Isco y Marcelo, tan iguales y tan distintos: de la redención del malagueño a la condena del brasileño

Cuando Isco y Marcelo aparecen en la alineación del Real Madrid, en Twitter, esa red social tan entretenida como llena en demasiadas ocasiones de rencor y odio, primero se dispara y luego se apunta. Son sospechosos habituales, jugadores sobre los que recaen todas las culpas hasta hacerles parecer cómplices de la muerte de Manolete o el asesinato de Kennedy.

Si hay un gol en contra del Real Madrid, es culpa de Marcelo. Da igual que la jugada haya transcurrido por el lado contrario, que el portero haya cometido un error digno de infantiles o que el delantero haya hecho la jugada de su vida. El brasileño es señalado, ya se pensará un motivo al ver la jugada repetida. Quizás dos jugadas antes no bajó.

Con Isco, pasa similar. Si no se va ganando 0-3 al descanso con una exhibición colectiva, el de Arroyo de la Miel recibe críticas feroces, él es el que sobra en el centro del campo, la razón principal de que el Madrid no vaya arrasando a su rival.

Son dos casos muy curiosos, pues la defensa incondicional que reciben de la mayor parte de la prensa mainstream se les vuelve en contra en redes sociales y en gran parte de la afición. Isco, además, ha pasado de niño mimado a ser mirado con recelo por una temporada, la anterior, para olvidar. Mereció salir, pero no fue así por una fe incondicional de Zidane, que vio en él algo que nadie más hizo.

Isco, Brahim y Marcelo (FOTO: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)

El caso del malagueño es particular, porque el suyo abre el debate sobre si hay que permitírselo todo a un jugador si crees que en un futuro va a acabar aportando. El problema con Isco en la campaña anterior no fue solo lo deportivo, que también, sino su dejadez, su poca profesionalidad, su altivez atreviéndose a encararse con la afición madridista cuando le reprochó todo lo anterior.

Isco tuvo que salir, pero no fue así, y su rendimiento ha ido a más. Poco a poco, sin hacer demasiado ruido, las críticas se han ido diluyendo. Empezó a no desentonar, pero eso no era suficiente para que se le levantara el castigo o para que sus detractores admitieran que lo estaba haciendo bien. Sin embargo, ha tenido dos actuaciones sublimes en los dos últimos meses (Valencia en la Supercopa y El Sadar) que han hecho que hasta esos haters irracionales admitieran lo bien que lo había hecho. Que, quizás, podría ser útil en este final de temporada. Tampoco había que pedir, ni esperar, mucho más.

Su caso contrasta con el de Marcelo. Su punto de partida era el mismo, incluso era mejor el del brasileño, que partía como titular para Zidane, por mucho que se hubiera fichado a un jugador que había costado un pastizal. A Mendy, en realidad, no le conocía nadie, por mucho que por él se hubieran pagado unos 40 'kilazos'.

Sin embargo, la realidad es cruel ahora para Marcelo, al que el físico parece haber abandonado ya definitivamente. Nunca fue su fuerte, pero la edad hace que cada vez le cueste más, que bajar a defender sea una utopía si antes se ha dado una carrera hacia arriba. Su rival por el puesto, mientras, no para. Está arriba y abajo a la vez, como si jugara al basket en vez de al fútbol. Es una roca impenetrable en defensa y en ataque, sin ser tan brillante, se va soltando. Hasta decidió el derbi ante el Atlético con un pase magistral.

Mientras Mendy se exhibía y le robaba el lateral, Marcelo iba con la lengua fuera en la Copa. En los cuatro goles de la Real Sociedad fue señalado como cómplice, unas veces por no llegar a tiempo, otras por defender de manera deficiente. Evidentemente no fue la derrota copera únicamente responsabilidad suya, pero sí dejó sensación de que las pilas ya se le están agotando, que todo lo que aporta arriba no compensa teniendo en cuenta todo lo que concede atrás.

El brasileño es un mito del madridismo a la altura de su compatriotra Roberto Carlos, palabras mayores, pero la sensación es que su etapa ya toca a su fin, de que le toca claudicar y acabar su época de la manera más digna. Mientras, Isco se ha reenganchado, y veremos de qué manera gestiona Zidane su presencia con el regreso de Hazard. Dos casos tan parecidos de la temporada pasada han tomado rumbos bien distintos.

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