Juego online: muchas horas no significa adicción (esto es lo que debe alarmarte)

El factor determinante de esta ‘enfermedad’ no es tanto el tiempo como el impacto que tenga a nivel psicológico, social y laboral. Así lo explican los expertos

La mayor oferta de ocio, las nuevas tecnologías y los  juegos de la sociedad actual facilita que más personas vulnerables entren en contacto con ellas. (Foto: Getty)

No es fácil saber cuándo nos estamos excediendo en el uso de la consola, la tablet, el móvil o cualquier otro dispositivo, ni tampoco lo es tener que lidiar con la pareja, o explicarle a un hijo menor o un adolescente los peligros de su cuasi ‘obsesión’. Tampoco solemos pensar que por dejar al niño jugar cuando quiera se va a convertir en ludópata pero (aunque suene exagerado y alarmista) puede pasar.

Muchos padres creen que se quitan de problemas siendo estrictos con los horarios, pero esto no va a librarte de tener a un adicto (a los videojuegos) en casa, ya sea un hijo o tu pareja. Lo importante es cómo afecta esta ‘afición’ a su rutina y a vuestro día a día, aseguran fuentes de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD).

Un trastorno real y diagnosticado

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la adicción a los videojuegos como trastorno mental en la Clasificación Internacional de Enfermedades, esta nueva categoría diagnóstica supone un tema controvertido a nivel científico.

De hecho, la comunidad científica estima que aproximadamente el 10 por ciento de las personas expuestas al uso de videojuegos desarrollará problemas de adicción.

Además, según datos de la SEPD, el 96 por ciento de estos casos de adicción al juego están asociados con otros trastornos mentales como fobia social, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno obsesivo compulsivo (TOC), trastorno de personalidad límite y psicosis. Es decir, se trataría de personas que sufren patología dual, es decir, que tienen una adicción y otro trastorno mental al mismo tiempo. Demi Lovato dio visibilidad a este problema que tiene un componente neurobiológico común.

La adicción a los videojuegos se asocia con trastornos de la personalidad y esconde patologías que es necesario tratar por un especialista.(Foto: Getty)

Por otro lado, la prevalencia en adultos del juego patológico se sitúa en torno al uno o dos por ciento, mientras que en adolescentes la cifra aumenta hasta el ocho por ciento. En el año 2013, la clasificación internacional de trastornos mentales DSM-5 incluyó por primera vez los trastornos por juego dentro del capítulo de las adicciones, reconociendo su similitud con los trastornos por uso de sustancias o drogas.

“Las personas adultas con un trastorno por juego recurren más a la lotería o a las máquinas tragaperras, mientras que los jóvenes juegan más a apuestas deportivas y póquer online. Por lo tanto, la oferta de las nuevas modalidades de juego por internet se dirige especialmente al colectivo joven”, explica el Dr. Néstor Szerman, presidente de la SEPD.

Dado que el cerebro se desarrolla lentamente hasta más allá de la segunda década de la vida de una persona, “los adolescentes son más vulnerables a la adicción al juego a través de internet porque su cerebro es inmaduro y tiene menor capacidad de control”, detalla el especialista.

Los adolescentes son más vulnerables al juego online porque su cerebro tiene menor capacidad de control. (Foto: Getty)

“El neurodesarrollo, o desarrollo del cerebro, soporta las capacidades afectivas, sensoriales, perceptivas y cognitivas, que se pueden ver expuestas a estímulos poderosos como los que produce el juego online”, añade el presidente de la Fundación Patología Dual.

En este sentido, los especialistas de la SEPD advierten de que el juego en línea puede entrañar mayor riesgo de adicción debido a la estimulación visual, la cuantía de apuestas baja, la disponibilidad y accesibilidad 24 horas, y la privacidad.

Además, “la accesibilidad y permisividad que existe en relación al juego online expone a una gran proporción de adolescentes a esta oferta, no apropiada para su edad”, indica Szerman, quien alerta de “un aumento importante de la incidencia de trastornos por juego en la población adolescente”.

No obstante, matiza la diferencia entre jugar muchas horas y tener una adicción: “Hablamos de conducta adictiva cuando esta actividad deja de ser lúdica e impacta de forma negativa en estos chicos y chicas, en detrimento de sus relaciones familiares, afectivas y académicas, y tiene una repercusión conductual, ya que, por ejemplo, deben conseguir dinero para seguir jugando”.

Estos cambios comportamentales son los que hacen saltar las alarmas en el entorno del adolescente con un trastorno por juego: “A los afectados les cuesta reconocer que tienen una adicción, lo que retrasa la puesta en marcha de medidas terapéuticas. En el caso de los adolescentes, el juego les produce un efecto sedante y calmante del malestar que ya sufrían previamente”.

Conclusión: deberías empezar a tomar medidas en el momento en el que esa ‘pasión’ interfiera en tu o su relación con los demás y en la vida cotidiana. Por tanto, si discutes con tu pareja o con tus padres/hijos a menudo debido a su necesidad por estar conectado, si llega o llegas tarde a clase o al trabajo, si le pillas una mentira detrás de otra, si día día también te pide dinero (o te lo quita de la cartera) y por supuesto, si se ha saltado alguna comida por no parar o hasta se aguanta las ganas de ir al baño.

Por último, Szerman señala que para sufrir una adicción hace falta tener una vulnerabilidad previa, por lo que la mayor oferta de ocio, las nuevas tecnologías y los juegos de la sociedad actual facilita que más personas vulnerables entren en contacto con ellas. “Es probable, como ya está pasando, que la incidencia de las adicciones comportamentales aumente con el paso de los años”.
¿Crees que los padres deben controlar el tiempo que los adolescente dedican a internet y supervisar lo que hacen con el móvil?

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