Jane Withers, una actriz encanimada al estrellato desde el vientre materno

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Por Alberto Cano.- Ha muerto Jane Withers, una de las últimas supervivientes del Hollywood dorado y una de las mayores estrellas infantiles del cine y de la televisión de los años 30 y 40. La actriz ha fallecido a los 95 en su residencia de California, dejando tras de sí una carrera repleta de éxitos en películas como Bright Eyes con Shirley Temple, numerosos spots publicitarios de marcas como el detergente Comet e incluso como actriz de doblaje en cintas de Disney como El jorobado de Notre Dame. Pero si hay un dato llamativo de su vida es que su fama ya le vino prácticamente escrita desde el nacimiento.

(Photo by Bettmann Archive/Getty Images)
Retrato de Jane Withers de niña (Photo by Bettmann Archive/Getty Images)

Y es que su madre, Ruth Withers, se propuso a sí misma tener un único hijo o hija y que este se convirtiera en una estrella del mundo del espectáculo. Para lograr su propósito, ya antes de que Jane Withers viera la luz de la vida y estando embarazada, eligió muy cuidadosamente su nombre para que este lograra catapultarla a lo más alto. Pero no eligió Jane porque fuera llamativo u original (de hecho es un nombre muy común), sino porque era un nombre corto, que junto a su apellido familiar se le antojaba perfecto para entrar y destacar en el espacio de las marquesinas publicitarias de los cines.

Así lo contaba la actriz en entrevistas como la que ofreció al medio Lodi News-Sentinel en diciembre de 1973, donde hablaba sobre cómo el ímpetu incansable de su progenitora la llevo hasta Hollywood y a disponer de una infancia llena de éxitos y trabajos.

Ella nació el 12 de abril de 1926 en la ciudad de Atlanta, en el estado de Georgia, donde se crio junto a sus padres bajo una educación estrictamente católica. Tanto su madre como su padre daban clase en la escuela dominical de su parroquia local, donde Withers creció bajo el dogma cristiano que también marcaría en gran medida su vida. Pero pese a las numerosas horas que Withers dedicaba a su fe bajo la meticulosa educación de sus progenitores, el deseo de su madre de verla convertida en una estrella de Hollywood fue lo que verdaderamente marcó sus primeros compases de vida.

Cuando tan solo tenía dos años, su madre empezó a darle clases de canto y la apuntó a una escuela de claqué, comenzando a desarrollar unas dotes artísticas que la llevaron a ganar concursos locales y a abrirse hueco en la radio. Fue elegida para el programa Kiddie Revue de la emisora WGST de Atlanta, programa matinal que se emitía los sábados donde cantaba y realizaba imitaciones de artistas. Tal fue su acogida que a los tres años incluso dispuso de un espacio propio llamado Dixie's Dainty Dewdrop, donde entraba en contacto con famosos que visitaban la emisora. Pero este éxito local era insuficiente para su madre, quien no tardó en hacer las maletas y poner rumbo a Hollywood junto a su niña.

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Según recogió la prensa de aquella época, como el The Herald-News en 1947, esta fuerte convicción de Ruth Withers de convertir a su hija en una estrella vino motivada por un sueño frustrado de su propia infancia. De pequeña, Ruth tuvo aspiraciones de convertirse en actriz, pero sus padres echaron para atrás su ilusión al no creer en sus posibilidades. Así, quiso ver materalizado ese sueño en su hija, a quien con tan solo seis años la llevó a Los Ángeles. Allí siguió su trayectoria en programas de radio locales, comenzó a abrirse hueco en varios doblajes de dibujos animados, trabajó como modelo infantil y empezó a realizar castings para actuar en cine.

Fue descubierta por el director David Butler en 1932, cuando se fijó en ella para acompañar a Shirley Temple en la película Bright Eyes. Inicialmente fue rechazada para el papel, pero cuando el director de casting la vio desolada tras perder la oportunidad vio en ella un potencial que no quería desperdiciar. Según contaba Withers, cuando el responsable de las audiciones se acercó a ella le comentó que a los directores “solo les interesa la edad, la altura o el aspecto de una persona” y no “lo que hay dentro”, a lo que este le respondió que iba hablar inmediatamente con el director David Butler. Y así, Jane Withers consiguió la oportunidad de debutar en una gran producción de Hollywood que tanto ansiaba su madre, lo que no tardó en consolidarla como una estrella y a llevarla a protagonizar infinidad de películas familiares como La irlandesita, Wild and Woolly, Keep Smiling, A very Young Lady o The Mad Martindales, donde solía interpretar el personaje de niña traviesa.

En tan solo unos pocos años, Withers se había convertido en toda una eminencia con la que todo el mundo quería trabajar, tanto que estudios como 20th Century Fox le ofreció a principios de los 40 un contrato millonario de siete años y muchas marcas lucharon para que se convirtiera en su imagen publicitaria.

Pero no todo fue un camino de rosas, puesto que esta fama tan temprana y la enorme presión familiar que llevaba detrás por la fuerte convicción de su madre la llevaron a querer guardar distancia de Hollywood cuando cumplió la mayoría de edad. Así, y aunque a lo largo de los años se la siguió viendo en títulos como Gigante y en pequeñas apariciones en series de televisión, con tan solo 21 años se retiró de los focos y de la actuación para centrarse en su vida, casarse y formar su propia familia.

Un claro ejemplo de la presión a la que era sometida se vio en 1941, cuando escribió el guion de la película Small Town Deb. Esta historia, que también protagonizó, hablaba sobre una adolescente cuya madre no le permite crecer y ser ella misma, una propuesta con claros paralelismos con su propia vida en la que durante toda su infancia se vio sometida a los deseos de su progenitora. Además, en una entrevista para el libro Movies Were Always Magical publicado en 2003 la actriz también explicó que, además de a su madre, la historia también hacía referencia a la presión que ejercían sobre ella los estudios al buscar desesperadamente que siguiera siendo una niña cuando ya era toda una adolescente.

LOS ANGELES - CIRCA 1980:  Actress Jane Withers en un evento alrededor de 1980 en Los Angeles, California. (Photo by Ron Eisenberg/Michael Ochs Archives/Getty Images)
LOS ANGELES - CIRCA 1980: Actress Jane Withers en un evento alrededor de 1980 en Los Angeles, California. (Photo by Ron Eisenberg/Michael Ochs Archives/Getty Images)

Y es que más allá del glamur, el éxito y los millones, el ser un niño prodigio en Hollywood suele esconder duros relatos. Y la historia de Jane Withers y la presión de tener que convertirse en una estrella impuesta desde el propio nombre elegido por su madre es un perfecto ejemplo de ello.

Sin embargo, ella cumplió sus deseos. Contrajo matrimonio en dos ocasiones y tuvo cinco hijos. Pasó su vida adulta recibiendo infinidad de propuestas para volver a las pantallas y escenarios teatrales, pero la comodidad económica que había conseguido le permitió dedicarse sobre todo a su familia. Es más, el éxito de un comercial que protagonizó durante 11 años (entre 1963 y 1974) le permitió pagar la educación de sus cinco hijos, abandonando dicho spot para cuidar de su madre durante los ocho años que batalló un cáncer de cerebro hasta su muerte en 1983. 

Jane era una apasionada de las muñecas, contando con una colección de más de 8.000 piezas que fue regalando y subastando con el paso de los años. 

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