónico Kinzhal de Rusia,durante un lanzamiento de prueba en 2018. (AP Photo/ Russian Defense Ministry Press Service, File)

Actualmente, nuevas armas y sistemas de contención se han desarrollado, y el entorno no es ya el de la Guerra Fría. Pero la rivalidad entre ambas potencias es aún intensa. Rusia, ciertamente, ha avanzado en el sector hipersónico (y ha lanzado también una oleada propagandística) al parecer más que Estados Unidos, y ha incursionado también en otros campos. Por ejemplo, las armas nucleares de bajo poder, bombas atómicas “pequeñas” de uso táctico que no tendrían la capacidad de devastar muy amplias regiones como un bomba nuclear de alto poder pero sí podrían destruir las capacidades del enemigo en sectores estratégicos en una suerte de ataque quirúrgico-nuclear, por llamarlo de alguna manera simplificada.

Para responder a esa clase de armas, Estados Unidos ha ya desplegado, de acuerdo a CNN, sus propias armas nucleares “pequeñas” en ojivas colocadas en misiles balísticos emplazados en submarinos. Se trata de la primera arma nuclear desarrollada por Estados Unidos en décadas, pues el Pentágono usualmente ha basado su poder nuclear en armamento de muy alta confiabilidad desarrollado décadas atrás.

Con ello se pretendería mostrar que los rivales de Estados Unidos no hallarían ya ventaja en desatar ataques nucleares tácticos porque, indican expertos citados por CNN, las fuerzas estadounidenses podrían responder de igual o mayor modo en esa clase de escenarios.

Y en el caso del “Capa de sensores espaciales”, podría afirmarse que se proyecta, si es establecida, como un nuevo factor disuasorio o contrapeso a las armas hipersónicas de Rusia u otra potencia. La ventaja de esa clase de misiles quedaría mermada si estos pueden ser detectados e interceptados.

Con todo, aún faltan años para que tal sistema sea establecido. De acuerdo al citado artículo en Forbes, una versión rudimentaria de la “Capa de sensores espaciales” no sería operativa sino hasta mediados de la década, a un costo económico es de suponer muy considerable. Pero si la capacidad hipersónica rusa es en efecto sustantiva, la urgencia del Pentágono al respecto, y en otros aspectos, es de suponer que es también considerable.