José Luis Calvo y el 4x100m: "A nivel técnico aún no hemos hecho el relevo perfecto"

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Photo credit: EFE
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El relevo 4x100 metros femenino español cierra esta tarde en la Liga de Diamante de Lausana (21:53h, canal #Vamos de Movistar +) una temporada sobresaliente, en el que ha alcanzado cotas nunca alcanzadas en la velocidad de las mujeres. Quintas del mundo y cuartas de Europa. La progresión ha sido tan notable que esa 'medalla de chocolate' del pasado domingo en el Olympiastadion de Múnich hizo llorar a Maribel Pérez, la sevillana de 29 años que en invierno quitó el récord nacional de 60m a Sandra Myers (7,16s) y a punto estuvo de robarle también el de los 100m en Nerja (11,07s), y por tanto líder natural del equipo.

Todo empezó este año con un disgusto, la descalificación en el Campeonato Iberoamericano de La Nucía, al que le siguió una alegría pocos días después, en el Mitin de Huelva del pasado 25 de mayo en el que sin Maribel Pérez el equipo ya batió el récord de España de 2018 con 43,28s. Para ser más precisos, todo viene de antes. "Los éxitos vienen ahora porque se ha dado la suerte de tener una serie de velocistas con marcas muy buenas, pero cuando Pepe Peiró se hace cargo de la selección hay un cambio a mayor calidad en los entrenamientos del plan nacional de relevos que coincide con una mayor explosión de la velocidad individual", analiza en Múnich José Luis Calvo, responsable de los relevos junto a Ricardo Diéguez, el hombre que les acompañó en Eugene.

Y dice Calvo que sin mujeres rápidas, no hay nada. En el relevo compiten cuatro de las siete más rápidas de la historia de España en los 100m. Son Maribel Pérez (29 años y 11,07s), Jael Bestué (21 años y 11,19s), Sonia Molina-Prados (29 años y 11,31s) y Paula Sevilla (25 años y 11,31s). Y salvo la última que, creen los técnicos, vale más este año en el que ha bajado de 23s en los 200m, todas han logrado su marca personal en este verano.

Con esos mimbres, en Eugene llegó la explosión: 42,61s en semifinales y 42,58s en la final. Dos récords que rompían cualquier esquema previo. Un mes después, en Múnich, 42,95s en la semifinal y sin arriesgar, "y qué fácil bajamos ya de 43s", contaba ufanas. El error llegó en la final, con esos 43,03s que pese a ser la cuarta marca de la historia española en el relevo, sabían a poco porque se había escapado una oportunidad única de medalla.

Calvo advertía en la previa que nada sería tan fácil, que el cansancio de todo el verano hacía mella en todos los equipos y ya no se correría tan rápido, y que las británicas, las alemanas, las italianas y las francesas habían reservado atletas. Y acertó el técnico en parte. La marca de Eugene habría dado a las españolas la plata por delante de Polonia, la gran sorpresa, pero las españolas fallaron sobre todo en los cambios.

Las claves: cambios, concentraciones, buen ambiente

"A nivel técnico aún no hemos hecho el relevo perfecto, aunque han sido buenos, pero siempre se ha cometido algún error. Con unos cambios ideales y si todas corren más podríamos estar en 41,40 o 41,50s", pronostica Calvo, que aún así se cree el pesimista de los dos entrenadores. La marca sería de medalla olímpica en París, claro, aunque para eso hay que conjugar la excelencia en la velocidad y la técnica con el momento.

El margen de error es estrecho, mucho menos que el que tienen las jamaicanas o las estadounidenses, que sacan atletas de menos de 11 segundos como si no costara, pero trabajar los cambios es fundamental. Y sino cómo se explica que Jamaica, que copó el podio olímpico en los 100m tanto en Tokio como en Eugene, perdiera en el Mundial ante Estados Unidos. "Las americanas habían entrenado los cambios, poquito pero habían entrenado, y por eso ganan sin ningún alarde, porque las jamaicanas seguramente no", analiza.

"Hay algo que se llama el índice de eficacia, que es la resta entre la suma de marcas individuales en 100m y lo que hacen en el relevo. Normalmente sale entre 2,5 y 3. Estados Unidos y Jamaica a veces están por debajo de dos, nosotros normalmente estamos en 2,5 y hemos estado hasta en 2,8. El récord creo que lo tiene la Bélgica de Kim Gevaert, que con tres chicas de 11,40s lograron un índice de eficacia de 3,2", recuerda Calvo sobre el equipo que ganó el oro olímpico en Pekín 2008 con 42,54s y sin una sola atleta con menos de 11 segundos.

"Otra cosa que también influye es la velocidad del cambio y los riesgos que corren. Hay equipos, como Japón, que cambian a los 25m, a cinco metros para el final de la zona, que tiene sus riesgos porque el que si recibe ha acelerado mucho al ver tan cerca la señal quizá se frena y no tiene otra oportunidad de cambio. Si sale muy bien, estupendo, pero en Eugene se quedaron fuera. Nosotros trabajamos para cambiar a 20m, si ves la raya más lejos, no te frenas y además tienes una segunda oportunidad de cambio", apunta.

Los cambios se trabaja incansablemente en las concentraciones de relevos que organiza la RFEA. Este año, cuatro días en Semana Santa en La Nucía, y después Huelva y Eugene. "Una parte es entrenamiento del relevo y otra de entrenamiento individual. Informamos a sus entrenadores del plan que tenemos y así ellos acoplan su programación individual y lo respetamos. Por ejemplo, calentamos media hora o 40 minutos con los testigos y así aprovechamos para hacer técnica, luego ellos hacen sus pesas y sus planes, y un par de sesiones son de relevo a tope, 4x40, 4x60, 4x80. Buscamos situaciones parecidas a la competición", relata Calvo.

Esas jornadas resultan fundamentales para engrasar el buen ambiente del equipo. "Te ves obligado a hacer equipo con gente contra la que compites todo el año, y a veces hemos tenido problemas porque esa rivalidad crea tensión. Ahora se llevan muy bien, pero no siempre ha sido así", recuerda Calvo sobre una generación que consciente que sus posibilidades de cazar éxitos será en manada en el complicado mundo de la velocidad internacional.

La paciencia premiará en Lausana a Lucía Carrillo y Carmen Marco, que han esperado en el banquillo durante todo el verano. El equipo titular de las cuatro carreras en Eugene y Múnich ha estado claro: Sonia Molina-Prados, Jael Bestué, Paula Sevilla y Maribel Pérez. y Calvo explica por qué ese orden. "La primera tiene que ser un starter, alguien de 100m, que sale bien de tacos y es el que menos metros corre. En las postas intermedias, gente de 200m porque suelen correr 125m, y tanto Jael o Paula cumplen ese papel. Paula, al ser muy pequeña, además corre muy bien la curva. Y en la última posta no tiene que ser la mejor, que en este caso lo es, pero sí la líder, alguien muy tranquila porque ve toda la prueba y si no templa los nervios y la carrera va mal, puede escaparse", teoriza Calvo.

Y los chicos, a por los 38,46s

El objetivo de Calvo y Diéguez es trasladar pronto los éxitos femeninos al equipo masculino, que se quedó a la puerta de la final en Eugene, el tercer equipo europeo, pero falló en Múnich, donde no cambió bien y no pudo entrar en la final. Además, en esa eliminatoria no pudo contar con Pol Retamal, el líder del equipo pese a ser un especialista en 200m, ni con Dani Rodríguez, otro de los 200m exhausto por las dos carreras de la jornada anterior.

En los 100m no hay alguien tan rápido como Maribel Pérez, pero Calvo cree que "es preferible tener cuatro chicos entre 10,20 y 10,30s que uno de 10,10s". Hortelano pudo ser líder natural en su día, pero solo al principio se implicó con el relevo corto. Era 2013, cuando el récord aún vigente de 38,46s que esta generación aún no ha batido, pero tiene en la mira. Tendrá que ser ya en 2023, con mucho trabajo previo.