Joyce Bryant, la "Marilyn Negra" de la que nadie habla

Anna Sanchez
·4 min de lectura
Joyce Bryant, la Marilyn Monroe Negra olvidada
Joyce Bryant, la Marilyn Monroe Negra olvidada

Joyce Bryant fue la diva del Copacabana y la inspiración de otras grandes como Aretha Franklin.

Apodada la “Marilyn Negra” , Joyce Bryant hizo historia en los años cuarenta y cincuenta gracias a su voz y a su arte. Era la estrella del Copacabana donde tocaba al son de Sammy Davis Junior, renombrado pianista. Su arte y su manera de expresarlo fueron clara inspiración para posteriores artistas consagradas como Aretha Franklin.

Joyce Bryant era un icono y, como tal, su imagen quedó en la memoria de muchos en décadas de oro de Hollywood. Ella, con su piel oscura y su pelo teñido de plateado, con esos vestidos ceñidos de corte sirena y con su espectacular voz y talento interpretativos, los encandilaba a todos.

Tocó lo más alto siendo una de las estrellas afroamericanas más populares de la época pero, hoy en día, pocos conocen su nombre o recuerdan su historia. Actualmente Joyce tiene 93 años y vive completamente apartada de aquel sueño del teatro y el nightclub de los 40 y los 50.

Joyce Bryant, studio portrait, United States, 1953. (Photo by Gilles Petard/Redferns)
Joyce Bryant, studio portrait, United States, 1953. (Photo by Gilles Petard/Redferns)

Bryant nació en Oakland, California, allá por 1927 y llevaba la música en la sangre gracias al jazz de su abuelo, que tocaba el trombón. Joyce siempre fue rebelde y avanzada a su tiempo, de hecho con tan solo 14 años se casó con su novio escapando de casa pero, obviamente, la boda fue anulada ipso facto cuando su familia se enteró.

A los 19 fue a Los Ángeles a visitar a unos primos y allí fue su primer encuentro con el mundo nocturno y de karaoke. Ella cantó y lo hizo tan bien que el dueño del local le pagó 20 euros de aquella época para que subiera al escenario a cantar otra canción. Ella aceptó encantada porqué no tenía dinero en el bolsillo ni para volver de regreso a Oakland.

UNSPECIFIED - JANUARY 01:  Photo of Joyce Bryant  (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)
UNSPECIFIED - JANUARY 01: Photo of Joyce Bryant (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

Al descubrir su pasión por la canción y la interpretación en general se mudó a Nueva York y consiguió trabajo. Allí cambió radicalmente de look para actuar en clubs y hoteles y fue donde nació su pelo plateado y sus vestidos entallados, casi envasados al vacío sobre su piel.

Bryant era descarada e independiente y empezó a ser inspiración para algunas artistas locales anónimas de la zona. Su piel era claramente negra oscuro y eso no era “aceptable” para algunos racistas, de hecho, estos prejuicios sumados a su sensualidad explícita le costaron la censura en más de una ocasión.

Cadenas como la CBS o la NBC censuraban sus entrevistas y las radios incluso censuraron canciones como “Love for Sale” o “Drunk With Love” que son, dicho sea, sus dos mayores éxitos. Pero Joyce se crecía ante la adversidad y, en plenos años 50, gritaba a los cuatro vientos su disconformidad con las leyes de discriminación por raza.

En 1952 miembros del Ku Kux Klan la amenazaron de muerte y quemaron su imagen. Le dijeron que si actuaba en un hotel de Miami Beach la matarían pero la afroamericana hizo gala de su valentía una vez más y, con total dignidad, actuó. Al día siguiente la prensa solo hablaba de su fantástico y descarado show.

Paralelamente a sus actuaciones musicales, Joyce también hacía teatro y cine. A mediados de los años 50, la diva ya cobraba 3.000€ por actuación pero estaba más que harta de la hipocresía y el racismo en la industria del espectáculo y en la sociedad en general.

Joyce Bryant se retiró en 1956 y dejó una carrera de 170.000€ anuales por dedicarse a la Iglesia de los Aventistas del Séptimo Día, que le había inculcado su familia desde la infancia. Se acabó el pelo teñido y los vestidos de sirena, la noche y los shows.

Por aquel entonces se volvió activista en la lucha por los derechos civiles de la mano de Martin Luther King Jr. quien declaró que era una de sus cantantes favoritas. Durante su lucha social se desencantó de la iglesia que le dio la espalda porqué no eran temas ‘espirituales’ que les concernieran y ella, obviamente, eligió entonces la reivindicación terrenal.

En los años 70 se formó en la ópera de Howard y cantó en la ópera de Nueva York y por toda Europa. En los años 80 dio un giro a su carrera y empezó a cantar y bailar la gran pasión de su abuelo, el jazz.

Hoy en día, 30 años después, disfruta de una vejez tranquila en familia y, aunque ya no sea la diva que fue hace cinco décadas, es necesario y justo que la gente siga conociendo la historia de esta ‘Marilyn Negra’ y revolucionaria.

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