Javier Castillejo, excampeón de boxeo: "No me gustan nada las artes marciales mixtas"

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Photo credit: RAMON CAVALLO - Getty Images
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Campeón mundial de los pesos medios por la WBA y de los pesos superwelter por el WBC, Javier Castillejo, El Lince de Parla, es uno de los mejores boxeadores españoles de la historia; incluso llegó a medirse con el gran Óscar de la Hoya en 2001 en Las Vegas. Una exitosa carrera que repasa en el documental de Movistar+ El Lince, ya disponible, y en esta entrevista con él.

¿Te sorprende el cariño que aún te tiene el público después de años retirado?

Un poco sí... Lo que es la afición al boxeo y entendidos te reconocen y te respetan, pero luego hay gente que nunca ha visto este deporte y te tiene cariño, y entienden lo dura que es la vida de un boxeador para llegar a lo más alto. Se dan cuenta que es un deporte más, muy sacrificado y en el que es complicado vencer.

¿Cuál fue el punto de inflexión en tu carrera?

Hay varios momentos importantes, como cuando ganas títulos, pero el combate que decidió mi carrera fue el Campeonato de Europa en Inglaterra contra el ucraniano Ahmet Dottuev, que era número uno del mundo en ese momento; fue una pelea difícil, muy dura, pero vencí en el último asalto y, a raíz de esa pelea, se disparó mi carrera. Unos meses antes a ese combate estaba yo trabajando como pintor, porque a pesar de haber sido campeón de Europa varias veces, el boxeo vivía una mala etapa y no había mucho dinero ni patrocinadores ni promotores. Y me tuve que buscar la vida claro.

¿Qué fue lo más duro de tus entrenamientos como boxeador?

Pues todo, ser boxeador es duro en todo, pero sobre todo en la etapa media de la preparación, cuando estás llegando al final, es cuando más cansado estás. Y luego pues el trabajo de sparring. Los entrenamientos a veces son más duros que el combate en si.

Photo credit: Movistar+
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¿Entrenabas mucho los abdominales?

Sí, es un músculo importante en todos los deportes, y en el boxeo más. Mantener un core firme y fuerte. Pero el entrenamiento era integral, pues en el boxeo se trabaja resistencia, fuerza y velocidad. Mucho físico por la mañana y luego toda la parte técnica y táctica por la tarde; y durante 6 u 8 semanas, dependiendo de la pelea, el campeonato y el rival.

¿Corrías mucho?

¡Muchísimo! Todos los días y muy temprano, a las 6 de la mañana arriba y a correr de lunes a viernes, incluso en verano, para evitar el sol.

¿Cómo entrenas ahora una vez retirado?

Pues tengo poco tiempo y lo importante es que el cuerpo es sabio y tiene memoria. Si te digo la verdad apenas hago nada porque me dedico a mi gimnasio y a enseñar, doy seminarios y cursos, y es que no tengo tiempo para entrenar. Los 21 años que he sido boxeador el cuerpo lo recuerda y por eso tengo buen aspecto (risas). Me gustaría ejercitarme más y lo haré.

¿Tienes buena genética para comer y no engordar?

Creo que sí, pero intento cuidarme. Si un día me paso y me tomo una hamburguesa, al día siguiente me corto más. Pero tampoco me paso mucho con la comida la verdad.

¿Cómo de importante fue tu familia en tu carrera?

Pues todo. Para un boxeador el apoyo de la familia es fundamental, pues no todo el mundo apoya a boxeador porque es un deporte muy sacrificado. Y luego tiene muchos momentos de tensión, que estás con el peso obsesionado y tal, cabreado; estás un poco como las mujeres cuando tienen la regla, de uñas que digo yo. Y la familia ahí hace una labor importante y empatizan contigo, te entienden, sobre todo si llevan muchos años a tu lado.

¿A qué dedicas ahora tu día a día?

Pues tengo mi propio gimnasio donde doy clases a chavales, los llevo a competir y les cuento todo lo que aprendí para ser boxeadores y, sobre todo, campeones de la vida, que es lo más difícil. A unos cuesta más que a otros, pero al final todos aprenden algo interesante, ser boxeadores, con sus valores de sacrificio, respeto y trabajo, pero también personas.

¿Entiendes el boom que hay con las artes marciales mixtas?

Sí, porque a los chavales les gusta ese rollo, y ahora están de moda. Las respeto, pero a mí no me gusta; no me gusta ver a dos personas en una jaula peleando y donde vale todo menos pegarse en los ojos y los huevos, es como una pelea en la calle vamos. Vale todo y aunque tiene su técnica y lo respeto, es que no me gusta.

Photo credit: Jed Jacobsohn
Photo credit: Jed Jacobsohn

¿Qué boxeadores te han gustado?

Pues muchos. Hay muchos y muy buenos, desde Manny Pacquiao, Floyd Mayweather, Canelo Álvarez, Mike Tyson, Óscar de la Hoya... pero mi ídolo y maestro fue Muhammad Ali, que cambió el boxeo y luchó por su raza.

¿Cuál de tus combates disfrutaste más?

Dentro del sufrimiento que pasé, la pelea fue cuando gané el Campeonato del Mundo en La Cubierta de Leganés ante Keith Mullings. Me sentí agusto y disfrutando del boxeo, dolor y alegría a la vez, lo pasé muy bien, mi mejor boxeo. Por cierto, que me gustaría ser portada de vuestra revista Men's Health, ¡que he sido siempre un gran seguidor!

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