De la Morena apaga el transistor... ¿o se quedó sin pilas?

La Libreta de Van Gaal
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Parecía un buen fichaje (?). (Foto: Onda Cero)
Parecía un buen fichaje (?). (Foto: Onda Cero)

Como sin duda ya sabéis, José Ramón de la Morena anunció hace unos días que a final de temporada abandonará Onda Cero y se dedicará a otros menesteres. La prensa ha dado cuenta de ello y no ha escatimado incienso al glosar la trayectoria del periodista de Brunete, que se ha llevado un gran homenaje en vida. Si atendemos a lo dicho y publicado estos días, con cuidado de que no nos descalabre ningún botafumeiro, Joserra es una figura de una sola pieza, lisa y sin aristas, que cambió la radio deportiva en los años noventa. Punto. De hecho, llama la atención que casi todos los ‘obituarios’ no sólo pongan el foco en aquella década, sino que soslayen todo lo demás.

En los noventa, efectivamente, De la Morena contribuyó a renovar la radio deportiva. La expresión “aire fresco” nunca me ha encajado mucho con su estilo, pero sin duda aportó novedad. Frente al monólogo y la seriedad del imbatible Supergarcía, planteó un programa más abierto y distendido —lo que García, de forma despectiva, llama “el jijí jajá”— apoyado también en periodistas como Paco González y Manolo Lama. De la Morena plantó una trinchera y nos hizo creer que esto era una cuestión de buenos —ellos— y malos —el propio García, Clemente, Olano y la ONCE...—. Durante algún tiempo muchos estuvieron —estuvimos— con él. Cuando la Ser arrebató el liderato de audiencia a la Cope, De la Morena comenzó a replicar todo aquello que nos tenía dicho, niños, que no había que hacer. En realidad, muchas de esas cosas las venía practicando ya antes, pero como jugaba a la contra y era necesario un contrapoder se las habíamos pasado por alto.

Durante sus últimos años en la Ser, el poderío de la cadena aún le permitía disfrutar del liderato en el EGM pero su programa llevaba ya años mostrando un encefalograma plano. Pese a ello, en 2016 alguien en Onda Cero pensó que era una buena idea llevarlo para allá, al parecer con un contrato millonario. En este lustro no ha dado —que yo recuerde— una sola noticia relevante —o al menos, ninguna que luego se haya cumplido—. En la era del streaming, De la Morena ha seguido reeditando la radio de los noventa. Hasta bautizó a su programa ‘El transistor’, en una apología del viejunismo. Entre el primer saludo a la audiencia de ‘El larguero’, el 4 de septiembre de 1989, y el de su último programa no hay gran diferencia. Como les sucede a todos los que estiran demasiado el chicle, su decadencia ha sido muy pronunciada. De ser seleccionador nacional, habría acabado perdiendo con Chipre y pactando su salida con Villar para que no pareciera una destitución.

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