Jorge Sanz, víctima de sus palabras sobre Pedro Almodóvar y su despido de 'Carne Trémula'

Con toda una vida dedicada a su profesión, Jorge Sanz posee infinidad de anécdotas que van desde el cine del destape a Conan, el bárbaro, pasando por Quentin Tarantino, David Trueba, los Oscar y, por supuesto Pedro Almodóvar. Y en su visita a Fuera del mapa no dejó absolutamente nada en el tintero. El actor paseó junto a Alberto Chicote por Cadaqués, destripando su vida durante una ruta de senderismo.

Sin embargo, las palabras que más retumbaron desde aquellas montañas hasta nuestras casas fueron las que dijo del director manchego, con medios y usuarios destacándolas como si fueran una crítica o ataque contra Almodóvar. No obstante, si se hace un ejercicio de contexto, la repercusión se antoja desproporcionada.

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En su paseo con el cocinero, el actor de 52 años habló de su renacer vital tras sufrir un infarto, de su truco para llorar ante las cámaras de pequeño y sus aventuras en general, creando un vínculo cómplice con Chicote que sirvió para profundizar en historias cada vez más personales. A la hora de recordar a Pedro Almodóvar comenzó compartiendo la anécdota de su despido de Carne trémula.

“A la semana ya me había puesto de patitas en la calle, pero me pagó la película entera con lo cual le compré una casa a mis padres, donde pasamos los mejores años de mi vida” destacó, dejando entrever que la experiencia igual tuvo una recompensa.

Que el sueldo le alcanzara para comprar una casa en 1997 se debe a que Jorge Sanz era el protagonista de aquella historia, cobrando 10 millones de pesetas (lo que hoy serían 60.000 euros, El País). Durante una semana interpretó a Víctor, el joven inmaduro y marginal condenado a seis años de prisión tras la discusión que dejaba en silla de ruedas al personaje de Javier Bardem, un policía llamado David. Tras despedirlo, Liberto Rabal ocupó su lugar, el sobrino de Teresa Rabal, y su experiencia habría sido todo lo contrario. En 2015 durante una entrevista en LOC describió al director como “fantástico”, definiéndolo como “una persona que manda en su mundo interior y a mí me parece uno de los directores más importantes que ha tenido España, junto con Buñuel, Carlos Saura y Erice”.

Carne Trémula terminó siendo de las películas de Almodóvar que más dividieron a la crítica, cosechando más reconocimiento a nivel internacional -con nominación a mejor película de habla no inglesa en los BAFTA y los Satellite Awards, así como al mejor filme europeo en los Premios del cine Europeo- que en España, donde las candidaturas se centraron sobre todo en Javier Bardem, ganando un único Goya a José Sancho como mejor actor de reparto. Por otro lado, Liberto Rabal vio cómo su carrera se desinflaba tras su trabajo en la película, ganó el premio YoGa al peor actor y justo un año después de los aplausos cosechados por Tranvía a la Malvarrosa (que le valió una nominación al Goya al mejor actor revelación). Sin dudas, a 25 años del filme resulta curioso imaginar cómo habría sido el resultado de contar con Jorge Sanz en aquel papel rebelde.

Pero volviendo a la entrevista. Jorge Sanz añadió que lo despidieron por su culpa, porque “era un gallito arrogante”, “por gilipollas” y “porque no me gusta el método de trabajo que tiene Pedro”. Es entonces cuando contó que el directorrompe al actor” poniendo de relieve que “los actores somos muy frágiles” y las tácticas del director chocarían con esa sensibilidad. “Es muy fácil romper a un actor porque somos así de gilipollas” añadía Jorge poniendo en la balanza tanto la fragilidad de uno como la exigencia del otro.

Y entonces ponía un ejemplo: cómo él pedía un café en una escena que a Pedro no le gustaba, diciendo “mal” cada vez que la hacía y pidiéndole que la repita varias veces, hasta que el director cortó el rodaje anunciando que “Jorge no sabe pedir un café, a ver si mañana sí”. Por esa exigencia, según Jorge que choca con la sensibilidad actoral, salvo Antonio Banderas y pocos más, los actores que trabajan con él acaban hasta los huevos o tienen poco carácter, sobre todo mujeres que enseguida se rompen” .

A continuación, Sanz destacaba que a la segunda vez que Almodóvar le dijo cómo se hacía la escena “lo mandé a tomar culo” diciéndole “a ver tío, haber contratado a Juan Diego Botto”.

Tras la emisión del programa, muchos medios y espectadores han tomado esta anécdota como un ataque o crítica contra el manchego, sin embargo si mantenemos la atención sobre todas sus palabras podemos construir una experiencia de autocritica y reconocimiento de las diferencias entre ambos. Al final, el propio Sanz decía “así no se puede trabajar con Pedro Almodóvar, para qué nos vamos a engañar” reflexionando sobre su propia actitud en el rodaje cuando el director, al final, es el jefe del proyecto.

 Actor Jorge Sanz poses during a portrait session in Madrid. (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Actor Jorge Sanz poses during a portrait session in Madrid. (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Además, merece la pena destacar que el director de Madres Paralelas no es el único cineasta exigente. Los hay que llevan a sus actores a repetir secuencias hasta un centenar de veces, como es el caso de David Fincher. A su vez, las diferencias creativas entre actor y director suelen ser de las razones más habituales que llevan a la ruptura en muchos proyectos. No fueron los primeros ni serán los únicos.

Al hablar de un director que levanta pasiones desde todos los ángulos posibles como Pedro Almodóvar, a quien la polémica le persigue cuando habla de política o cultura mientras sus películas no pasan indiferentes en la conversación nacional (aunque ya no tanto por taquilla), resulta comprensible que muchos tomaran las palabras de Sanz como agua de mayo para remover el debate a través del peso del nombre Almodóvar colocando al actor en el rol de crítico contra el cineasta.

Sin embargo, cuando escuchamos toda la historia que comparte denotamos a un actor que reconoce no haber encajado con Pedro simplemente porque él no trabaja de la misma manera. Incluso previamente había contado que rechazó un papel en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), calificándola de “gran película” mientras alababa al director asegurando que “hay que reconocer que es un genio”.

Es decir, Jorge Sanz no criticó a Almodóvar y su método, lo que hizo fue contar cómo no encaja con su estilo debido a su manera de trabajar más libre.

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