La vida de campo nunca apeteció tanto: 'Ruralitas' da visibilidad a la España rural en plena pandemia

El verano está a la vuelta de la esquina y, sin embargo, es probablemente el año que menos planes a la vista tengamos asegurados para nuestras vacaciones estivales. Y es que desde que el pasado 14 de marzo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretara el estado de alarma por la crisis del coronavirus nuestros viajes también se vieron confinados. En este contexto descubrí el programa Ruralitas de La 2 que nos adentra en esa España vaciada que está más de actualidad que nunca en estos momentos de emergencia sanitaria en los que muchos nos hemos replanteado nuestro estilo de vida en las ciudades.

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Ruralitas, el programa de DLO/Magnolia (la misma productora de La vida secreta de los niños y Radio Gaga) nos acerca a nuestro país cuando estamos a punto de arrancar unas vacaciones de verano diferentes por el brote de la COVID-19 y en las que, previsiblemente, nuestras escapadas se producirán en su mayoría por España. Así, la primera entrega -ya se han emitido cinco de 50 minutos de duración cada una- nos adentra en pueblos recónditos de Lugo como Pena da Nogueira, Ernes, Vilarchao o Robledo y otros tantos de Burgos como San Millán de Juarros, Mozoncillo de Juarros, Cuzcurrita de Juarros e Ibeas de Juarros. Y esto es solo la antesala de todo lo que nos espera en este título que se emite cada domingo por la tarde para hacernos viajar sin movernos del sofá.

En este sentido, el programa me parece muy recomendable porque no sólo nos aproxima a pueblos de los que seguramente nunca habíamos oído hablar sino que además retrata la España vaciada desde el relato en primera persona de sus habitantes. Y es que en cada entrega se recorren varias zonas despobladas de España con personas anónimas que tienen mucho que contar, gente emprendedora que al fin y al cabo sigue otra forma de vida mientras trabaja en comunidad.

Para muestra, un botón. El programa arranca con la historia de Alberto en busca de las raíces de sus antepasados en una recóndita aldea de seis habitantes para instalar sus colmenas y hacer, de su pasión por las abejas, una forma de vida de respeto a la naturaleza: “En la ciudad todo eso que mi abuelo me contaba cuando yo era pequeño yo no lo acababa de ver. Veía que era un poco más frío todo, más deshumanizado. Yo no veía ese colaboracionismo, ese compañerismo del que en mi casa se hablaba. A mí el campo siempre me tiró porque yo tengo un perfil muy naturalista. Me gusta ese ritmo pausado pero sin descanso que lleva la naturaleza y en la ciudad va muy rápido porque va desordenado, es el caos”.

El formato muestra cómo vive la gente en los pequeños pueblos a través de los testimonios sinceros de los propios habitantes ya que no hay presentador ni narrador, por lo que mediante Alberto también conocemos a Vanesa, una mujer de Guadalajara que nació y se crió en la ciudad hasta que decidió romper con su vida anterior: “La sensación esa de cuando tienes un problema hay gente que se va a un centro comercial o a ver el fútbol. Yo necesitaba irme al campo y sentarme en una piedra a pensar”.

En la primera entrega también me sorprendieron las motivaciones de Verónica y Benito, un matrimonio de veterinarios ambulantes que atienden a los animales de sus vecinos de la comarca de Juarros a bordo de su unidad quirúrgica móvil: “Nunca me he arrepentido de cambiar la ciudad por el pueblo. La ciudad tiene cosas, por supuesto, pero no echo de menos la gente que va y viene sin ni siquiera mirarse a la cara.

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Y es que en Ruralitas se escucha a aquellos que han elegido vivir en las áreas más remotas de España por lo que según avanzan las entregas a mí personalmente me ha asombrado más no sólo su manera de vivir, tan alejada del estilo de las grandes urbes, sino el orgullo que sienten por la forma de vida que han elegido que, a fin de cuentas, es imprescindible para el medio urbano. En este contexto, me caló hondo conocer a los clientes con los que se relaciona Gerardo como vendedor ambulante en la segunda entrega.

Este quesero que vive en Anguiano (La Rioja) presenta a Irene y Maite que están detrás de Casa Comidas Irene en Viniegra de Abajo: Emprender es quitar el miedo y, sobre todo, yo creo que en un pueblo es más fácil emprender que en una ciudad porque puedes ir marcha adelante y, si las cosas no van bien, es más fácil retroceder y volver otra vez a reinventarte algo. Si eres capaz de emprender en el mundo rural creo que serás capaz en cualquier sitio”.

El éxodo rural (la emigración generalmente de gente joven del campo a la ciudad) es un proceso muy antiguo que se aceleró con la Revolución Industrial y, especialmente, a partir de la segunda mitad del siglo XX con ciudades con Madrid y Barcelona atrayendo a la población de regiones que durante décadas han sufrido la amenaza de verse empobrecidas. Sin embargo, no podemos obviar que la crisis del coronavirus podría propiciar el éxodo urbano, es decir, que muchas de las personas que inicialmente se habían traslado del campo a la ciudad en busca de oportunidades tengan que regresar a sus orígenes, al igual que otras tantas que han nacido y crecido en grandes urbes y que podrían emprender una nueva vida en el campo en estos momentos tan inciertos. Dicho de otro modo, los jóvenes, que tantas dificultades tenemos para encontrar viviendas asequibles en las capitales de provincia, podríamos regresar al entorno rural y, por otra parte, acabar con la despoblación de estos territorios.

Nos encontramos por tanto ante una propuesta que ha recibido críticas muy positivas en redes sociales ya que Ruralitas atrapa con su mensaje e incluso con su sugerente banda sonora, una playlist en la que se mezclan muchos estilos como música indie española, pop internacional, flamenco, folk y hasta canciones en lenguas cooficiales. Un regalo para nuestros oídos, con El Kanka y su Canela en rama, Rosalía con Juro que o Xoel López con Patagonia, que nos acompaña en este peculiar viaje por los rincones más ocultos de nuestro país.

Lo cierto es que, en los últimos tiempos, la televisión se ha fijado en la España vaciada. Si bien Ruralitas es una apuesta diferente e innovadora, a la vez comparte un denominador común con otros espacios de la pequeña pantalla que se centran en dar voz a aquellas personas que siguen peleando por los pueblos como es el caso de El paisano, con Jorge Cadaval (y anteriormente presentado por Pablo Chiapella, Eva Hache y Edu Soto), que recorre con buen humor pequeñas poblaciones españolas para conocer las costumbres a través de sus habitantes. La reivindicación por el medio rural también está presente en Entre ovejas con el pastor Zacarías Fievet al frente que, en este caso, recibe a rostros conocidos para acompañarle durante varios días. Más allá de estos programas de la cadena pública podemos incluir en la lista Volando Voy, el formato de Jesús Calleja emitido en Cuatro en el cual el veterano aventurero recorre distintos puntos de la geografía española para conocer a sus residentes y conseguir los retos propuestos.

En suma, Ruralitas es un acertado retrato en positivo que pretende mostrar la realidad, lejos de tópicos y visiones idealistas, de la vida de aquellas personas que se han construido a la carta su oficio y que han apostado por el mundo rural revalorizando el campo. Y quiero dejar claro que no por ello se han quedado al margen de la sociedad. Aunque ya aviso: tras visionar este canto al optimismo acabas con ganas de irte a vivir a un pueblo y llenarte de amor por la naturaleza en unas tierras donde parece que reina la tranquilidad aunque, eso sí, se entiende que es imposible salir a la calle sin encontrarse a un conocido.

Porque España está llena y lo importante es vivir donde uno se sienta feliz.

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Imágenes: ©RTVE