Kobe Bryant, un católico practicante discreto y cercano

Kobe Bryant era católico practicante. (Getty Images)

Desde que se retiró en abril de 2016, Kobe Bryant llevó a cabo varios cambios en su vida, y uno de ellos fue el convertirse en una persona más terrenal y cercano a la comunidad. Lo hacía dejándose ver en los restaurantes y cafeterías ubicados en las inmediaciones de su oficina de Costa Mesa, California; también mientras entrenaba al equipo de baloncesto de su hija, Gianna, las ‘Lady Mambas’ e incluso cuando acudía a la iglesia para rezar por su cuenta o atender a la misa. El domingo 26 de enero, el día en que se produjo el accidente de helicóptero, Kobe entró en la Iglesia Our Lady Queen of Angels de Newport Beach, poco antes de la ceremonia de las siete de la mañana, se santiguó con agua bendita y dedicó unos minutos a orar frente a la capilla. De ahí fue al aeropuerto John Wayne para encontrarse con el resto de los pasajeros del helicóptero. Aquel era su templo predilecto y una semana después de la tragedia, la misa de las siete tuvo un pequeño recuerdo para las familias de todos los desaparecidos, incluido un Bryant al que se le echó de menos de una manera especial.

“Por Kobe y Gianna Bryant, por la familia Altobelli y el resto de fallecidos, para que descansen en paz y sus familias encuentren consuelo; roguemos al Señor”, agregó el feligrés que se encargó de leer las plegarias especiales.

Aquellas frase tocó el corazón de todos los presentes que, o bien, eran habituales a acudir a esa iglesia y sabían que Kobe se dejaba ver; o bien, habían llegado esta mañana de diferentes partes de la ciudad para rendir sus respetos al ídolo. Para todos ellos, la misa ejecutada por el párroco, Wilbur Davis, tuvo un significado más especial que de costumbre. 

Iglesia Our Lady Queen of Angels catholic church in Newport Beach (Getty Images)

“Es difícil para nosotros”, señaló Jerry Storm, uno de los voluntarios que forman parte de la comunidad religiosa del templo. “Kobe vino el domingo pasado. Era un católico muy comprometido y venía siempre que podía. Cuando nos enteramos del accidente, quedamos petrificados. No lo podíamos creer”, destacó en tono respetuoso pero con cierto orgullo por haber contado con un devoto tan ilustre. Incluso nos confesó que el párroco principal de la iglesia, Steve Sallot, acude regularmente al domicilio familiar de los Bryant para servir como apoyo a la viuda de Kobe, Vanessa Bryant, y a su hija Natalia

Kobe era católico practicante y se apoyó en Dios durante buena parte de su carrera. Sin embargo, pocas veces habló de ello en público, ya que era algo que prefería guardar para sí mismo. La vez que más se explayó sobre el asunto fue durante una entrevista en la revista GQ realizada en 2015, justo antes de sufrir una lesión de hombro que acabó con su temporada y supuso un duro revés menos de un año después de alejarse de las canchas otra vez por culpa de una rotura en el tendón de Aquiles. Su adiós estaba cerca y el Kobe más reflexivo apareció en escena. En aquella entrevista habló de cómo su fe le ayudó a lidiar con el momento más complicado de su vida: la acusación por violación que afrontó en 2003, momento en que llevaba dos años casado, con una hija de un año de edad y con su mujer embarazada. En el documental que Kobe creo sobre sí mismo, ‘Muse’, en 2016, el astro confesó que su esposa sufrió un aborto por culpa del estrés de aquel caso que dio la vuelta al mundo.  

“Lo que más me ayudó durante este proceso fue hablar con un sacerdote ya que soy católico, crecí católico y mis hijos son católicos”, declaró a la revista. Se confesó con su párroco de confianza por aquel entonces y le dijo que era inocente de aquellas acusaciones. La respuesta del clérigo marcó el futuro de Kobe. “Déjalo ya. Sigue tu camino. Dios no va a cargarte con algo que no puedas controlar y ahora está en sus manos. Esto es algo que no está bajo tu control, así que olvídate”, recordó.

Mural de Kobe Bryant. (Getty Images)

Durante los tres últimos años desde su retirada, Kobe acudía a misa muy frecuentemente. Lo hacía de manera discreta. Accedía con el servicio ya comenzado y se colocaba en la última fila más cercana a la entrada de la iglesia. Su pretensión era la de no desviar la atención del resto de los feligreses, la de no robar protagonismo a lo que él consideraba lo verdaderamente importante: la conexión con Dios. A la salida de la ceremonia de este domingo, en la iglesia a la que Kobe siempre acudía solo o con su familia, se habló mucho de él. De cómo había veces que se le veía entre semana, probablemente porque había menos afluencia de feligreses, e incluso algunas personas que tenían que aguantar su deseo de acercarse a él por respetarlo en un lugar sagrado. 

Hay una sensación generalizada que se percibe tanto en el templo, como en el centro deportivo que Kobe creó en Thousand Oaks, Mamba Sports Academy, que se encuentra a alrededor de 55 kilómetros de distancia de la iglesia, y es que el ganador de cinco anillos de la NBA era muy cercano y accesible con los miembros de la comunidad. Sentía que debía devolver todo el cariño que la sociedad le había brindado durante sus 20 años de carrera en Los Angeles Lakers, y su visión principal fue la de mejorar el futuro de las mujeres y que cuenten con las mismas oportunidades que los hombres.

Tengo cuatro hijas, y quiero que tengan las mismas chances de triunfar en la vida que los hombres. Es increíble ver cómo crece su confianza en sí mismas a través del deporte”, afirmó en su última entrevista, realizada una semana antes de fallecer. 

Aquel fatídico día, antes de subirse en el helicóptero poco antes de las nueve de la mañana. Kobe ya había pasado tiempo ejecutando acciones de tres de sus cuatro pasiones. Primero pasó tiempo con su familia, luego fue a la iglesia y muy probablemente, después, compartió algunas impresiones sobre el partido que iba a dirigir en el que iban a jugar su hija y dos de las víctimas del accidente. La otra pasión, la de crear contenido didáctico y adaptar los libros infantiles que estaba escribiendo al plano audiovisual, la iba a seguir ejecutando a partir de un lunes que nunca llegó para él

En la iglesia son conscientes de que no sólo se ha ido un ídolo de masas, sino un feligrés más que compartió su fe con los demás como hace cualquier creyente normal y corriente. Kobe tenía los pies en el suelo y los que se cruzaban en su camino lo agradecían.

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