'Juego de tronos', crítica del 8x02: 6 batallitas antes de la gran batalla

Por Gonzalo Cordero
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Después de un primer capítulo armado a base de reencuentros y de reposicionar a los protagonistas, muchos seguidores de Juego de tronos esperaban que en el segundo capítulo se desatara la acción. Pues no. A la espera de la batalla más grande jamás grabada para una serie de televisión, que ocupará los más de 120 minutos del tercer capítulo, en este segundo episodio nos hemos tenido que conformar con muchas batallitas. Una larga espera a modo de fuego de campamento –con canción incluida– que quizá decepciona a quienes tengan sed de guerra y cotarro, pero que, gracias a su exquisito guión, a muchos nos retrotrae a aquellos capítulos de las primeras temporadas en los que aparentemente no pasaba nada y aún así eran una auténtica gozada. Un autohomenaje con pasajes verdaderamente brillantes.

Por eso vamos a recopilar esos pequeños grandes momentos de este segundo capítulo antes de que quede sepultado en el olvido por la guerra que está a punto de llegar. Los ordenamos desde lo que menos nos ha convencido a lo que nos ha enamorado (y ni que decir tiene que son todo spoilers).

6 - La confesión de Jon a Daenerys

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Desde el estreno llevamos advirtiendo que algo no acaba de funcionar en las tramas en las que está involucrada Daenerys, incluyendo su conflicto principal con Jon Snow. El mejor ejemplo es esta escena en la que su amante le cuenta que en realidad es su sobrino, Aegon Targaryen. Primero canta que el final del capítulo tiene la misma estructura que el final del anterior, cuando Sam le contaba su verdadero origen a su amigo. Vale que se busque el paralelismo, pero si se hace así es para redoblar la apuesta, no para quedarse a medias. Había mucho más dramatismo en la cara de Sam que en la de Daenerys, que es quien está viendo peligrar su opción a ser quien ocupe el Trono de Hierro. El exceso de contención y la falta de originalidad en la reacción de ambos se remata con el manido recurso de cortar la resolución con un toque de corneta que avisa de la llegada del ejército de los muertos. Desde luego no está a la altura del resto de escenas importantes del capítulo.

5 - La despedida de Gusano Gris y Missandei

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Un mal presagio nos ronda la cabeza después de ver el beso de despedida entre Gusano Gris y Missandei, una de las historias más románticas y adorables de toda la serie. Es llamativo que no hayan tenido un papel más relevante en estos dos capítulos, por lo que esta escena tiene toda la pinta de ser la última en la que los veamos juntos con vida. Ella se siente a disgusto en Invernalia porque la tratan como a una extranjera, y él le promete que la llevará de vuelta a las playas del sur... Una conversación con todos los ingredientes para que nos duela más su probable desenlace. La escena es estupenda... Y nos va a dar mucha pena.

4 - Bran empieza a hablar más claro

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Los argumentos nebulosos de Bran Stark nos estaban desesperando por completo, pero parece que por fin vemos luz al final del túnel. Por un lado, y después de cruzarse unas cuantas miradas dramáticas más, habla con Jaime Lannister para decirle que, gracias a que lo tirara por la ventana hace unos cuantos años, ahora es el Cuervo de Tres Ojos y puede saber cómo ganar la guerra. El hermano de Cersei se lleva una de cal y otra de arena, porque Bran le da a entender que será clave en la batalla pero que seguramente no sobrevivirá.

Por otro lado, Bran se ofrece como señuelo para atraer al Rey de la Noche. Según sus palabras, ese misterioso ser siempre sabe dónde está porque lo dejó marcado y va a ir a por él porque "quiere eliminar el mundo y yo soy su memoria". Los que apoyan la teoría de que El Cuervo de Tres Ojos y el Rey de la Noche son la misma cosa, deben estar mordiéndose las uñas. Ahora bien, ¿a quién se le ocurre que quien vaya a proteger a Bran sea Theon?

3 - La sororidad entre Sansa y Daenerys

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Teníamos infinitas ganas de ver un verdadero cara entre Sansa y Daenerys, y ha estado a la altura. La conversación desencadena una inesperada conexión entre ambas, un claro ejemplo de sororidad entre dos mujeres que han sufrido etapas parecidas en su camino para llegar hasta donde están. "Las dos hemos gobernado sobre gente poco inclinada a aceptar el mando de una mujer y lo hemos hecho de forma magnífica", recalca Daenerys. Es buenísima la advertencia que hace Sansa sobre los hombres enamorados –"Son fáciles de manipular"–, y también es precioso ver cómo rebaja su recelo contra Daenerys cuando ve que realmente está enamorada de su 'hermano', lo que incluye una genial referencia a Khal Drogo: "Es el segundo hombre en el que confío... El primero era más alto". Para no caer en el almíbar, Sansa demuestra su valor al recordar a su supuesta aliada que, si ganan la guerra, el Norte merece ser independiente.

2 - La pasión de Arya y Gendry

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Arya se lo merecía. La aproximación romántica y sensual de este personaje a Gendry, el bastardo Baratheon, es valiente, atrevida y nada convencional. El calentamiento comenzó en el primer capítulo y aquí se desata huyendo de todos los tópicos sobre masculinidad y feminidad, con unos diálogos y unas miradas que son puro fuego. Como hemos visto a Arya desde niña, choca de repente ver su semi-desnudo, pero de nuevo rompe con lo esperado y aporta al personaje una carnalidad inédita y a la vez fascinante. Por momentos como este, Juego de tronos es una serie diferente a las demás.

1 - La consagración de Brienne

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Esta sonrisa de Brienne de Tarth justifica todo el capítulo, casi diría que toda la serie. Es un ejemplo sublime de cómo un personaje secundario, aparentemente insignificante durante varias temporadas, puede llevar dentro el ADN completo de la historia. Si Juego de tronos habla sobre lealtad, sobre compromiso, sobre ruptura de los límites personales, sobre amor y pasión, todo eso está en la sonrisa, en el llanto de alegría de Brienne cuando Jaime Lannister, su Jaime, la nombra caballero de los Siete Reinos. En este capítulo ella le salva de ser condenado por Daenerys, él la mira como nunca antes la había mirado...

Y Brienne también se ve en el centro del mejor triángulo amoroso de la historia de la televisión, cuyo tercer vértice es Tormund, el salvaje 'que siempre ha tenido los ojos azules'. La forma en que él le corteja contándole la historia de que fue amamantado por una gigante es gloria pura. ¡Viva Ser Brienne de Tarth!