Judit decapita al opresor: Caravaggio, Gentileschi y lo cruel en el arte

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Roma, 25 nov (EFE).- Una heroína bíblica, un opresor ensangrentado y mucha crueldad. El gran Caravaggio revolucionó la pintura de su tiempo con su visión de la decapitación perpetrada por Judit para salvar a su pueblo, un lienzo de una violencia inusual homenajeado ahora en Roma, setenta años después de su sorprendente hallazgo.

La Galería Nacional de Arte Antiguo, en el palacio Barberini, repasa la temática de la violencia y la seducción en la historia del arte en los siglos XVI y XVII en la exposición "Caravaggio y Artemisia: El desafío de Judit", abierta hoy y que podrá verse hasta el 27 de marzo de 2022.

"La muestra explica cómo la visión extraordinaria de Caravaggio se difundió en la historia de la pintura y en el imaginario de su tiempo", refiere a Efe su comisaria, Maria Cristina Terzaghi, que ha reunido 31 obras de gran formato sobre este pasaje bíblico, llegadas de museos como los madrileños del Prado y el Thyssen-Bornemisza.

CARAVAGGIO Y LA ELECCIÓN DE JUDIT

La obra de Caravaggio es de una violencia inaudita, intensificada además por su claroscuro, pues representa el momento exacto en el que la judía Judit cercena la cabeza del general Holofernes, al que antes había emborrachado para asesinarle y evitar que atacara a su pueblo.

La joven, con el ceño fruncido, sorprende al militar en el lecho, asiéndole de los cabellos y clavando con decisión la daga en su cuello, del que emana un potente chorro de sangre, todo ante la mirada de una anciana sierva con aire temeroso.

Caravaggio retrataba a una "femme fatal" del Antiguo Testamento de un modo "revolucionario" para sus contemporáneos, apenas un lustro después de que este pasaje fuera aceptado e incluido en la versión de la Biblia (vulgata) promulgada por Clemente VIII.

Este tema, rechazado sin embargo por los protestantes, ya se había tratado antes, como demuestra el lienzo de Tintoretto, teatral, pero menos cruento, o la escultura que Donatello legó a Florencia, pero la versión de Caravaggio lo puso, digamos, "de moda".

"Esa es la fuerza extraordinaria del cuadro", asiente Terzaghi, pues con su decisión de mostrar el preciso instante del homicidio, con el soldado asirio con el rostro desencajado, Caravaggio sacude al espectador, haciéndole plantearse qué se siente al morir.

ARTEMISIA GENTILESCHI Y LA ESTELA DE UN MITO

El cuadro del polémico artista fue encargado por un banquero y, pese a que este lo custodió con celo, se sabe que fue visto por muchos pintores del momento, impactándoles enormemente.

Y no es de extrañar pues se trata del dilema de una mujer, alegoría del pueblo judío, que debe hacer frente al poderoso general enviado por Nabucodonosor, valiéndose de su valentía, astucia y fe en Dios, del mismo modo que David contra Goliat.

Una de sus más fervientes admiradoras, quizá la más apasionada y original, fue la pintora Artemisia Gentileschi -su padre Orazio conocía a Caravaggio- y que realizó dos versiones del mito, expuestas en esta muestra del Palacio Barberini.

La primera, quizá la más impactante, compite en dramatismo con la tela del genio, al optar también por retratar el momento culmen del homicidio e incluso yendo más allá, pues en sus pinceladas parecen vislumbrarse píldoras de su propia y difícil vida.

Artemisia conocía bien la violencia, pues había sido violada por su maestro y ridiculizada en un juicio, y un año después de aquel traumático acontecimiento pintó su propia versión de Judit, pero, eso sí, más cruel y radical, casi "feminista", en términos modernos.

En el lienzo de Gentileschi, en el que algunos estudiosos juran ver el autorretrato de la artista en la heroína judía, hay más sangre, que llega a empapar las sábanas del tirano, y en el crimen participa la sirvienta, que en la versión de Caravaggio es pasiva.

En definitiva, son dos mujeres contra un hombre despreciable y con el que se ensañan.

La historia de Judit se había asentado en el imaginario artístico del momento y perduraría con el paso del tiempo, aunque la mayoría de autores, como Bartolomeo Manfredi, Giuseppe Vermiglio, Guido Cagnacci o Mattia Preti, prefirieron mostrarlo en su fase final, con la testa del tirano en una cesta, una imagen mucho menos violenta.

UN HALLAZGO PRECIOSO

Aunque parezca mentira, el cuadro, uno de los más famosos y apreciados de Caravaggio, permaneció oculto durante mucho tiempo y este año se cumplen setenta años de su "redescubrimiento".

Su propietario, el banquero ligur Ottavio Costa, decidió ocultarlo al público o venderlo por miedo a copias, hasta que a mediados del siglo XIX acabó siendo comprado por la familia Coppi.

El cuadro permanecía en paradero desconocido, pero en 1971, casi cuatro siglos después de que sus colores se secaran, el historiador Roberto Longhi recordó haber visto esta pintura en su juventud en un palacio romano, aunque atribuida falsamente a Orazio Gentileschi.

Finalmente el sagaz restaurador Pico Cellini logró localizarlo, permitiendo al Estado italiano comprarlo en 1971 por 250 millones de liras.

Así acabó en el patrimonio nacional, la nueva puesta de largo de una pintura magnífica ocultada durante demasiado tiempo.

Por Gonzalo Sánchez

(c) Agencia EFE

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