Jon Sistiaga: "Si me preguntara el Papa Francisco por los siete pecados capitales le diría que quitara la lujuria: follar no es pecado"

Por Paula Olvera.-Jon Sistiaga regresa a la pequeña pantalla el 15 de noviembre y lo hace con una nueva temporada de Tabú en Movistar+. En esta ocasión, el reputado periodista aborda los siete pecados capitales desde una perspectiva moderna y muy personal, seña de su trabajo comprometido. Así, a través de casos concretos y actuales, acerca a los espectadores a estos vicios humanos que son considerados los nuevos males del siglo XXI. Esto ha sido lo que nos ha contado a los medios congregados en la presentación del programa.

Jon Sistiaga (©Movistar+)

-¿Cómo surgió esta idea de analizar los siete pecados capitales?
Es fruto de lo que pensamos y de amigos que te cuentan cosas. Al final los pecados capitales es una forma de hablar de nuestras miserias y de nuestras debilidades. ¿Quién no ha pecado? Los pecados capitales es una forma que tuvo la Iglesia de hacer un ranking de vicios humanos. Lo alucinante es que, después de 1.000 años, seguimos haciendo lo mismo.

-¿Ha sido más difícil la elección del tema o el enfoque de cada uno de los programas?
El reto era cómo enfocar esos pecados capitales como la pereza. Lo más fácil es buscar vagos, lo que se esperaría en otras televisiones. El pecado en la pereza no estaba ahí. Me llevé la pereza al hastío, al cansancio vital, a la dejadez, a la depresión. España es un país con dos millones y medio de personas deprimidas que son aquellos que consumen ansiolíticos o antidepresivos. ¿Estamos todos tan deprimidos de verdad o es que a lo mejor hay una sobrediagnosticación de la depresión? Estamos empastillados de alguna manera y el 80% de los casos de depresión están mal diagnosticados. Ahí hay un pecado de pereza, estamos asumiendo que la depresión es algo bastante común. La depresión es la segunda causa, en estos momentos, de baja laboral. Eso era lo difícil, conseguir el enfoque y que entrara. Y encontrar personajes que quisieran hablar en este entorno porque aquí nosotros siempre vamos de frente.

-La temporada se inicia con avaricia que la asociáis con la corrupción política. ¿Por qué crees que sigue siendo un tema tabú, teniendo en cuenta que en estos últimos tiempos se han destapado tantos casos?
El enfoque de avaricia no es porque crea que la corrupción sea un tema tabú. Lo que es tabú es reconocer que un corrupto es un ser avaricioso. Y lo más tabú es no considerar que cualquiera de nosotros pueda tener cierta avaricia de querer tener más y no considerarlo pecado. El problema es cuando el pecado te domina de alguna manera. Hablar de siete pecados puede llevar a cierta sensación de culpabilidad de nuestros comportamientos en los que ya tenemos una edad, pero a los millennials hay que también acercárselo un poco.

-¿Por qué avaricia?
Es un comportamiento de querer más y más. En el caso de la corrupción se junta con algunas circunstancias más. Por ejemplo, un entorno permisivo, es decir, una sociedad que mire para otro lado. Oportunidad de estar en el sitio adecuado para que te tiente el corruptor. Y luego una personalidad, que no la tiene todo el mundo, dada que ponga por encima su interés personal a las consecuencias que puedan tener sus actos. Esa es la triada oscura del corrupto. Que cualquiera de nosotros puede acercarse a eso es lo que trata de indagar este programa, es decir, la avaricia que todos podemos tener de mejorar en nuestro nivel adquisitivo y hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar.

-Las casas de apuestas también se tratan en este primer programa. ¿Qué parte de culpa consideras que tienen los medios de comunicación que la publicitan?
Estamos todavía en un momento inicial donde no estamos viendo las consecuencias de esa permisibilidad a la hora de los anuncios. Probablemente llegarán en un futuro cuando, además de que el 36% de jóvenes nuevos jugadores que entran en online son menores de 18 años, haya problemas en las casas porque hay robos o demasiada gente que tiene que ser metida en clínicas de desintoxicación de juego. Y entonces nos daremos cuenta que el dinero que te proporciona una casa de apuestas en una camiseta de jugadores , o dos buenos actores anunciando antes del partido de fútbol una determinada marca de apuestas, es un tipo de publicidad que hay que delimitar.

-Del periodismo español, ¿cuál de los siete pecados crees que es en el que más se reincide?
Te doy dos respuestas y te quedas con la que quieras: la soberbia, creerte siempre mejor que el de al lado, y la lujuria, entendida como concupiscencia y onanismo.

-¿Hay algún tema tabú para ti?
Para mí no. Hay temas de oportunidad digamos. Me refiero a que hay temas que todavía necesitan un tiempo de reposo para lograr los testimonios. En Tabú todo el mundo da la cara, tiene que hablar porque le apetece, entonces tiene que haber reposado. ¿Temas tabú que seguramente haremos? Hablaremos de drogas y de ETA porque hace mucho tiempo que no hay muertos y a lo mejor estamos dispuestos a escuchar algunas cosas que hace tiempo sería imposible de escuchar.

-¿Qué te ha llevado a entrevistar a personas conocidas que están fuera de tu rango profesional como Jorge Javier Vázquez o Julián Contreras Jr.?
A ambos les conocía personalmente. Cuando ya tienes una trayectoria te vas encontrando a lo largo de tu vida a mucha gente. Lo complicado era convencer a Jorge Javier de que le dejaran dar una entrevista fuera de Telecinco y de que además fuera para hablar de la envidia como uno de los elementos de los que están hechos sus programas. En el caso de Julián es una persona que ha vivido toda su vida en un show de Truman sin quererlo. Él no llega de nuevo como la mayor parte de los personajes que están en los programas de corazón. Es un personaje que ha intentado salirse de ese mundo y ha intentado generar otra imagen de sí mismo, pero le es imposible salir de ahí.

-¿Cuáles han sido tus alicientes para regresar una temporada más a televisión con un mismo programa?
El aliciente es seguir porque siguen habiendo muchos temas tabú. Las ventajas que tiene Tabú son dos: eliges un tema, lo puedes diseccionar de manera multidisciplinar y con una mirada muy abierta, y la otra ventaja es que, al estar en una televisión de estas características, te permite trabajar sin límite de tiempo. Para trabajar los temas bien necesitas mimo, llegar a los personajes adecuados. Tabú es un programa incómodo y difícil de ver, por tanto en una televisión generalista no sé qué recorrido tendría. Si el Tabú dedicado a la muerte lo metes en una televisión en abierto cortando cada 12 minutos para hacer un anuncio a ver quién quiere anunciarse ahí. Tabú realmente utiliza códigos cinematográficos para hablar de cosas que luego te las tragas en las películas, pero los personajes en Tabú son reales. Exige a un espectador que tenga ganas de que le toquen la moral.

-Con este programa te has convertido en una de las caras imprescindibles de #0. ¿Te ves volviendo a la televisión pública?
Yo intento reinventarme cada cinco años haciendo cosas nuevas allá dónde esté o en otro lugar. No digo nunca que no a nada. Además, intento hacer cosas diferentes manteniendo una cierta coherencia dentro del periodismo. Pero no me importaría cambiar en un momento dado aunque para hacer lo que hago el sitio es #0: no hay presión de audiencias, no hay presión de publicidad y me permiten elaborar una narrativa compleja tal y como me gusta hacerla en estos momentos de mi vida profesional.

-¿Hasta dónde crees que la Iglesia sigue estando presente en la moralidad de nuestras vidas?
Los vicios siguen estando ahí. Lo que he hecho de alguna manera es actualizarlos. Si me preguntara el Papa Francisco por los siete pecados capitales le diría que quitara la lujuria: follar no es pecado si no lo haces en contra de alguien. El resto son comportamientos humanos que rayan a veces en la paranoia y que son fácilmente arreglables con un buen psicólogo o un buen psiquiatra.

-¿Pondrías algún pecado capital más?
Sí, le llamaría algo así como la falta de empatía o solidaridad. Yo lo elevaría a categoría de pecado el egoísmo propio. Es decir, en el mismo semáforo te va a saludar siempre el mismo pobre y no sabes ni cómo se llama, es invisible para ti. O ves la tele que han llegado cinco cadáveres a Caños de Meca y tú te acuerdas de cuando estuviste ahí de vacaciones. Creo que el egoísmo es un pecado capital de nuestra sociedad ahora.

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Imagen: ©Movistar+