Los jardines de las Tullerías en París o la historia que esconde el paisaje más viral de Instagram

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Photo credit: BERTRAND GUAY - Getty Images
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Visitar París es sinónimo de dejarse llevar por el encanto de Montmartre y el Moulin Rouge, de desayunar en las cafeterías literarias de Saint-Germain-des-Prés, de hacerse una foto en la Torre Eiffel, de entrar en el Louvre y ver La Mona Lisa o de sentarse en una de las sillas de los jardines de Las Tullerías y disfrutar del paisaje del lago y la noria al fondo. En la ciudad del amor y de la luz, hay postales comunes, lugares emblemáticos que marcan todo mapa turístico e imágenes que se repiten en bucle en todas las galerías de imágenes de cualquiera que visite la capital del país vecino.

Si de todos estos enclave hay uno que se ha convertido en viral gracias a las tan likeadas fotografías que comparten las personalidades más seguidas del mundo online, incluso de la realeza (como hizo Amelia Windsor) este es el Jardín de las Tullerías. Pero muy distinto es hacerse una fotografía por la belleza de su paisaje, que baña el fondo de naturaleza, a sentarse allí, observar la zona y teletransportarse al pasado conociendo su histórico legado.

Fue a mediados del siglo XV cuando la noble italiana Catalina de Médicis, esposa –pronto viuda– de Enrique II de Francia y amante de los espacios verdes, ordenó construir un palacio acompañado de lujosos jardines de origen florentino. Lo hizo en 1564 en el espacio que se encuentra hoy entre el museo del Louvre y la plaza de la Concordia, muy cerca del arco del Triunfo que Napoleón ordenó después construir.

Residencia de la Corte francesa

Photo credit: Bettmann - Getty Images
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Visitar cualquiera de las ciudades francesas fuera del 'road trip' típico del país galo es una buena opción, pero si París se lleva la palma es, en parte, por la herencia de estos jardines. Lo que antes eran unas antiguas tejeras, que hoy le dan nombre (tejera en francés se traduce como tuile) es, desde 1667, un espacio verde abierto al público en mitad de la ciudad, pues precisamente después de la Revolución Francesa y tras evolucionar en su arquitectura y diseño, se decidió abrir sus puertas para que quien quisiera pudiera disfrutar también de los alrededores del palacio. Un palacio que, hasta el momento, era solo residencia real imperial y estaba amurallado con altos muros que separaban la vida de la realeza de la del resto de la sociedad. En 1871, el palacio fue derruido por la Comuna de París, pero los jardines continuaron en pie.

Antes de convertirse en los primeros jardines de París públicos, el conjunto de las Tullerías fue un lugar de encuentro de la realeza y la alta sociedad, que celebraba allí, entre sus rincones, estatuas y fuentes, sus exquisitas y lujosas fiestas. Su época de esplendor cayó en picado cuando, en cambio, la Corte se mudó a Versalles. Entonces estos jardines estuvieron abandonados durante una etapa, hasta que la Corte regresó y decidió darles una segunda vida de la mano del arquitecto paisajista de Luis XIV, André le Nôtre.

Siglos después y tras ser ahora uno de los reclamos turísticos más visitados, pues su ubicación es privilegiada para ver todos los atractivos de la ciudad en pocas horas, se declararon monumento histórico en 1914 y, también, Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1991.

Qué ver en los jardines de las Tullerías de París

Photo credit: STEPHANE DE SAKUTIN - Getty Images
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Los jardines de las Tullerías de París cuentan con, nada menos, que 670 metros de largo. En poco más de diez minutos se pueden recorrer de punta a punta con paradas para observar cada uno de los elementos que los forman.

Cuentan con una avenida central, dos estanques (uno octogonal y otro circular) sobre los que se sitúan las emblemáticas sillas instagrameables y terrazas que flaquean sus espacios verdes, ideales para sentarse en la sombra y disfrutar de una agradable lectura o tomar los primeros rayos de sol de la temporada y conseguir un bronceado de experta.

Photo credit: DEA / C. SAPPA - Getty Images
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A lo largo de todo su recorrido las estatuas dan la bienvenida a los visitantes. Entre ellas se encuentran algunas que permanecen allí desde sus inicios y, otras que, se han ido añadiendo con el paso de los años. Pisar las Tullerías es como entrar en un museo: hay estatuas de Rodin, representaciones de personalidades conocidas como Diana la cazadora, las ninfas o de artistas contemporáneos y, también, hasta se pueden divisar algunas que honran a cuentos mitológicos e historias conocidas, como la del juramento de Espartaco, Los hijos de Caín o Teseo combatiendo al Minotauro.

Ahora sí. Descifrar ese je ne sais quoi de París es mucho más fácil. Las Tullerías te ayudan a hacerlo.

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