'Jóvenes Altezas', la serie más bonita que ha hecho Netflix

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Nunca pensé que una serie romántica ambientada en el mundo de la realeza fuera lo mío… hasta que llegó Jóvenes Altezas. La nueva serie sueca de Netflix ha dinamitado todas mis expectativas para alzarse como una de las mejores ficciones que nos ha dado la plataforma hasta ahora. Y no soy el único que ha caído rendido ante ella. Su onda se está expandiendo, encandilando al público con su propuesta adolescente real (en su doble sentido), alejada de la norma y la artificialidad de otros productos del mismo género.

Porque en su apuesta, Jóvenes Altezas tiene poco que ver con otras ficciones teen de moda como Élite, Riverdale o Gossip Girl, series sobre adolescentes hiperestilizadas e hipersexualizadas que se quedan en sus antípodas a pesar de, aparentemente, tener mucho en común con ellas. Su belleza y naturalidad, su aproximación realista al romance y la química desbordante de sus protagonistas hacen que Jóvenes Altezas se desmarque del montón para dar a las demás una lección sobre cómo se cuenta una historia juvenil.

Imagen de Jóvenes altezas (Johan Paulin, Netflix)
Imagen de Jóvenes altezas (Johan Paulin, Netflix)

Leyendo la sinopsis de Jóvenes Altezas es fácil hacerse una idea equivocada sobre la serie. Yo mismo me resistí a verla al principio porque no me llamó nada la atención a primera vista; y eso que suelo consumir bastantes historias adolescentes y algunas de mis series actuales favoritas comparten esta temática. Sin embargo, hay algo en las series sobre niños ricos con uniforme que me provoca rechazo o al menos me vuelve receloso, quizá por la experiencia que he tenido con ellas hasta ahora. Pues bien, cómo me alegro de no haber hecho caso a ese instinto, porque me habría perdido una de las series del año.

La historia de Jóvenes Altezas se centra en Wilhelm (Edvin Ryding) un joven príncipe de Suecia que, tras participar en un altercado nocturno que acaba en redes sociales, la reina decide enviarlo al prestigioso internado Hillerska, donde empieza a soñar con un futuro diferente al que se le ha impuesto al enamorarse por primera vez. Paradójicamente, allí descubrirá una vida de mayor libertad en la que puede ser él mismo y amar sin condiciones ni reglas, pero todo cambiará cuando Wilhelm se convierte en el siguiente en la línea de sucesión al trono y debe decidir entre seguir los dictados de la corona o de su corazón.

Suena tópico, ¿verdad? Títulos románticos sobre la realeza hemos tenido muchos, sobre todo recientemente. De hecho, Netflix ha triunfado en este terreno con películas como Un príncipe de Navidad o Cambio de princesa. Pero Jóvenes Altezas no tiene nada que ver con estas comedias románticas aspiracionales y fantasiosas más allá de la ambientación real. ¿La principal diferencia? Que esta es una historia queer. El príncipe no se enamora de una chica en el internado, sino de un chico. Latino y abiertamente gay, para más señas.

Y esta es una de las razones por las que Jóvenes Altezas no es el típico cuento de hadas sobre príncipes y princesas, sino una dulce y preciosa historia de primer amor queer en un contexto que suele estar reservado exclusivamente para las parejas heterosexuales. Una vuelta de tuerca fresca, elegante y actual que a su manera propina un mazazo al establishment de la ficción. Pero hay más motivos para enamorarse de esta serie. Muchos más.

Pese a que, por proximidad (pertenecen a la misma plataforma), Jóvenes Altezas se puede asociar fácilmente con Élite, lo cierto es que poco tiene que ver con ella. Su forma de retratar la experiencia adolescente es completamente diferente. Si la ficción española apuesta por el culebrón escandaloso y el thriller de alto voltaje sexual, la sueca opta por una mirada mucho más realista a la etapa de transformación y descubrimiento que supone la secundaria. Dicho de otra manera, en Élite tenemos modelos inalcanzables, en Jóvenes Altezas adolescentes con granos en la cara. En este sentido, la serie que más se le parece sería Skam, el fenómeno noruego del que parece haber tomado más de una nota para contar la historia de los estudiantes del instituto Hillerska.

Edvin Ryding como Wilhelm (Netflix / Johan Paulin)
Edvin Ryding como Wilhelm (Netflix / Johan Paulin)

En efecto, Jóvenes Altezas vendría a ser la Skam de la corona, un drama escandinavo naturalista con pinceladas de The Crown y mucho de Rojo, blanco y sangre azul, aclamado best-seller de Casey McQuiston que narra la relación entre el príncipe heredero del Reino Unido y el hijo (latino) de la Presidenta de los Estados Unidos. Inconscientemente o no, la serie de Netflix toma mucho prestado del libro, fenómeno editorial reciente que pronto será adaptado por Amazon, y los que lo han leído se acordarán bastante de él viéndola.

Claro que, a pesar de recordarnos a otras obras similares (tanto en el mundo audiovisual como en el editorial, donde cada vez hay más historias queer), Jóvenes Altezas no tarda en convencer por méritos propios. Y es que lo de esta serie es un acierto detrás de otro para tumbar cualquier idea preconcebida que se pueda tener de ella.

A lo largo de solo seis episodios (que recomiendo dosificar para que duren más y poder saborearla mejor), Jóvenes Altezas aborda temas como el privilegio, la presión social y familiar, la enfermedad mental, la comunicación con los padres, la masculinidad tóxica, las drogas y el sexo, y lo hace desde la más total sensibilidad, sin tapujos, pero sin caer en sensacionalismos baratos o en provocación vacía. Es decir, tomándose en serio a sus personajes y retratándolos como a seres humanos, en lugar de estereotipos o falsificaciones de la realidad. 

Esa misma perspectiva natural y realista es la que se utiliza para desarrollar la historia de amor central de la serie, la razón por la que mucha gente está conectando tanto con ella. A través de Wilhelm y Simon (Omar Rudberg) podemos sentir las mariposas en el estómago del primer amor. La química traspasa la pantalla. Las miradas entre ellos son tan auténticas, tan elocuentes, que no hacen falta muchas palabras para convencernos de que lo suyo es el amor más puro que hemos visto en pantalla en mucho tiempo. Y en la prueba de fuego que son las escenas de sexo, la serie aprueba con nota, presentándose con la misma naturalidad e intimidad que el resto de la serie. El trabajo que desempeñan ambos actores es sencillamente perfecto y la conexión salta a la vista.

Que los dos protagonistas sean chicos es sin duda el motivo principal por el que Jóvenes Altezas se distancia de otras series y películas románticas. A la belleza del primer amor se añade esa sensación que solo sienten las personas LGBTQ+ de tener que esconderlo, aquí acentuada por el hecho de que uno de ellos es además el heredero que debe garantizar la continuación de la familia real. Wilhelm no solo tiene que ocultarlo a su familia, sino también a todo el país, que está pendiente de todos sus pasos. Es una experiencia por definición negativa porque resalta los prejuicios y la homofobia de un mundo en el que queda mucho por hacer, pero por otro lado emocionante, por ese factor de amor prohibido y furtivo que aumenta los sentidos y lo vuelve todo más intenso.

'Jóvenes Altezas' (Netflix / Johan Paulin)
'Jóvenes Altezas' (Netflix / Johan Paulin)

Jóvenes Altezas captura ese enamoramiento adolescente con sensibilidad y ternura; la inocencia y la rebeldía, el tiempo deteniéndose con el primer beso, la excitación y la aventura, pero también la confusión, la decepción y el dolor de verte obligado a luchar contra tu naturaleza y el amor que sientes porque la sociedad no está preparada para él -golpes que marcan y duelen más durante la adolescencia. Una historia con la que cualquier persona LGBTQ+ puede sentirse identificada, y que sirve también para hallar la empatía y el entendimiento en el resto de espectadores.

Teniendo un argumento como el suyo, esta serie podría haber caído fácilmente en las trampas de la telenovela, pero consigue evitarlas dejando sobre todo una cosa clara: antes que príncipe, su protagonista es un adolescente gay; uno en plena fase de descubrimiento de sí mismo y del amor. Y esa es la clave. Que sus protagonistas, no solo Wilhelm y Simon, sino también el resto de estudiantes de Hillerska, parecen adolescentes de verdad, no adultos de casi 30 años siempre listos para protagonizar una sesión de fotos de moda interpretando a estudiantes de instituto. Jóvenes con acné que la serie no solo no tapa, sino que reivindica como algo real, que visibiliza y normaliza

Con una trama adictiva, un envoltorio muy atractivo (la dirección y la banda sonora son sobresalientes), un gran trabajo de casting y dos protagonistas que suben a lo alto de nuestra lista de parejas adolescentes favoritas, Jóvenes Altezas destaca en el océano de series de Netflix por su propuesta refrescante, natural y delicada. Profundamente romántica, pero alejada de los clichés más dañinos de las series adolescentes, con una visión del sexo franca y honesta que sin embargo evita las tendencias agresivas y pseudo-pornográficas de otros productos actuales y, sobre todo, gracias a una historia bien contada sobre la lucha de ser uno mismo, estamos ante la que podría ser una de las series más bonitas (si no la que más) de su catálogo. Lo tengo claro: necesitamos segunda temporada.

'Jóvenes Altezas' (cortesía de Netflix / Johan Paulin)
'Jóvenes Altezas' (cortesía de Netflix / Johan Paulin)

Recientemente estamos viviendo una revolución queer en televisión. Si bien grandes estudios como Disney se siguen resistiendo a darnos representación real en sus superproducciones, el resto de cadenas y plataformas se han puesto las pilas en este sentido, realizando verdaderas joyas adolescentes. Series como Sex Education (otra maravilla teen de Netflix), Euphoria, Skam, Genera+ion o Betty, que reflejan con compromiso y valentía la experiencia de las nuevas generaciones, y que cautivan a los mayores que no tuvimos estos referentes cuando estábamos creciendo, que jamás pudimos vernos identificados en un príncipe.

Jóvenes Altezas se suma a esta nueva y excelente corriente de ficción LBGTQ+ de calidad, aportando su granito de arena como un irresistible cuento romántico principesco para enamorar a cualquier espectador que se anime a verla y, sobre todo, para seguir haciendo el mundo un poco más tolerante y diverso. Convirtiendo la sangre azul en sangre arcoíris.

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