James Gandolfini que estás en los cielos

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Photo credit: Getty Images
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James Gandolfini se veía a sí mismo como un Woody Allen con exceso de peso. Pero no se refería al Woody Allen (aquí tienes 10 frases de Woody Allen que (no) deberías aplicar en tu día a día) público, sino al Woody Allen personaje, a ese tipo que aparece en sus películas, a ese tipo neurótico, conejito de Duracell, con mil cosas en las cabeza las 24 horas del día, con manos que suben y bajan desenfrenadas cada vez que necesitan explicar esa cosa tan importante que escupe por la boca. Poca gente sabe esto. Es importante cómo te ves a ti mismo. Porque una cosa es cómo te ves tú y otra, obviamente, cómo te ven los demás. Por ejemplo, James Gandolfini es mucho más que Tony Soprano (cuyo estilo decadente nunca pasará de moda), y, sin embargo, la mayoría del público únicamente le asocia con ese papel, que dejó en 2007, seis años antes de morir.

La mejor forma de entender cómo funcionaba la cabeza de Gandolfini es una anécdota con Brad Pitt. Le dijo Gandolfini a Pitt: "La gente siempre dice que tenemos mucha suerte". Era en tono de lamento. Pitt le respondió a eso: "Venga ya, tío, te lo has ganado". Gandolfini se quedó pensando. "Es cierto, me he dejado el [sic] culo trabajando. No conozco a nadie al que le haya ido bien y que sea un vago", añadió.

Gandolfini tenía 37 años cuando se estrenó la serie de Los Soprano en enero de 1999. Le siguieron seis temporadas hasta 2007. Pero había tenido una carrera antes y tuvo una carrera después. En la década de los 90 fue matón y gánster en películas como Amor a quemarropa o Get Shorty, también en El jurado y en Velocidad terminal. Estaba en el punto perfecto para meterse en la piel de un hombre malo (porque eso es Tony Soprano, no te engañes) en una crisis psicológica desencadenada por una familia de patos que abandonaba la piscina de su patio trasero, un personaje que fácilmente podría haberse convertido en una broma (no es que no hubiera comedia) en manos de un actor menor. Pero luego hubo más Gandolfini, durante y después de la serie. Su papel en In the Loop o el divorciado que rehace su vida en Sobran las palabras.

Gandolfini era (y debería ser) infinitamente más que Tony Soprano.

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