'La isla de las tentaciones' y la ausencia de frescura por ansía de fama

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O los concursantes de La isla de las tentaciones 4 se apuntaron a la edición con ganas impacientes de fiesta o aquí algo huele raro. Primero porque no pasaron ni 24 horas que ya estaban tanteando las aguas, jugando con fuego y cruzando líneas físicas con personas que prácticamente acaban de conocer, provocando una contradicción que despierta sospechas cuando apenas se habían despedido de sus parejas llorando, abrazándose desesperadamente y con caras largas. Y segundo porque la inmadurez de más de uno está dejando entrever más deseos por dar la nota que otra cosa.

Con dos episodios emitidos, La isla de las tentaciones 4 nos ha dejado una conclusión que parece clarísima.

Sandra Barneda ya había adelantado momentos claves de la primera fiesta en el debate del lunes, pero ver la reacción de los concursantes viendo lo que hicieron sus parejas cuando ninguno podía tirar la primera piedra, y verlos a posteriori en citas y más momentos de juerga hizo despertar mis sospechas. ¿Por qué? Porque no llevan ni dos o tres días de reality. Normalmente la primera fiesta sirve para romper el hielo entre parejas y solteros a golpe de música y calor caribeño, generando así imágenes que provoquen dudas o celos en la primera hoguera gracias a los acercamientos a través del baile. Pero sin llegar a los juegos físicos -con cosquillas, besos en el cuello y masajes- o primeros comentarios dudosos que vimos en esta ocasión hasta pasadas varias noches cuando existe más confianza en el grupo. En general, la primera fiesta suele servir de escenario para que los solteros de ambas casas busquen el camino para crear una conexión, aunque sea amistosa, que les permita dar la nota en el reality. Recuerdo la primera fiesta de la tercera edición donde ya se notaba el feeling entre Marina e Isaac o Lola y Simone sin necesidad de juegos provocadores todavía, mientras Manuel dejaba claro a qué iba al reality en la fiesta de los chicos. Un chico que mantuvo su perfil de principio a fin, y lo mantiene todavía. Lo suyo no fue ninguna sorpresa.

En la primera fiesta de La isla de las tentaciones 4 no hubo besos pero sí una disponibilidad abismal a comenzar el juego como si fueran Los juegos del hambre. Como si no acabaran de despedirse de sus respectivas parejas llorando a moco tendido.

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Para empezar, partamos de la noción de que son un grupo de personas que se acaban de conocer, que todavía no habían pasado tiempo suficiente a solas. Apenas se pusieron nombre, charlaron un poco y eligieron citas para pasar entonces a la primera fiesta de la edición. Sin embargo, viendo las imágenes de esa noche y las que siguieron a continuación con fiestas de disfraces perreando y haciendo comentarios, juegos en la piscina y acercamientos en el jacuzzi: o estos chicos entran en confianza con una rapidez extrema o hay unas ganas de protagonismo que no pueden con ella.

En la villa de las chicas jugaron a verdad y atrevimiento usando una botella, provocando así mordiscos en el cuello de algunas chicas, cosquillas usando los labios, preguntas atrevidas como que una de las novias (Galla) diga a quién ‘mataría, se casaría o f*llaría’, y ella señalar a cada elegido sin problema. Fuimos testigos de charlas nocturnas en el jacuzzi donde siguieron los juegos, con masajes en la cabeza de Tania. Vimos a Rosario tonteando con el soltero Suso y ya, en la primera noche, decir que le da miedo la conexión que tiene con él. ¡Cuando no llevaban ni 24 horas! Básicamente, en la casa de las chicas los solteros no perdieron el tiempo, provocando juegos con cuatro novias dispuestas a formar parte del show (digo cuatro porque Zoe huyó para llorar a solas).

En la casa de los chicos un poco más de lo mismo, aunque en esa primera fiesta sin el atrevimiento de los juegos. Vimos a Álvaro diciendo que tiene peligro rodeado de tantas chicas bailando y a Josué sentenciando que es feliz en pareja o soltero, como si le diera igual cómo termine su experiencia allí.

En el segundo capítulo del reality ya los vimos más sueltos tras las primeras citas. A Josué jugando a dueño de harén metido en el jacuzzi, jactándose de lo feliz que le hace verse deseado por dos chicas. A Álvaro compartiendo lo mucho que le pone una soltera, provocando acercamientos mientras Alejandro se lanza a los juegos pícaros con una sed de venganza que huele a ridículo televisivo. En la otra villa, Rosario ya juega con fuego más rápido que Fani y Andrea en su primera edición acercándose a Suso en la piscina mientras Gala y Zoe montan el drama del año con apenas unas pocas imágenes vistas. Y todo esto cuando tan solo han pasado un par de días.

No vamos a ir de mojigatos y decir que hacen mal en divertirse. Por supuesto que no, están en el Caribe, con calor y humedad, de noche, con música y rodeados de gente guapa. Son jóvenes, después de un año de pandemia. Normal que quieran divertirse, pero lo que llama la atención es lo rápido que algunos han pasado de llorar en la despedida de sus parejas, hablar del miedo a la ruptura y la traición, prometerse confianza y seguridad mutua, para en pocas horas estar jugando a los besos en el cuello, tocamientos en abdominales, masajitos y comentarios que desbancan todo el argumento de amor inicial.

Es cierto que esto pasa en cada edición, pero no tan rápido. La tentación comienza a ser más inevitable con el paso de los días, los roces, bailes y el tiempo que pasan juntos lejos de sus parejas, e incitados por la rabia, venganza o celos de ver imágenes sospechosas en las hogueras. En la primera fiesta no había motivo para entrar en la creación de imágenes que dolerán a sus parejas tan rápido, como tampoco ir tan a saco a jugar a la tentación como están haciendo Josué, Nico, Álvaro y Rosario. Sobre todo cuando tienen un mes por delante. Pero, en la práctica, sí lo hay: un motivo que derrumba el reality.

Al tratarse de la cuarta edición los concursantes llegan con la lección aprendida. Si han seguido cada entrega y lo vivido por cada concursante, saben de sobra qué situaciones provocan conversación entre el público, cuáles los pueden encumbrar a la fama mediática como personaje de Mediaset o incluso como influencer. Como los juegos de jacuzzi, dejarse querer rápido y de prisa, bailes provocadores, comentarios en contra de la pareja, arrumacos en la piscina, etc. Esta información podría servir de estrategia a más de uno que busque algo de fama -tanto parejas como solteros- lanzándose entonces de buenas a primeras a crear momentos que den que hablar y los coloquen en el candelero del debate.

Y otro hecho que confirma la teoría es que no llevan ni una semana y las chicas ya se habrían escapado para ayudar a Zoe a llegar a la otra villa. Al menos es lo que vimos en el adelanto y lo que promocionan como exclusiva para el Debate del lunes. Es decir, lo mismo que encumbró a Melyssa como personaje viral con un momento histórico y a Christofer cuando salió corriendo por la playa. ¿Déjà vu o intento de copia apresuradamente sospechosa?

La audiencia no es tonta y con dos episodios emitidos ya nos dan la pauta de que varios concursantes saben a lo que van. Que La isla de las tentaciones 4 puede servirles de lanzadera al mundo televisivo, mediático y de redes, como fue el caso de Lola, Fani, Melyssa, Tom Brusse, Marta, Isaac, Marina, etc. Saben de sobra que mientras más la líen, más provoquen, entonces más se hablará de ellos. Y en esa fiesta y día siguiente demostraron que saben a lo que van, que saben el tipo de contenido que deben dar si quieren ser protagonistas y tener futuro mediático cuando termine la emisión. Esto le resta frescura y credibilidad al formato. Esa frescura que nos dieron Melyssa, Pablo, Lola, Hugo o Lara, a golpe de ser auténticos. Y aquí, de momento, pocos se salvan.

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