'Jennifer's Body' merece una segunda oportunidad y Megan Fox una disculpa

El estreno de Transformers en 2007 convirtió a Megan Fox en una de las mayores estrellas del momento y el objeto de deseo de miles de personas en todo el mundo. Su condición de sex symbol la llevó a acaparar todas las portadas de revista, tanto las de moda y belleza como las orientadas exclusivamente al público masculino heterosexual, publicaciones que la nombraron la mujer más sexy del mundo en incontables ocasiones. En 2009, el cuerpo y el rostro de Fox estaban en todas partes, convirtiéndose en el principal reclamo comercial de una llamativa película de terror llamada Jennifer’s Body.

©Fox

Un año antes, Diablo Cody había ganado su primer (y por ahora único) Oscar por el guion de la comedia indie revelación Juno. El éxito de la película protagonizada por Ellen Page le abrió las puertas en Hollywood y le ayudó a encontrar financiación para su siguiente proyecto, una excéntrica película fantástica a la que la mayoría de estudios habrían dicho que no de venir de un guionista sin una estatuilla dorada bajo el brazo. Jennifer’s Body salió adelante en Fox Atomic, subdivisión de 20th Century Fox creada en 2006 para el desarrollo de proyectos de género fantástico, con Karyn Kusama como directora y Fox como estrella principal. Con ella, Cody quería rendir homenaje a los clásicos del género (Aullidos, Un hombre lobo americano en Londres, La semilla del diablo, Carrie o el giallo italiano) contando una historia femenina moderna. Pero nadie en aquel estudio sabía exactamente el tipo de película que tenía entre manos, y mucho menos cómo promocionarla.

Jennifer’s Body es una comedia de terror adolescente sobre dos mejores amigas que no tienen apenas nada en común. Needy Lesnicki (Amanda Seyfried) es reservada, empollona y socialmente torpe, mientras que Jennifer Check (Fox) es una animadora de carácter arrogante y muy popular entre los chicos. Tras un oscuro ritual, Jennifer adquiere una voraz sed de sangre humana y empieza a matar a sus compañeros varones del instituto con el objetivo de conservar su belleza y fortaleza. En realidad, Jennifer ha sido poseída por un súcubo, demonio que en la mitología toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los hombres. La nueva identidad monstruosa de la joven pone a prueba su amistad con Needy, que debe encontrar la manera de detenerla antes de que mate a su novio.

La película llegó a los cines estadounidenses en 18 de septiembre de 2009, y a los españoles solo una semana después. A pesar de contar con el cebo de Fox y de captar el espíritu de ese momento concreto de los 2000 (incluido un Adam Brody recién salido de The O.C. en plan estrella de rock con eyeliner), la cinta tuvo una recepción negativa por parte del público y una recaudación de taquilla muy pobre, lo que llevó al cierre de Fox Atomic tan solo tres años después de su creación. En una reciente entrevista para Variety celebrada con motivo del décimo aniversario del film, Cody, Fox y Kusama se reunieron para analizar el fiasco comercial de la película y su posterior impacto en la cultura popular. Cody reconoció que, meses antes del estreno, sabía que la película sería un fracaso. ¿El motivo? Los pases de prueba que los estudios organizan para valorar la viabilidad comercial de un proyecto.

“No me sorprende nada que no funcionara. De hecho, lo predije meses antes”, desveló Cody, “Esta película fue extensamente testada en grupos de enfoque. La gente la odió. Aun conservo una de las tarjetas. La guardaré para siempre. Se la pusieron a hombres jóvenes, por supuesto, y a la pregunta ‘¿Qué mejorarías de esta película?’ uno respondió ‘Más tetas’. A eso nos enfrentábamos. Echando la vista atrás, me pone triste”.

El principal problema de Jennifer’s Body es que no fue vendida a su público objetivo, el femenino, el geek y el LGBTQ+, sino al que los estudios creían que debían venderle una película de terror protagonizada por la tía buena del momento: el adolescente masculino. No hay más que echar un vistazo a la campaña de marketing para darse cuenta de que la promoción se centró exclusivamente en el contenido sexual de la película (la premiere contó con modelos disfrazadas de Jennifer que parecían salidas de una película porno), así como el atractivo e hipersexualizado físico de Fox. Ella misma lo explica con sus propias palabras en la misma entrevista: “La mayoría del marketing se apoyaba en ‘Megan Fox es sexy, ven a verla’. Y la película no iba de eso. De hecho iba sobre catalogar erróneamente a los demás, sobre la gente centrándose en una cosa y no viendo el sentido detrás, sobre sexualizar a alguien que no quiere ser sexualizada, sobre la indefensión de las chicas jóvenes y las mujeres".

©Fox

De esto sabe mucho la actriz, que durante años se enfrentó a duras críticas por parte de un sector de la industria y el público debido a su imagen explosiva, cuando lo cierto es que ella fue la principal víctima de esa hipersexualización por parte de los medios. En otra entrevista reciente con ET online por el aniversario de Jennifer’s Body, Fox reconoció haber sufrido “una auténtica crisis psicológica” como resultado de ser constantemente objetificada, en especial durante la campaña promocional de la película, tras lo cual (con solo 23 años) se vio obligada a alejarse de los focos y reducir su número de intervenciones en el cine. “No quería ser vista”, explicaba. “No quería que me hicieran fotos, salir en las revistas, pasear por una alfombra roja. No quería ser vista en público para nada, por el miedo que sentía y porque estaba absolutamente segura de que se iban a burlar de mí, me iban a escupir o alguien me iba a gritar”.

Este recelo ante la recepción de su propia imagen se originó en gran medida tras su experiencia en Transformers y su muy pública disputa con el director de la franquicia, Michael Bay, a quien llegó a comparar con Hitler (motivo por el cual el productor de la saga, Steven Spielberg, decidió despedirla. Años después, la intérprete denunció públicamente el comportamiento que recibió por parte de Bay, que según ella la trataba como a un trozo de carne en los rodajes. Fox contó entonces con el apoyo de su compañero de reparto y amigo Shia LaBeouf, quien en 2017 describió al director como un “cineasta muy lascivo en su forma de filmar a las mujeres”. Bay se ha defendido en varias ocasiones aludiendo a la supuesta falta de profesionalidad de la actriz y quitando peso a sus quejas, pero en palabras de LaBeouf, el problema es que ella nunca se sintió cómoda en su papel de “la mujer más sexy de América” y fue castigada por ello: “Megan desarrolló una fuerza estilo Spice Girl, un empoderamiento femenino que complicó su relación con Michael”.

Diez años después, la sociedad está en pleno proceso de transformación tras la aparición de los movimientos #MeToo y #TimesUp a raíz del escándalo Weinstein, lo que ha contribuido a dar voz a mujeres que durante años tuvieron que callarse por miedo a las represalias. Fox no se calló, y se tuvo que enfrentar a ellas. De hecho, la propia actriz cree que fue una pionera en esta revolución social, pero nadie le hizo caso por la imagen que se tenía de ella. “Siento que me adelanté al movimiento #MeToo. Antes de que existiese, yo ya estaba hablando en voz alta y diciendo ‘Eh, me está pasando esto y no está bien’. Y todo el mundo respondía ‘Vaya, pues que te jodan. Nos da igual, te lo mereces”, declaró muy dolida el mes pasado, como recoge PaperMag.

Afortunadamente, la actriz de Tennessee puede sentirse ahora más escuchada y comprendida. El respeto y la aceptación llegan años después de cuando más lo necesitaba, pero más vale tarde que nunca. Si uno hace una búsqueda en Twitter con las palabras “Megan Fox apology” descubrirá cientos de tweets de gente exigiendo al mundo que pida perdón a la actriz. Por no escucharla en su día, por no tomar en serio sus problemas solo porque es una mujer atractiva, por no creerla, y sobre todo, por quedarnos en la superficie, en el cuerpo, y no molestarnos en conocer a la mujer que hay detrás.

Jennifer’s Body ha atravesado un proceso parecido al de muchas otras películas de género en su día incomprendidas que se redescubren y revalorizan con el paso del tiempo, gozando actualmente de buena reputación como cinta de culto. En 2019, una película de terror como esta se habría estrenado en una plataforma de streaming como Netflix, donde seguramente habría encontrado a su público con más facilidad, junto a títulos afines como The Babysitter o La perfección.

Precisamente el streaming (concretamente HBO España, donde se encuentra disponible actualmente) nos brinda una buena oportunidad para volver a verla por lo que es: una divertida y autoconsciente comedia de terror creada por mujeres sobre la amistad y la sexualidad femenina que, sin ser ninguna obra maestra (ni pretenderlo), guarda muchos más placeres de los que parece.

En los diez años transcurridos desde su estreno, sus principales responsables han continuado su carrera con éxito: Kusama es una de las directoras mejor valoradas de la actualidad tras La invitación y Destroyer y Cody ha seguido evolucionando como guionista con las muy interesantes Young Adult o Tully. Fox, por su parte, está volviendo poco a poco a la luz, para recuperar el lugar que le pertenece y recibir esa disculpa que le debemos. Porque aunque a veces cueste, el tiempo lo acaba poniendo todo en su sitio.

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