Jorge Javier no es consciente del daño que le acaba de hacer a Sálvame

·8 min de lectura

Como toda buena final que se tercie, Secret Story debía tener momentos álgidos y emocionantes. Pero lo que pasó el jueves superó todas las expectativas y no precisamente para bien. El escándalo volvió a manchar al reality y a su presentador, Jorge Javier Vázquez, quien, una vez más, tocó la tecla de la polémica al protagonizar uno de los episodios más desagradables del año en televisión. Con razón o sin ella, perdió los papeles hasta tal punto que su actuación ha tenido reacciones no precisamente positivas y dañar su espacio sagrado, Sálvame.

El año ha dado para mucho y es cierto que las vacaciones o días libres hacen mucha falta para soltar tensión y estrés arrastrados. Pero eso no justifica lo que se vivió en la gala final de Secret Story. Ni el público ni sus finalistas se lo merecían. Ocurría poco antes de nombrar al ganador de este reality, un pulso especialmente emocionante porque se debatía entre los miembros de la parejita formada por Luca y Cristina. Recordemos que la edición ha sido especialmente complicada al implicar a un miembro de la cúpula, concretamente su directora María Zambrano, con una de las concursantes, la segunda finalista Cristina. Aunque nada de esto sea cierto y tan solo haya sido un bulo generado en las redes para evitar que la catalana gane, lo cierto es que la sospecha de un posible tongo y trato a favor de la participante ha planeado durante todo el programa y ha saturado al equipo.

Cansados de enfrentar una situación así no solo en las redes, sino también en plató con las indirectas de Lucía Pariente y Alba Carrillo entre otros varios, Jorge Javier explotaba como la gaseosa de una forma desproporcionada. Para hacer la historia larga corta, todo se resume a que Lucía acusó a Cristina de tener un bolígrafo en la casa, algo que no estaba permitido, y que lo había escondido. Insistió en que se había saltado las normas y que la tenían que haber expulsado por ello. Dejó sobrevolar de nuevo que el show había hecho la vista gorda y claro ahí es que el presentador, sin filtros se le acercó y le dijo que estaba mintiendo. Se lo habían dicho desde pinganillo, pero Jorge lo llevó al extremo ante las provocaciones de Lucía. Y ahí es que explotó la olla a presión. Jorge implicó en el tema a su hija y las llamó a ambas mentirosas, dejando con la palabra en la boca a su contrincante que no dudó en llamarle bravucón.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un vídeo de Twitter no disponible por tus preferencias de privacidad

Y a partir de ahí, la locura. De repente la final de Secret Story se convirtió en un cruce de acusaciones y comportamientos nada ejemplares en televisión, de un lado y del otro. El resultado fue un Jorge Javier indignado y, de cierta forma, usando su poder para expulsar a Lucía de plató, quien se negó por activa y por pasiva a irse de él. Una situación que desde casa se sentía un poco vergonzosa.

El asunto llegó a tal extremo que Jorge Javier amenazó con dejar la gala si la señora no se iba, de hecho se fue de plató, a unos metros, pero se fue. Insistió con cara de pocos amigos a los de arriba que como no se fuera, lo hacía él. Los mensajes de calma y tranquilidad que le dieron desde pinganillo y resto de compañeros en la escena no sirvieron para calmarle, estaba desatado y harto de las faltas de respeto. Lo que pasa es que ese toque de atención llega demasiado tarde y de una forma desproporcionada porque además de poner en su lugar a la madre de Alba también metió a su hija en el pack acusándolas de "decir mentiras", "manipular" y "sembrar la duda": Hasta ahí su discurso puede entenderse, muchos comprendíamos la reacción inicial de Jorge, pero fue escuchar el 'bravucón' y venirse arriba de una forma bastante dañina para su imagen y, por qué no decirlo, para el futuro de Sálvame.

La audiencia no se quedó con que si Lucía se pasó o no, sino con la reacción de un presentador que perdió por completo el control y volvió a ejercer eso de 'aquí mando yo'. La rabieta en la que cayó al ser provocado por una persona que han alimentado ellos no es lo que su público y la audiencia se merece. Me resulta una falta de respeto muy grande a todos los que ven el reality. Por mucho que te enfades y que pueda entenderle, dejar el plató y a los finalistas en pelotas no es nunca la manera. Luca y Cristina tampoco se merecían una final así.

Todo se puso en orden después de una publicidad de 50 segundos. Lucía ya no estaba sentada, aunque se escuchaban los gritos de fondo, y Jorge Javier había recuperado la compostura. Pero antes de volver a centrarse en los protagonistas de la noche, Luca y Cristina, lanzó un mensaje muy importante a Alba Carrillo mirando a cámara y en un tono retador. "Aquí de jueguecitos ninguno, a mí ni me nombres jamás ni utilices juegos sucios contra este programa mintiendo, sembrando dudas, ¿de acuerdo? Cuidadito Alba, cuidadito. Como diría mi Mila Ximénez: 'yo no amenazo, yo ejecuto'", soltó así como si nada. Unas palabras que analizadas en profundidad tienen mucha tela que cortar. Si la supuesta nueva novia de Canales Rivera quiere mantener su silla en Telecinco, más vale que agache las orejas.

Y ese es el punto al que quería llegar. No son ni las palabras, ni las formas. Tú puedes dar tirones de orejas e incluso pedir con educación que una persona no esté en plató, pero hacerlo con esas ínfulas y tono no nos ha gustado nada como público. Por eso hago hincapié en que esta situación podría hacer mucha pupa a su programa Sálvame. La gente empieza a estar harta de tanto corporativismo y defensa de lo suyo en situaciones que conviene. Lo mismo sucedió con el rapapolvos en directo que Jorge Javier dio a Paloma García Barrientos en su ataque a Pepe Navarro en un Deluxe. Le recordó su juicio perdido con una sentencia con lesiones de una novia y a Jorge le faltó echarla de plató, defendiendo al entrevistado y el acuerdo de entrevista censurando la pregunta. Aquello despertó críticas en redes después de lo que la cadena había movilizado con el tema de Rocío Carrasco y el despido de Antonio David.

La coherencia y profesionalismo ha vuelto a brillar por su ausencia. En el contenido estoy con Jorge Javier, no se pueden permitir ciertas actitudes, pero como espectadores nos merecemos un mínimo de respeto. Las formas de defender lo suyo y relativizar lo de los demás empieza a agotar también a la gente que volvió a dirigirse a él no precisamente en los mejores términos en las redes. "Pequeño dictador", "tirano intocable" y "vendido" son algunos de los halagos que ha recibido en la plataforma del pajarito azul.

Este año los datos de audiencia no han sido precisamente para tirar cohetes y estas situaciones tampoco ayudan. Como espectador uno quiere ver un trabajo bien hecho y sentir cierta afinidad con sus presentadores y eso lleva tiempo fallando. El exceso de implicación y de nuevo las formas poco adecuadas podrían afectar al programa en el que lleva 13 años. Es una frase muy hecha pero no todo vale.

Tantas salidas de tono y posicionamientos interesados resulta agotador. El público es fiel pero no tonto. Después de Secret Story Jorge Javier se toma un respiro por el cansancio de un año de mucho trabajo, pero, cuidadito, como diría él, porque yo creo que el público también está deseando tomárselo al ver cosas que ni les gusta ni les encaja. Lo mismo que en su día estuvieron al pie del cañón, hoy empiezan a estar hartos de más de lo de siempre y con toda la razón. La audiencia siempre manda, no la subestimemos.

Más historias que te puedan interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente