'Kill Bill' no tiene nada que hacer con la asesina secreta más vengativa de Netflix

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La venganza siempre ha sido uno de los temas más recurrentes del cine y las series a lo largo de la historia. Violenta, sangrienta, estratégica, romántica o justiciera. La hemos visto en todas sus formas. Hasta Liam Neeson la convirtió en sinónimo de su carrera. Sin embargo, desde que La Novia de Kill Bill se saldara con la suya en el final de la saga, no había vuelto a ver una venganza tan colorida, estética e irresistible como la que nos presenta Kleo, la nueva joyita de Netflix donde se sirve con dosis de locura adorable.

Con un poco de Jason Bourne, otro tanto de Kick-Ass, una pizca de La Novia y con aires de Villanelle (Killing Eve), esta serie alemana de ocho episodios tendrá muchas referencias pero, a su manera, es de los estrenos más originales de la temporada.

Jella Haase en 'Kleo' (Julia Terjung, Netflix)
Jella Haase en 'Kleo' (Julia Terjung, Netflix)

Empecé a ver Kleo sin estar segura de sus intenciones. Necesitaba algo nuevo que me quitara la impaciencia que nos está provocando el estreno semanal de La casa del dragón, y esta serie era lo único que probablemente lograría distraerme de Poniente. Sin embargo, el tráiler no me terminaba de convencer y las primeras críticas la comparaban tanto con Killing Eve (que aunque sus fans se me echen encima jamás me terminó de convencer) que no tenía muchas ganas de ver algo ‘ya visto’ otras veces. Tardé varios días en finalmente darle una oportunidad, con cierto escepticismo y a regañadientes. Y vaya sorpresa me llevé.

Con una historia que nos planta en terreno alemán entre 1989 y 1990 (poco antes de la caída del Muro de Berlín), Kleo no arranca como un thriller de venganza, sino como una serie de espionaje al estilo de La chica del tambor o James Bond presentándonos a la asesina contratada por el gobierno, Kleo Straub (Jella Haase). Es eficiente, rápida y sin escrúpulos, cruzando entre las dos Alemanias en secreto y pasando completamente desapercibida. Sin embargo, tras cumplir su última misión por un tiempo (está embarazada) y asesinar a un hombre en un club nocturno de Alemania Occidental, no se percata de que un policía llamado Sven (Dimitrij Schaad) es testigo del asesinato, obsesionándose con atar las piezas del puzle y encontrarla.

Pero el propio sistema, su abuelo y sus jefes la traicionan, enviándola a prisión sin explicación alguna acusada de traición con una sentencia de cadena perpetua. Pero la vida cambia mientras está entre rejas. Dentro y fuera. Ella pierde a su bebé y su país da un vuelco con la caída del Muro entre ideologías que van quedando en el pasado y al son de música tecno. En ese momento los prisioneros políticos quedan en libertad, dando vía libre a la sed de venganza de una mujer traicionada y dolida, pero sin escrúpulos y entrenada para asesinar de todas las maneras posibles. Aquellos que la enviaron a prisión no saben la que les espera…

Jella Haase en 'Kleo' (Netflix)
Jella Haase en 'Kleo' (Netflix)

En su primera mitad, la serie pisa fuerte como una apuesta de espionaje y asesinatos vengativos, mientras la segunda sorprende renovando sus intenciones con una alianza inesperada y una trama traicionera que va ampliando su arco narrativo con misterio incluido. Y si bien la primera comparación que nos viene a la cabeza desde el primer episodio es lo mucho que se parece a Killing Eve, en realidad es una comparativa puramente superficial.

Es cierto que los dos personajes son mujeres psicópatas a su manera, asesinas a sueldo sin remordimientos y locas de remate. Así como que ambas series comparten una estética y estilismo similar, sobre todo en el uso de la comedia negra, que nos lleva a cuestionar cuánto de influencia habrá tenido la serie británico-estadounidense en esta hermana alemana. Sin embargo, Kleo enseguida se distancia haciendo que su protagonista nos conquiste con una faceta sensible que solo deja entrever a los que estamos siguiendo su historia, pero no al resto de personajes. Porque así como se pone a bailar para aterrar a sus víctimas antes de asesinarlas, prepara venenos como si fueran pociones mágicas, diseña bombas o adquiere cargamento militar como si fuera a comprar el pan, también descubrimos a una mujer dolida por la pérdida y la traición de aquellos a los que entregó toda su existencia.

Y por eso me recuerda más a La Novia de Uma Thurman creada por Quentin Tarantino que a Villeneuve. Porque su venganza tiene razón de ser, porque a pesar de su locura psicópata, podemos comprender su necesidad de encontrar respuestas tras perder a su bebé, aniquilando a su paso a personajes que, a su manera, tuvieron menos escrúpulos que ella.

Uma Thurman protagoniza
Uma Thurman protagoniza "Kill Bill: Volumen 1" dirigida por Quentin Tarantino en 2003. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)

Sin embargo, si La Novia estaba impulsada por la rabia más absoluta, en esta serie se lleva la trama más lejos añadiendo parodia y critica a la política alemana de la era, haciendo de la violencia un elemento infalible para el humor negro. De esta manera, la sangre no se siente como un ejercicio de violencia gratuita sino un eslabón más que convierten a Kleo en una apuesta diferente y original a su manera.

La Novia habrá sido letal con su catana, pero Kleo no necesita de fuerza bruta para derribar a todos sus enemigos. Porque así como puede ser infalible con una pistola, también puede cobrarse venganza con planes maquiavélicos de asesina entrenada que llevan la sed de venganza un nivel más sofisticado.

Jella Haase en 'Kleo' (Julia Terjung, Netflix)
Jella Haase en 'Kleo' (Julia Terjung, Netflix)

En resumen, Kleo es el tipo de serie perfecta para un maratón. Tiene una estética visual imponente y un personaje que no deja de sorprender con cada capítulo. Una serie que se convierte en el soplo de aire fresco que los amantes de las series estábamos necesitando.

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