Kiko Matamoros escenifica la crudeza de 'Supervivientes'

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La versión española de Supervivientes arrancó en el año 2000. Más de veinte años después, el concurso se ha erigido como una de las piedras angulares de Telecinco. A la vista está que los espectadores tenían ganas de una nueva edición ya que la cadena de Fuencarral ha recuperado una cuota de pantalla desgastada con otros realities. Y si bien son numerosos los rostros conocidos que desean embarcarse en esta aventura televisada, lo cierto es que Kiko Matamoros viene escenificando la crudeza de participar en este programa de supervivencia.

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Kiko Matamoros se convirtió en el segundo concursante confirmado de Supervivientes 2022. Junto a Anabel Pantoja se postuló como uno de los fichajes más atractivos y populares de la edición debido a que lleva más de media vida apareciendo en la pequeña pantalla, en los últimos años como colaborador estrella de Sálvame y el Deluxe. Y es que el hermano de Coto Matamoros es uno de los principales rostros de la cadena de Fuencarral que comenta la actualidad del mundo rosa aunque, en muchas ocasiones, se ha convertido en protagonista de la propia información por sus desavenencias con su expareja Makoke o su hija Ana, sus problemas económicos, su adicción a las drogas o sus operaciones estéticas.

El caso es que la puesta en escena de Kiko Matamoros en Honduras no ha resultado la esperada. Mientras que Anabel Pantoja se marcó desde el principio superar la marca de 14 días que alcanzó en su primera experiencia como concursante de Supervivientes 2014, lo cierto es que al veterano colaborador esta experiencia le está viniendo grande. Y no solo porque esta aventura haya sacado al tertuliano de su zona de confort sino porque representa cuán extremo es el concurso.

Porque Supervivientes tiene poco que ver con otros programas destacados de la cadena como Gran Hermano, La casa fuerte o Secret Story: La casa de los secretos. El formato producido por Bulldog TV plantea muchos retos para los participantes, siendo el principal el aguante durante varias semanas en una isla aislada de la civilización en la que únicamente los concursantes se pueden valer de los recursos que les ofrece el mar. Asimismo, no solo se enfrentan al hambre o al frío (hacer fuego puede ayudar considerablemente) sino que también tienen que mantener un equilibro entre cuerpo y mente para que ésta no les juegue una mala pasada en un programa marcado por las nominaciones que deben evitar a toda costa si demuestran que son merecedores de permanecer en la competición.

Si bien el premio económico resulta muy suculento, llegar hasta la final es harto complicado porque durante el concurso no solo se enfrentan a pruebas muy duras, como la apnea, sino que la supervivencia va haciendo mella con el paso de los días. De hecho, es frecuente ver cómo los concursantes pierden kilos y hacen todo lo posible por pescar y conseguir algo de alimento extra. A ello hay que añadir que la convivencia no es tampoco sencilla y que los roces entre compañeros pueden surgir a la primera de cambio porque, al fin y al cabo, están irritados dado que las condiciones climatológicas también le pasan factura a la larga.

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A pesar de que Kiko Matamoros conocía estos inconvenientes, seguramente se esperaba dar todo de sí mismo en Supervivientes 2022. Pero nada más lejos de la realidad. Aunque su novia, la joven modelo Marta López Álamo, está realizando una defensa impecable en plató pese a no tener tablas televisivas, la realidad es que el colaborador de Sálvame ha sido puesto en el disparadero. Por mucho que Jorge Javier Vázquez esté demostrando una confianza plena en su compañero de trabajo, los demás tertulianos del magacín vespertino de Telecinco le están dando hasta en el carné de identidad. Antonio Montero aseguró hace unos días que el participante está sobreactuado. Una opinión con la que también coincidía Marta López, quien dejó claro que está forzando la máquina, y hasta Gema López apuntó que el madrileño está perdiendo naturalidad cuando es una de las cualidades que más valoran los espectadores en un robinsón.

En efecto, el paso de Kiko Matamoros por Supervivientes 2022 no está dejando indiferente a nadie porque para empezar el colaborador ya ha tenido discusiones con la mayoría de sus compañeros. Especialmente con Rubén Sánchez Montesinos, Alejandro Nieto y Desirée Rodríguez. Además, ha mostrado sus flaquezas durante las pruebas físicas, poniendo de relieve que tiene 65 años. Aunque quiera aparentar menos con su robustez.

Ahora bien, en las últimas horas, como se reflejó en la gala presentada por Ion Aramendi el pasado domingo, Kiko Matamoros se ha mostrado al límite por la propia crudeza inerte al programa. Y es que desde que se ha trasladado a Playa Fatal no levanta cabeza. El concursante tiene el cuerpo lleno de picaduras (no puede parar de rascarse al igual que Nacho Palau los días previos) y su estado de salud cada vez es peor ya que vomita todo lo que ingiere. Evidentemente esta circunstancia ha minado por completo el ánimo del participante por lo que se pasa la mayoría del tiempo tumbado ya que siente mareos y muchas náuseas. El médico incluso ha tenido que atenderle ya que sufre diarrea y tiene la cara deformada por los picotazos.

De este modo, al exrepresentante de famosos le está costando infinitamente más que a sus familiares permanecer en el concurso. Por ejemplo, su hijo Diego Matamoros aguantó 45 días en la isla hasta que tuvo que abandonar por una lesión en la espalda. Por su parte, su hija Laura Matamoros llegó hasta la final soportando las duras condiciones climatológicas durante 91 días. Hasta su exhijastro Jonathan Piqueras dio todo en Honduras durante 28 días.

En resumen, aunque a Kiko Matamoros tanto los tertulianos desde los diferentes platós de Telecinco como los propios espectadores a través de las redes sociales, le están criticando porque no está a la altura de las expectativas generadas, se ha coronado como el reflejo de todo lo que le puede ocurrir a alguien en Supervivientes. En otras palabras, al colaborador de Sálvame, que quería batir el récord de salto del helicóptero, ya no le quedan fuerzas y es el ejemplo que tienen que tener en cuenta todos los detractores del programa que justifican que la competición televisada no es tan complicada como se pinta. Pero, todo lo contrario, porque el concursante ha escenificado como nadie las duras condiciones de Honduras.

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